December 2, 2005

Comentario:

El Plan Bush: Inmigración Bajo Control

Por Manuel R. Villacorta O.

En todo el mundo se han incrementado las migraciones humanas, factores como las guerras, falta de empleo o hambrunas, empujan a millones de seres humanos a dejar sus países para preservar la sobrevivencia. Hay naciones que por sus condiciones son promotoras de inmigración, mientras otras se constituyen en receptoras. Estados Unidos se incluye dentro de estas últimas.

Pero todo fenómeno migratorio implica costos y beneficios. Para Estados Unidos la inmigración masiva e ilegal implica riesgos graves que van desde lo económico hasta lo relacionado con la seguridad nacional. Estados Unidos ha tenido uno de los controles civiles más precisos del mundo a partir de la asignación del número de seguro social (SSN por su sigla en inglés). Este control civil permite implementar políticas públicas efectivas y habilita la tenencia de rigurosa información demográfica, útil y necesaria para todo gobierno. Por lo tanto, los constantes flujos de población indocumentada, provocan una distorsión en esos controles, lo que puede propiciar una alteración del orden social. Hay más de 12 millones de “personas anónimas” viviendo en Estados Unidos, y el número tiende a incrementarse.

Los beneficios de la inmigración son evidentes: transferencia cultural que enriquece la pluralidad social y la oferta de trabajo (calificado o elemental). Estados Unidos siempre necesitó de la inmigración y seguirá necesitando de ella. Las palabras del senador demócrata Harry Reid al respecto son elocuentes: “apoyamos las políticas de inmigración que reúnan a las familias y ayuden al continuo crecimiento económico, que protejan los derechos de los trabajadores estadounidenses, aseguren la estabilidad económica de nuestros vecinos del sur, y honren los valores de Estados Unidos de América como una nación de inmigrantes”.

Por lo anteriormente expuesto se explica el derecho que tiene todo país a formular su política de recepción migratoria de acuerdo a sus intereses. Y el presidente Bush ha fijado ya las bases de lo que será la política migratoria de Estados Unidos para las próximas décadas. A pesar de las diferencias de opinión, esta se impondrá y gozará de apoyo y consenso por parte de los sectores más influyentes del país.

El plan que expuso el presidente Bush consta de tres ejes: A) Fortalecer la frontera sur con todos los recursos técnicos y humanos disponibles para frenar la inmigración ilegal. B) Fortalecimiento de la legislación migratoria para acelerar las deportaciones y evitar el abuso en el recurso de apelación. C) Descartar la amnistía pero favorecer a la población indocumentada que reuna los requisitos estipulados para la obtención de visas de trabajo temporal por un trienio con posibilidad de renovación por un periodo similar.

Con este último eje, se estaría incorporando a la población “anónima” o indocumentada plenamente al sistema social y laboral de Estados Unidos, lo que permitiría mejorar los controles civiles y con ello, la formulación e implementación de políticas públicas (salud, educación y empleo). Es en este último punto en donde habrán de buscarse los acuerdos políticos. Sin duda que a la propuesta del presidente Bush se antepone la denominada “iniciativa de ley bipartidista” presentada en mayo por los senadores John McCain (republicano de Arizona) y Edward Kennedy (demócrata de Massachusets) la cual pide crear una visa de residencia temporal para inmigrantes indocumentados que llevan viviendo al menos un quinquenio en Estados Unidos, pagan impuestos, tienen trabajo y familia y carecen de récord criminal. Al término de una probatoria (un quinquenio), el inmigrante podrá solicitar la residencia permanente con el auspicio de su empleador. De no hacerlo o lograrlo, deberá salir en definitiva del país.

En todo caso el plan Bush no es una propuesta aislada o coyunutural, es una meticulosa publicación de una politica migratoria ya definida que habrá de imponerse pese a sus aliados o detractores. Puede considerarse como un ordenamiento serio del fenómeno migratorio en Estados Unidos que responde a las necesidades vitales del país. La población indocumentada en su gran mayoría, honesta y trabajadora, tendrá la oportunidad de insertarse dentro del marco de la legalidad. Y aun cuando no es una amnistía lo ofrecido, es un paso firme ya ganado: un sexenio de tener derecho a vivir en paz y con dignidad, sin el tormento de la potencial deportación.

Las organizaciones proinmigrantes deberían de considerar esta medida como un triunfo a sus constantes esfuerzos por reconocer los derechos de los habitantes extranjeros, no debería de ejecutarse una oposición oficiosa al respecto, por el contrario, es importante empezar a formular una nueva estrategia para que, llegado el momento, una nueva “reforma dentro de la reforma”, termine otorgando la residencia permanente e incluso la ciudadanía, a todos aquellos que tras dejar dolorosamente sus países optaron por venir a engrandecer a Estados Unidos.

Manuel R. Villacorta O. es Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, España. E-mail Sr. Villacorta at manuelvillacorta@yahoo.com

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