December 1, 2000


Adultos Que proveen Alcohol a Menores Son el Blanco de Alguaciles de Santee

Operativo en encubierto genera un arresto

Por José A. Alvarez

Santee—Ambos son menores de edad y tienen una misión.

"Disculpe. Soy menor de edad. ¿Me podría comprar cerveza?", preguntan a cada tercer persona que se acerca a las licorerías enfrente de las cuales están parados.

Los estudiantes de 15 y 17 años aparentan ser cualquier menor de edad en busca de bebidas alcohólicas. No lo son.

Sí están buscando algo, pero no es alcohol. De hecho, ni siquiera están solos. Los estudiantes están trabajando en encubierto con oficiales de la Oficina de Alguaciles de Santee y del Departamento para el Control de Bebidas Alcohólicas de California, quienes están realizando un operativo en busca de personas adultas que estén dispuestas a comprarles alcohol a los menores.

"Es ilegal", dijo el oficial Tom Sadler, encargado del operativo, el primero en dicha ciudad. "Haremos todo lo posible para que los jóvenes no tengan acceso al alcohol".

El 30 de octubre, dicha entidad, con apoyo de la organización Comunidades en Contra del Abuso de Substancias, otras agencias judiciales, y líderes comunitarios y empresariales lanzaron el operativo "Stop `N Bust", una iniciativa dirigida a los adultos que proveen alcohol a los jóvenes.

En dicha ocasión, grupos de estudiantes de escuela intermedia y de secundaria visitaron más de 40 licorerías en Santee y El Cajon para pedir a los dueños que colocaran anuncios que advierten a los adultos que es ilegal darle bebidas alcohólicas a un menor de edad. Durante el lanzamiento de la campaña, oficiales de la Oficina de Alguaciles de Santee anunciaron que estarían llevando a cabo operativos en encubierto para frenar dicha actividad.

Durante el operativo de cuatro horas, los dos señuelos visitaron nueve licorerías _de una lista de 19 seleccionadas al azar—y se acercaron a más de 20 personas esperando que les compraran alcohol.

Casi todos dijeron que "NO".

"Nos miraban feo. Nos decían que iban a llamar a la policía", dijo uno de los señuelos, indicando que muchos jóvenes consiguen alcohol de adultos que están dispuestos a comprarselo. "Muchos estudiantes lo hacen. Es algo común".

Una encuesta reciente entre estudiantes de California reveló que un 40 por ciento de los estudiantes de séptimo grado, un 69 por ciento de los de noveno y un 81 por ciento de los del onceavo grado consideran que conseguir bebidas alcohólicas es bastante o relativamente fácil. Otra encuesta realizada en una secundaria del este del condado mostró que un 40 por ciento de los estudiantes consiguen alcohol de fiestas donde había padres presentes, de amigos mayores de edad (58 por ciento) y 30 por ciento lo adquieren de desconocidos.

En esta ocasión, en vez de llamar a la policía o conseguirles la cerveza que pedían, algunos clientes los reportaron a los dueños de las licorerías. Los dueños de cuatro de las nueve que visitaron les pidieron a los señuelos que abandonaran el lugar inmediatamente.

"Estoy impresionado", dijo Sadler. "Los dueños saben que los jóvenes realizan este tipo de actividad y no van a permitirlo".

Sin embargo, dos de las 23 personas solicitadas dijeron que "SÍ".

La primera compra se realizó al principio del operativo de parte de un desamparado que estuvo dispuesto a comprarles la cerveza sólo si iban a otra licorería, al otro lado de la calle. Después de comprar un seis de cerveza, el hombre les pidio a los jóvenes que fueran a la parte trasera de la tienda donde se la entregaría.

Preocupados por la seguridad de los señuelos, un equipo de oficiales fue a la parte trasera de la tienda. Al verlos, el desamparado optó por no darles la cerveza a los jóvenes. A los señuelos se les había instruido que no fueran a la parte trasera de las licorerías, a los callejones ni a los autos de las personas.

El hombre no fue arrestado--el intercambio nunca tuvo lugar—aunque si admitió haberles comprado la cerveza a éstos y en el pasado a otros jóvenes que se lo habían pedido.

"Esperaba que me dieran un par de dólares", dijo el desamparado, quien antes de irse en su bicicleta gritó a uno de los señuelos, "esto no volverá a pasar, amiguito".

La segunda compra se efectuó en la útlima licorería visitada. El residente de Escondido fue inmediatamente sancionado por proporcionar alcohol a un menor de edad.

"Yo nunca he hecho esto", dijo José Hernández en español, indicando que no sabía que era algo ilegal y que los jóvenes no le habían dicho que eran menores de edad. "Sólo les estaba haciendo un favor".

De ser encontrado culpable, Hernández enfrenta una multa de hasta $1000 dólares y 24 horas de servicio comunitario.

Los resultados del operativo fueron similares a otros que se están llevando a cabo en otras ciudades del condado.

"Típicamente, sólo arrestamos a una o dos personas", explicó Sadler. "Esto muestra que la mayoría de la gente sabe que (proveer alcohol a un menor de edad) va en contra de la ley y que hay consecuencias".

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