December 10, 2004

Comentario

Obstinación de la Iglesia Católica

Por Dr. Humberto Caspa

El reciente acuerdo de la Iglesia Católica de pagar $100 millones de dólares a 87 fieles religiosos en el Condado de Orange soluciona una parte del problema, no la encara desde sus raíces. Al dejar el sistema intacto, manteniendo sus reglas del juego, especialmente continuando con el voto de castidad y el celibato, el problema de abuso sexual contra menores, se mantiene latente en esta institución religiosa.

Por consiguiente, el Vaticano reafirma su terquedad dogmática. Se resiste en entender que su sistema religioso-feudal es anacrónico a la época actual posmoderna.

En una sociedad como la nuestra, donde priman las libertades individuales, el Estado de derecho, así como también los vicios sociales de todo tipo, incluyendo al morbo empedernido de los medios de comunicación, la abstinencia al sexo es casi imposible. Asimismo, la capacidad del individuo de formar una familia y procrearse es parte inmanente de la naturaleza humana. En dichas circunstancias, la castidad y el celibato son improcedentes.

Desde su inicio, la Iglesia Católica ha mantenido que el individuo —en el proceso de su realización y búsqueda de felicidad en la tierra— tiene dos caminos a seguir. Por un lado, el camino de la familia, aquella compuesta por el papá, la mamá y los hijos. Y por la otra, la ruta de ocuparse en cuestiones socio-religiosas; es decir la “gran” familia de Dios. Esta última está ejemplificada por la vida comunitaria de Jesús de Nazaret.

De manera que no fue Jesús quien institucionalizó la castidad y el celibato en la Iglesia Católica, sino fue una ordenanza del papado en Roma. De haber sido lo contrario, todas las iglesias de denominación cristiana estarían practicando la abstinencia sexual y el celibato. Está claro que no es así. Por tanto, la castidad y el celibato son consecuencias de una decisión humana y no celestial, y como tal, entonces, debe ser encarado con todos sus prejuicios y bondades.

Históricamente, estas dos exigencias se instauraron a muy temprana edad de la Iglesia. Cuando se inició, tuvo bastante éxito durante la Época Feudal, debido, en parte, a que la religión era parte inmanente del gobierno político. Familias importantísimas de ese periodo ordenaban a sus hijos a tomar parte de la jerarquía católica. Esto continuó en América Latina durante el periodo colonial e inicios de la época republicana. Aquí también, familias potentadas y ricas (gente decente) buscaron afanosamente la vinculación de sus hijos dentro de los seminarios católicos. Tener a un miembro religioso (cura) era un prestigio para la familia.

El sesgo conservador del periodo Feudal, primero, y de la Colonia después, permitieron la práctica de la castidad y el celibato en la Iglesia sin aparentes problemas mayores.

Sin embargo, las actuales características de nuestra sociedad hacen difícil la tarea de los curas y monjas. Primero, a diferencia del pasado el Estado político de hoy se antepone a la institución religiosa. Es decir, las leyes religiosas se rigen bajo las leyes del derecho positivo (de la gente). Por eso, hoy la Iglesia Católica del condado de Orange tuvo que indemnizar a los individuos que fueron afectados sexualmente. Luego, tenemos hoy a una sociedad altamente influenciada por la cultura de Hollywood y a una economía determinada por el capitalismo. Los temas sexuales, de violencia y con un contenido morboso (i.e. el Show de Jerry Springer, Laura, programas de citas amorosas como “Blind Date”, Elimidate”, etc.), la moda, belleza, son altamente visibles en la televisión y en algunos semanarios de la prensa escrita.

En todo caso, existen más libertades en nuestra sociedad que en otras del pasado. Estas libertades, obviamente, se expresan en la vida misma de los individuos. Así, en medio de este tipo de sociedades abiertas, las instituciones religiosas que promueven la castidad y el celibato, se encuentran dentro de un panorama lleno de contradicciones. Los sacerdotes y monjas tienen que hacer un esfuerzo sobre humano para mantener sus votos “profesionales” intactos. Para la mayoría es una lucha constante. Muchos son víctimas de las tentaciones sexuales y otros vicios societales.

Finalmente, el acuerdo entre la Iglesia Católica e individuos abusados sexualmente sólo maquilla el problema. No lo soluciona totalmente. Mientras el sistema continúe intacto y las reglas para los sacerdotes se mantengan inflexibles, los problemas sexuales existirán. La Iglesia Católica necesita poner fin a la castidad y al celibato.

Dr. Humberto Caspa, especialista en temas políticos y económicos.

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