August 31, 2001

Eliminar el acoso en nuestras escuelas

Para eliminar el acoso, primero debemos ponernos de acuerdo en no tolerarlo.

Por: Bob Chase

Tan pronto comienza el año escolar algunos padres de familia, lejos de pensar en calificaciones de las pruebas estandarizadas o la calidad de los maestros, estarán más bien contemplando el problema milenario del acoso entre estudiantes en la escuela.

Los eventos en las escuelas secundarias Santana y Columbine han obligado a que los padres piensen ahora en el acoso. Pero en realidad, la agresión o el acoso de un niño contra otro menos fuerte, siempre ha tenido ramificaciones serias. Y el consenso entre investigadores importantes como el psicólogo infantil Dorothea Ross es que el acoso hoy ocurre con mayor frecuencia - y es mucho más violento - que hace 10 o 15 años.

Si nosotros, los adultos, continuamos insistiendo en que el acoso es una parte normal del desarrollo del niño, que es incluso una experiencia que le " fortalece el carácter", se puede concluir, entonces, que francamente nunca hemos escuchado, realmente escuchado, a un niño víctima del acoso persistente. Para los niños que sufren constantemente de burlas, amenazas, el acoso o el robo, la escuela se vuelve una tortura. Como reportó una adolescente de Illinois, en un reciente programa televisivo de la Asociación, el acoso puede volverse tan feroz que añoras que llegue la muerte porque "sólo entonces parará".

Aclaremos de una vez por todas los mitos.

El acoso afecta terriblemente a todos los niños. Sufren su rendimiento académico, su salud física y mental, y las cicatrices que resultan pueden durar toda una vida.

El acoso también es malo para los agresores porque nunca aprenden sobre las consecuencias. Sesenta por ciento de los niños varones indentificados como agresores en la escuela intermedia habían cometido por lo menos un crimen antes de los 24 años, según escribe el psicólogo Dan Olweus en su nueva e importante obra, Bullying at School (el acoso en la escuela).

Otro estudio revelador, que informa Ross, nos lleva dentro de la cabeza de los agresores. Cuando estudiantes secundarios de último año en una escuela de Virginia respondieron a por a qué habían perseguido sin tregua a niños mucho menores que ellos, uno dijo, ¿Acosar? Lo hacemos todo el tiempo. Molestamos a los chiquitos. No los dejamos en paz. ¿Por qué lo hago? Para divertirme. Para divertirme mucho".

Otros hallazgos preocupantes salen de la investigación de Dorothea Ross.

Eliminar el acoso en nuestras escuelas.

Para eliminar el acoso, primero debemos ponernos de acuerdo en no tolerarlo.

Uno es que el niño acosado muchas veces no les dice nada a sus padres. Sienten mucho miedo, vergüenza o desilusión.

Segundo, cuando se quejan los padres a las escuelas sobre el acoso, "generalmente, poco se hace para corregir el problema, y los oficiales de la escuela reaccionan con una total indiferencia, y a veces sí llegan a culpar a la víctima".

Sin embargo, a la zaga de la violencia con armas que se ha visto recientemente en las escuelas, esta actitud puede estar cambiando, y es hora.

No sólo necesitan las escuelas establecer procedimientos para enfrentar honestamente las instancias individuales de acoso que se presenten, sino que también deben crear todo un enfoque para la escuela.

El problema no se resolverá convocando a una asamblea. Cada escuela, primaria o secundaria, debe crear un código de conducta formal. Y cada adulto en la escuela, cada estudiante y cada padre de familia debe estar bien informado tanto del código como de las consecuencias si se viola.

Además, los estudiantes, maestros y personal administrativo de la escuela deben recibir entrenamiento en cómo intervenir efectivamente en un caso de acoso. Si eliminamos a los que miran en silencio, nos acercamos mucho a la eliminación del acoso.

Cada vez que un adulto deja de decir algo o de intervenir al ver el acoso o la agresión contra un estudiante, se vuelve cómplice en el abuso.

Otro tema que surge de la investigación es que el acoso puede volverse particularmente virulento si se cree que la víctima es homosexual. debemos incorporar este conocimiento en nuestros esfuerzos para eliminar el acoso.

El acoso puede remontar a miles de años atrás, pero hoy existen recursos con la Asociación Nacional de la Educación y otras organizaciones para ayudar a los adultos a prevenirlo. En la narrativa, Harry Potter poseía poderes mágicos para silenciar a su agresor - el abominable Dudley Dursley. En la vida real, los niños no disponen de la magia para protegerse. Lo único que tienen para protegerlos son los adultos y las comunidades que los quieren.

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