December 9, 2005

Comentario:

La propuesta migratoria

Por Humberto Caspa

La propuesta del Presidente Bush en torno a la política migratoria del país hace notar el fenómeno reaccionario de la sociedad norteamericana. Este fenómeno es mucho más visual dentro del partido Republicano, donde existen dos perspectivas diferentes y con-tradictorias a la vez. La primera, constituída por el sector empresarial, aprueba el trabajo barato de los indocumentados. La segunda, compuesta por grupos ultra-derechistas, no solamente la rechaza sino también censura la cultura inmutable del trabajador inmigrante, el cual aparentemente no se adecua al paradigma cultural de los estadounidenses.

Sin embargo, estas contradicciones no son propias del partido Republicano sino que están profundizadas en la sociedad, en nuestro sistema político, incluyendo en el partido Demócrata, la iglesia, etc. En ese orden, la Cámara de Representantes y el Senado en el Congreso son ejemplos claros de la forma cómo las insti-tuciones gubernamentales difieren con relación a la resolución de la problemática migratoria.

Por una parte, existe mayor beligerancia contra los inmigrantes indocumentados en la Cámara de Representantes que en el Senado. Seguramente Ud. se preguntará, ¿por qué? A diferencia de los senadores, quienes son elegidos después de seis años, los electores votan por los representantes de la Cámara Baja cada dos años.

En el proceso de elección o reelección de los últimos años, los representantes han sido acosados fuertemente por grupos radicales de la derecha. En todo caso, la postura política de estos oficiales del gobierno concerniente al estado migratorio de los indocumentados, también sufrió transformaciones impredecibles. Muchos de ellos han tomado el rumbo del Presidente Bush; es decir una política altamente conservadora aunque al mismo tiempo racional.

Otros como el representante Republicano de Colorado, Tom Tancredo, encarnan ideales que van mucho más al costado del tradicionalismo conservador de su partido político. Tal vez se asemejan más a la ideología de los regímenes fascistas de Europa o los grupos ultradere-chistas que empiezan a politizar en los gobiernos de las ciudades. De éste último ya me referí anteriormente a través de otras columnas.

En consecuencia, debido a la fuerte concentración de representantes reaccionarios en la Cámara Baja, el plan del Presidente Bush probablemente sufrirá transformaciones sintéticas en los estrados del Congreso. Los medios de comunicación han sido elocuentes en establecer la existencia de ese sector virulento contra los derechos de los trabajadores inmigrantes. Tom Tancredo y otros grupos ultra-derechistas ya han criticado al plan de los trabajadores temporales del Presidente Bush como una “estrategia subrepticia que finalmente concederá amnistía”. Del mismo modo, este grupo ha estipulado que, en vez de darles derechos a los “ilegales”, los agentes del orden deberían capturarlos y deportarlos del país. Incluso apoyan la construcción de una muralla a lo largo de la frontera con México.

Por el contrario, en el Senado existe una visión mucho más racional en torno a la problemática del trabajador indocumentado. Esta perspectiva está encarnada en el plan del senador Republicano John McCain y el Demócrata Eduard Kennedy. A pesar de que este proyecto se parece bastante al propuesto por el Presidente Bush, uno de sus incisos provee que los trabajadores indocumentados, después de trabajar en forma reglamentaria durante cuatro años, su empleador o los mismo trabajadores pueden hacer uso del sistema administrativo para reglamentar su legalización. Es decir tramitar para adquirir un “green card”, lo cual permitiría la obtención de la ciudadanía a largo plazo.

El plan de trabajadores temporales del Presidente Bush que reiteró en días pasados adolece precisamente de esta iniciativa. Mantiene los mismos ingredientes que él presentó a principios del año 2004. A diferencia del plan McCain-Kennedy, las posibilidades de legalización del inmigrante indocumentado son ínfimas o tal vez inexistentes en el proyecto del Presidente Bush. Sin ese estímulo necesario, su plan fenece antes de haber sido concebido.

Muchos trabajadores indocumentados –algunos con hijos e hijas ciudadanas— se limitarán a obedecerla, no buscarán la opción del plan del Presidente y preferirán permanecer en la oscuridad de la fuerza laboral. Así de simple.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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