December 12, 2003

Comentario:

¿Estrategia idónea o no?

Por Humberto Caspa, PhD.

Los constantes impasses entre los representantes de los dos partidos políticos más importantes en el Legislativo de California están induciendo al gobernador Schwarzenegger a proceder por la vía populista. En su forma más simple, el politólogo Inglés Eduard Shils describe al populismo como “la supremacía de la voluntad del pueblo y la relación directa de éste con el liderazgo”. En la práctica, por ejemplo en América Latina, donde el populismo o neo-populismo ha sido imperante desde la década de los 40s, este fenómeno social ha permitido la salida rápida de los conflictos; aunque a la larga, los problemas simplemente se postergan, no se solucionan, vuelven con mayor intensidad y virulencia.

Como era de esperarse, tanto la Asamblea como el Senado de California repelieron las propuestas del gobernador de crear un “límite de gasto presupuestal” y un préstamo de 15 mil millones de dólares en bonos. “Entonces haremos sin el Legislativo de hoy en adelante”, sintetizó Rob Stutzman, portavoz del gobernador, aduciendo que dichas propuestas las presentarían directamente a los ciudadanos en las elecciones de Marzo y Noviembre del próximo año. Asimismo, la administración Schwarzenegger intentaría introducir otras iniciativas al público. Una que limita las compensaciones laborales, otra que reconfigura la educación, lo mismo de una enmienda que regule el balance presupuestal, y de un proyecto que reordene el gobierno estatal.

De acuerdo al equipo de Schwarzenegger, para reivindicar los proyectos del gobernador, el camino con menos problemas y conflictos sería a través de las urnas: “Que el ciudadano decida”, dicen sus más iconoclastas seguidores. Sin embargo, estas propuestas populistas, que poco tienen en común con la democracia directa, pueden ser paradójicamente el camino más difícil y sinuoso a elegir, tomando en cuenta que la ley promulgada después de la votación no concibe los contrapesos políticos, que normalmente están asociados a las leyes prescritas por medio de procesos democráticos. En todo caso, los problemas se soslayarían no solucionarían del todo.

En su obra maestra, La Democracia en América, Alexis de Tocqueville, ya había criticado a los métodos populistas de su tiempo, refiriéndose a estos movimientos como la “la tiranía de la mayoría”. Del mismo modo, otro de los forjadores de la democracia norteamericana, James Madison, introdujo lo que él llamó, “control de los balances” para poner fin a los abusos tanto de las minorías como de las mayorías.

Este sistema tradicional de democracia pluralista, que por mucho tiempo funciona eficientemente dentro del contexto federal y estatal de los Estados Unidos, aparentemente estará siendo puesto en cuestión una vez que el gobernador Schwarzenegger empiece a priorizar las iniciativas para promulgar sus proyectos. De manera que el poder de legislar de la Asamblea y del Senado de California sería técnicamente quebrantado, al apelar directamente a la ciudadanía.

No obstante que las iniciativas son provechosas en sistemas afectados por los constantes impasses y la mediocridad de sus dirigentes, su utilización debe ser siempre una alternativa y no la regla del sistema.

En consecuencia, el método de las iniciativas no es tan democrático como se lo pinta. La iniciativa encara al ciudadano en la urna como una propuesta inequívoca y determinista; esto, en la jerga cotidiana es explicado como “juego de suma-cero”; y en el léxico religioso, “te vas al cielo o al infierno”. No existe un término medio. En esta lógica, los que pierden son las minorías, que pueden ser entre 1% y 49% de la población votante. Este dato estadístico, indudablemente, es altísimo como para no tomarlo en cuenta en el sistema político.

Así, el gobernador Schwarzenegger le debe no solamente a los que le eligieron, sino también a los se opusieron a su elección, de un proceso ampliamente democrático. En otras palabras, es importante que haga predominar la utilización de las negociaciones en Sacramento, en vez de presentarlas directamente a la ciudadanía. El camino es evidentemente más sinuoso pero al final mucho más reconfortante; las dos partes en disputa estarían de acuerdo, en principio, con los resultados.

Por otra parte, la utilización de mecanismos tradicionales remplazaría esa imagen burda y populista del gobernador, generada durante el proceso de elección, por otra figura que galvaniza confianza y madurez política.

Humberto Caspa, tiene una Maestría en Ciencia Política y un Doctorado en Estudios Latinoamericanos y fue catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton

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