December 3, 2004

Salud y Manipulación Política

Cómo el movimiento Pro-Vida está aumentando notablemente su influencia en el electorado norteamericano

ANALISIS

Por Eduardo Stanley

El aborto es una operación quirúrgica destinada a interrumpir un embarazo. Cuando se realiza en condiciones médicas normales, no es considerada de alto riesgo y con limitadas posibilidades de consecuencias postoperatorias.

Sin embargo, esas “condiciones médicas normales” existen solamente en pocos países, en muchos otros es ilegal. Los porcentajes de mortandad debido a abortos insalubres, o ilegales, son del 54 por ciento en Etiopía, 35 por ciento en Argentina, 36 por ciento en Chile y miles sufren de graves problemas postoperatorios como infertilidad permanente, perforación de los intestinos, afección de los riñones, etc. Hasta 200,000 mujeres mueren al año alrededor del mundo por abortos insalubres, según la organización Chilbirth by Choice Trust, Canadá.

¿Y por qué tanto debate sobre una operación quirúrgica? Cuando un gobierno decide legalizarla, sus consideraciones son de índole terapéutico. Sin embargo, quienes se oponen al aborto han logrado, después de años de intensa propaganda y agitación, crear un ambiente contrario a éste en base a argumentos morales, no médicos.

La práctica del aborto es milenaria. Según el antropólogo y psicólogo George Devereux, en sociedades antiguas ya se lo practicaba y los métodos más usados eran las hierbas y objetos punzantes‹primitivos bisturíes. Antiguos textos médicos chinos y egipcios lo demuestran.

La iglesia católica, la organización militante más activa en el movimiento antiaborto, lo aceptó con limitaciones hasta mediados del siglo XIX. En 1869, el Papa Pío IX lo prohibió totalmente, y por razones políticas: la iglesia estaba perdiendo entonces poder político y los índices de natalidad en países fervientemente católicos como Italia también bajaban. Además, intentaba controlar el naciente movimiento de mujeres que ya reclamaba sus derechos.

Desde entonces, el fervor religioso, o fanatismo, fue el motor que impulsó el movimiento antiaborto en el mundo - liderado por hombres que ni escuchan razones médicas ni a las mujeres.

La iglesia católica, el primer estado transnacional de la historia, utiliza argu-mentos morales para hacer política, disfrazando así sus intenciones. El caso típico es La Santa Inquisición (siglos XIII-XIX), tribunal encargado de investigar y juzgar casos de “herejías” que en realidad fue una manera de sembrar el terror para con-trolar a la población y eliminar opositores -métodos imitados actualmente por algunos estados.

Un argumento moral es asimilado más facilmente por la población, entre otras cosas porque establece una valoración (“bueno” o “malo”) y un castigo o condena, eliminando todo razonamiento. Esta es la base de la manipulación política. Decir entonces que las mujeres abortan por gusto es tan infantil como decir que es mejor quitarse los dientes que limpiarselos.

En Estados Unidos, el aborto es legal desde 1973. Las organizaciones religiosas nunca dejaron de luchar contra esta decisión, llegando a casos extremos de fanatismo con ataques a clínicas, agresiones físicas a empleados de las mismas y hasta el asesinato. El convencimiento de participar de una “cruzada” le ha dado a este movimiento una fuerza política poco usual. Y cada tanto se agregan otras causas igualmente “cristianas”, como la oposición a los matrimonios homosexuales.

El argumento usado es que el aborto consiste en eliminar una vida, o sea, es un crímen y un pecado. Pero el concepto de “vida” ha ido cambiando con el tiempo. Por ejemplo, antes de 1869 la propia iglesia católica decía que la vida empezaba semanas después del embarazo, hoy dice lo contrario.

Pero si este movimiento defiende tan fanáticamente la vida, ¿por qué no reacciona ante la muerte de las mujeres que practican abortos sin atención médica adecuada? O ante realidades sociales inexcusables, como la de Rumanía? Este fué el único país comunista que prohibió el aborto y el control de la natalidad durante la dictadura de Nicolae Ceaucescu‹entre 1965 y 1989. Al ser derrocado, investigadores sociales europeos determinaron que al menos 10,000 mujeres habían muerto por abortos insalubres y que unos 200,000 niños fueron abandonados.

A principio de los 90s, la prensa hegemónica norteamericana realizó numerosos reportajes sobre los orfanatos rumanos, presentándolos como parte de “la barbarie comunista”, ocultando que en realidad estaban relacionados a la prohibición del aborto y los anticonceptivos. Cuando el nuevo gobierno rumano derogó las leyes represivas en 1989, se estima que la mortalidad entre mujeres disminuyó en un 317 por ciento.

Para la derecha cristiana, la lucha antiaborto forma parte de una cruzada en favor de valores morales, cautivando fácilmente a la audiencia. Afirmar que “el aborto es una forma de terrorismo”, según un cartel escrito en una iglesia de California, desnuda la intencionalidad política de esta campaña. Estas organizaciones piden votar por candidatos que están contra el aborto, es decir, candidatos de derecha, naturalmente asociados al Partido Republicano.

Esta campaña es usada para distraer la atención de temas cruciales como el aumento de la actividad y presupuestos de guerra mientras más gente pierde o carece de seguro de salud. Además de la inmoral matanza de inocentes en guerras de rapiña, justificadas con la ayuda de la explotación del patriotismo, o el aumento de la pobreza en el país.

La manipulación moral de temas políticos y la agitación del fanatismo religioso han dado excelentes resultados a la derecha en Estados Unidos. Los llamados “liberales”, no saben cómo neutralizar esta tendencia. Tienen miedo de desafiar tabúes y por eso carecen de definiciones políticas precisas. En realidad, deberían sentirse orgullosos de ser auténticos pro-vida: manteniendo el aborto legal es salvar la vida de miles de mujeres o evitarles consecuencias postoperatorias serias. Además de defender el derecho de las mujeres a decidir por ellas mismas. Los fanáticos del terror no pueden decir lo mismo.

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