December 5, 2003

‘Educación es destino’

Por Andrés Lozano

La prosperidad aumentó y el tiempo para lograrla se acortó cuando la educación se reconoció como necesidad. Fue un portento descubrir lo que se podía lograr sabiendo leer, escribir y hacer cuentas. Es importante entender cómo influye la instrucción sobre el éxito y la rapidez con que se alcanza. Ubica a nuevos trabajadores en sus puntos de arranque a la hora de pisar suelo americano e incorporarse al mercado laboral. Es axiomático: Quienes cuentan con mejor educación avanzan más rápido, pues arrancan desde punto más avanzado. Rápido también avanzan quienes carecen de capacitación, pero les dan prioridad como herramienta niveladora.

No ha sido lo mismo, pues, llegar de Europa, Corea o Taiwán que hacerlo desde Latinoamérica. La excepción fue la primera emigración cubana compuesta sobre todo de grupos educados que, en media generación, se asimilaron a la clase media estadounidense. Para los años ochenta prevalecían en el sur de la Florida y eligieron a Robert Martínez en 1986, el primer gobernador cubano americano. Sin su respaldo electoral masivo, George W. Bush no sería hoy presidente. Así de importantes se han vuelto gracias a la educación. La segunda emigración cubana, la de los marielitos en 1980, padecía incapacitación, producto de la falta de educación castrista. Peor, padecía facha de educación que frena a quienes la padecen: primero a reconocer su instrucción limitada comparativa y segundo, abrirse a aprender lo que en teoría ya se sabe porque un diploma sin contenido lo asevera. Este es legado traumatizante de la fraudulenta instrucción nominal.

Educación es destino. Un abismo separa a los inmigrantes, el disponer de formación básica europea, coreana o taiwanesa y equivalente nominal latinoamericana. Las diferencias están en la instrucción mensurable, no en certificados. Suponer que un diploma latinoamericano de primaria equivale a uno europeo o coreano es vivir en el mundo de la fantasía. El ruso, yugoslavo o coreano puede llegar sin un centavo en la bolsa, más su nivel de preparación les garantiza incorporarse rápido a niveles salariales propios de la clase media. Cuando persevera, llega a gobernador de California. Por su parte, la mayoría de los emigrantes latinoamericanos carece de instrucción real. La escolaridad promedio del emigrante latinoamericano equivale a la de tercero de primaria en EUA. Aparte, llegan con poderosos bagajes de desinformación y atavismos que retardan la capilaridad social.

En Latinoamérica predomi-nan nociones equivocadas de la realidad y cómo prosperar. Leer la prensa escrita y ver los programas de política en TV es entender por qué esas naciones se arrastran en vez de caminar. Las poco imaginativas e impreparadas clases parlanchinas concluyen que el gobierno debe hacerlo casi todo, iniciar todo y todos los problemas surgen fuera; nadie asume responsabilidad de nada. Se repiten como mantras errores demostrados dentro y fuera. Nunca más ominoso aquello de que: “Quien ignora la historia repite sus errores”. Quienes emigran con esta desinformación a cuestas cargan impedimentas más pesadas que otros y no compiten por puestos de trabajo remunerativos. Gravita hacia faenas menores por esa combinación letal de impreparación y nociones erróneas de la realidad.

Lo que lleva a otros emigrantes alcanzar en media generación, toma al emigrante latinoamericano dos generaciones y a veces más, por la desventaja implícita entre iniciarse como trabajador calificado a hacerlo como no calificado y mal informado. El triste corolario es que se exportan con sus emigrantes todas las malas razones por las que las sociedades latinoamericanas están pasmadas. Es simétrico e innecesario buscar más para explicar desventajas y tiempo para superarlas de los latinoamericanos respecto a otros inmigrantes a este país. El trabajador calificado está en posibilidad de avanzar con cierta rapidez a puestos téc-nicos, estudiar alguna carrera y cambiar su destino en pocos años. Para quien arranca desde el fondo del fondo del barril, su esperanza es que su hijo o nieto llegue a ser trabajador calificado. La capacitación o su ausencia permite u obstaculiza organizarse como comunidad e influir o claudicar en la obtención de mejoras.

Lo prioritario es aprender a hablar, leer, escribir y pensar en inglés. Este es un asunto mayor porque hábiles manipuladores no sólo opinan que no es necesario aprendan inglés, sino que pugnan por la disponibilidad de educación alterna en español. Quienes promueven este estado de cosas sólo buscan manipular, para sus propios fines, a la comunidad y crear una subclase social y económica dependiente y explotable. El éxito de otras emigraciones cuyo idioma no era el Inglés fue la adopción inmediata de éste como lengua principal.

Bilingualismo y plurilingualismo son excelentes siempre que se domine y use el Inglés como lengua principal. Son herramientas auxiliares, no principales. La lealtad lingüística a una lengua distinta a la dominante, en cualquier lugar del mundo, engendra desventajas. Los hijos de angloparlantes que emigran a México, para sobrevivir, precisan hablar español. Los hijos de alemanes e italianos que emigraron a Estados Unidos pueden hablar o no el idioma de sus padres. La importancia es relativa. Importante es que hablan Inglés, varita mágica que los conduce a las oportunidades de la promesa americana.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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