December 6, 2002

Un paisaje que recuerde

Maria Eugenia Castillo

Por Mariana Martinez

Me veo muy mexicana, había mencionado Maria Eugenia en su correo electrónico, y tenía razón, con su trenza negra y plata y sus grandes arracadas artesanales, Maria Eugenia Castillo es sin duda una mexicana.

Nacida en la ciudad de México, estudia inicialmente biología pero pronto decide dejarla y estudiar arquitectura “Cambias un pastel por un bolillo”, le advirtió su padre, amante de la física y las ciencias exactas. Pero María decidida, termina la carrera con honores; desde entonces, su interés no estaba tanto en construir, en dejar su huella, sino más bien, en que el pasado se reintegre a lo urbano, en un paisaje que recuerde.

Desde pequeña viajaba en tren, con toda su familia hasta el rancho de su padre en Chichipico, y su amor por este transporte se refuerza durante su estancia en Europa, marcada por las vias y las estaciones de tren, que muchas veces le dieron resguardo.

Al regresar, encuentra un panorama poco alentador para el ejercicio de la arquitectura; poco trabajo y mala paga, por lo que decide estudiar una maestría en restauración en la Universidad Nacional Autónoma de México.

La ciudad de México sufre el devastador terremoto de 1985 y ella, recién casada y con su hija de un año, junto con muchos otros profesionales se lanza a preservar los edificios que, dañados o no, se buscaba derrumbar. Le llaman de la Delegación Cuahutemoc, para salvar edificios dañados, entre ellos varias escuelas, iglesias y catedrales. “A raíz del temblor, muchas vecindades quedaron dañadas, y otras no estaban dañadas pero las querían tirar, aprovechando. Esa es la excusa, siempre, el problema de cuando hay un temblor, no es lo que se daña, si no lo que se quiere tirar, aprovechando” dice Maria Eugenia. Así, se involucra en defensa de un edificio del siglo XIX en la Colonia Guerrero, donde dicen que vivió Agustin Lara, y donde compuso la canción “Farolito” en él, más de sesenta familias tenían su casa.

Pronto decide asesorar al Movimiento Urbano Popular: un grupo organizado de ciudadanos que defienden el derecho a la vivienda digna.

“Aprendí mucho de cómo se organiza la gente, porque llegaban en la noche y los desalojaban, entonces el movimiento de la Colonia Guerrero”. Tenían un sistema de comunicación por medio de cuetes: sonaban los cuetes y la gente se reunía, empezaba la policía a sacarle sus muebles y ellos no se enfrentaban, si no que los volvían a meter, así hasta que se cansaban y se iban”.

Es entonces donde María Eugenia entra de lleno al campo de batalla de la conservación. En México, el organismo federal, encargado de preservar monumentos históricos es el INAH- Instituto Nacional de Antropología e Historia- Pero solo se consideran tales, aquellos que daten de antes de 1900, es decir, las piramides, las misiones, la colonia, todo esta protegido pero ¿El siglo XX con toda su historia no es parte del patrimonio cultural?. Maria Eugenia hace su tesis de maestría sobre el trabajo de restauración que realiza en coordinación con el Movimiento Urbano Popular y gana la medalla Gabino Barreda por su alto rendimiento académico.

Separada de su marido decide, poco despues estudiar su doctorado en Planeación de Restauración Histórica en la prestigiosa Universidad Cornell de Nueva York, becada por el CONACYT-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología- Ahí conoce a su actual esposo, el también investigador James Curry.

Su tesis de doctorado es sobre los ferrocarriles mexicanos, porque en el caso de Maria Eugenia, su vida está marcada, singularmente por los trenes.

A su esposo le ofrecen un trabajo en el COLEF –Colegio de la Frontera Norte- y ella lo sigue, sin saber muy bien que iba a hacer en Tijuana.

Baja California no tiene pirámides, ni demasiados edificios de estilo colonial. Se forjó en otra época, marcado principalmente por desarrollos tecnológicos e industriales, en su mayoría, construcciones del siglo XX, estrechamente ligadas con el desarrollo industrial y de asentamientos urbanos en este joven estado.

Maria conoce al llegar, el caso de la vieja estación de ferrocarril de Tecate, a su alrededor se formó lo que ahora es la ciudad. Considerada vieja, sucia e inservible, se pensaba tirar.

Un grupo de ciudadanos preocupados llama a María, y ella, con calma y experiencia explica que hacer; ahora se piensa restaurarla, bajo su supervisión, y se está capacitando a la gente para dar tours y conocer así, la historia de su ciudad.

Mucha gente piensa que la conservación cuesta, pero en realidad, Maria Eugenia Ha demostrado como puede enriquecer a una comunidad, como puede desencadenar crecimiento económico y social al crear fuentes de orgullo y trabajo que presentar a los foráneos. México está lleno de turismo, en gran parte, gracias a este tipo de riquezas.

Pero Maria no solo defiende sus amores personales, lo mismo va haciendo con las bellísimas bodegas de Santo Tomas, en Ensenada, a quienes se logró rescatar de volverse un estacionamiento de centro comercial, que ahora están abiertas al público con sus enormes barriles y techos altos, llenos del olor añejo de los años, y son cada año escenario de la fiesta de la vendimia.

Pronto empieza a tejer una red de relaciones importantes para su trabajo; se vuelve miembro de la Fundación nacional para la preservación Histórica de Estados Unidos, de SOHO-Save Our Heritage Organization- de San Diego, Consejo Internacional de Monumentos Mexicanos y del Museo de Ferrocarriles de San Diego.

Es desde su trabajo en SOHO que conoce de los esfuerzos para rescatar al SS Catalina, un gigantesco barco blanco y medio hundido con una historia muy particular.

Construído en 1924 SS Catalina fue parte de la historia de Estados Unidos, ayudando a trasladar a más de 20 millones de personas en sus casi treinta años de servicio, fue trasladado a México para evitar las leyes americanas que le impedían estar en uso.

La idea era dejarlo en el puerto de Ensenada para convertirlo en un centro comercial y de diversiones. Sin embargo, el socio mexicano del entonces dueño huyó con el dinero. Los trabajadores demandan al dueño quien les dio el barco como pago a su deuda con ellos. Pero ¿Cómo se hundió? La versión de los trabajadores del puerto es que “se hundió solo”, pero los mecánicos de barcos cuentan que, al hacer la expansión del puerto, hace unos años, movieron el barco y encalló, quedando, como ahora, medio hundido.

En 1999, David Engholm fundador de La Asociación de Preservación del SS Catalina, le pide ayuda a Maria Eugenia para convencer a las autoridades Mexicanas de que restauren el barco, pero con una cuantiosa deuda al puerto de Ensenada -mil dólares por mes acumulándose- 100 mil dólares para poder reflotarlo y daños calculados hasta por cuatro millones de dólares, es demasiado caro para que el gobierno de México se haga cargo de él. Se intenta entonces buscar inversionistas privados pero el costo es demasiado y la recuperación lenta.

Se lucha ahora porque dejen salir al barco del territorio nacional, para llevarlo a California, donde por medio de fuertes donaciones privadas y ayuda del gobierno, será restaurado como museo flotante- trabajo parecido al realizado en la Estrella de la India en la bahía de San Diego.

David Engholm se casó en ese barco, y sus papas lo llevaban a pasear en él cuando era niño. Para David y muchos otros, más que un pedazo de historia nacional el SS Catalina, es parte de su propia identidad.

Maria ha estado aprendiendo sobre como preservar aquello que es histórico para el área fronteriza, pero encuentra en la legislación de ambos países, fuertes restricciones en las donaciones, que no permiten proteger recursos compartidos, como lo es el SS Catalina -ahora parte de la historia de muchos ensenadenses- o la estación del tren en Tecate, construída por americanos, es una de las más viejas que existen, y en considerable buen estado. Otro de los obstáculos, son los fuertes estereotipos que existen entre norteamericanos y mexicanos; la desconfianza que crean dificulta un trabajo binacional duradero. Según Maria Eugenia, la preservación en esta zona, debe seguir un camino parecido al de las organizaciones ecologistas, cuyo trabajo es estrechamente relacionado con sus homólogos del país vecino, fortaleciéndose mutuamente y compartiendo recursos.

Además de cambios en la legislación vigente, que incluya aquel patrimonio industrial del siglo XX, y la participación estrecha entre los países vecinos, también necesita mas participación ciudadana porque “La historia es de todos, la custodia, más no la propiedad la tiene el gobierno federal, mucha gente ya ni se atreve a querer rescatar, piensa que no tiene el derecho de hacerlo”. Es entonces trabajo de Maria Eugenia conectar a la gente, que ve en ciertos edificios su propia historia, y asesorarlos a través de las organizaciones adecuadas, explicando que, un lugar con patrimonio histórico aumenta su valor en el mercado, tiene una belleza única, y características que los nuevos desarrollos quizás no tengan, además, como lugar turístico puede desarrollar empleos, como lo está haciendo la estación de tren de Tecate que organiza tours por la ciudad a partir de la estación de ferrocarril.

En la zona fronteriza de Baja California, Maria tiene mucho que hacer y enseñar, para no hacer sola este trabajo de satisfacciones lentas busca crear fuentes de trabajo para arquitectos, historiadores y profesionales preparados a defender a los paisajes con recuerdo, que tanto dicen de un pueblo.

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