August 30, 2002

La Columna Vertebral
El Soporte Informativo Para Millones de Hisapnos
Por Yhamel Catacora

Entre los ricos y el resto del mundo

(“Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los Buenos” Ghandi, M.)

Indiferencia.   Mucho hemos escuchado sobre la indiferencia y cómo éste simple acto, paradójicamente de inacción, puede ser fatal.  El efecto de la apatía ajena, sabemos y quizás lo hemos sentido en carne propia, nutre eso que “la indiferencia mata”.

Pues la indiferencia continúa matando.  Al menos es lo que ha congregado  en Johannesburgo, Sudáfrica a 100 jefes de estado y primeros ministros, de África, Europa, Asia y América Latina.  La reunión de la ONU más larga de la historia, 10 días, y la que pretende hacer posible la ejecución a plenitud de la casi ignorada agenda que se desarrolló en Río de Janeiro, en 1992, en la Cumbre de la Tierra. 

Y aunque la opinión pública estadounidense parece preferir, por el momento, concentrarse en si se decide o no bombardear Irak, el resto del mundo murmura sobre la ausencia en Johannesburgo del Presidente George W. Bush, quien una vez más, brilla por su indeferencia y por su ausencia.   Claro está, Estados Unidos sí mandó una delegación y el secretario de Estado, Colin Powell, hará lo posible por hacer imperceptible, el anunciado vacío del primer mandatario.

Estados Unidos, como cualquier país desarrollado está muy consciente de lo peligroso que puede ser el ignorar el hambre de afuera, la pobreza mundial, o hacerse de la vista gorda ante las accidentadas condiciones en las que se encuentra el planeta e intentar zafarse de los tratados medioambientales internacionales; especialmente cuando se es consciente que su poder, es en cierta forma alimentado por el hambre de los menos privilegiados y a costa de los escasos recursos naturales.

Pero la  responsabilidad no es sólo de Estados Unidos y si del mundo desarrollado en general, que continúa su ciclo vital de mucho alimento y crecimiento, pisoteando lo que hace 30 años parecía ser la solución y la justificativa para escalar, el tal desarrollo sostenible. 

Estocolmo, Río, Kyoto, han sido algunas de las ciudades en las que se han marcado los hitos más significativos en ese llamado de conciencia mundial.  Pero en las últimas tres décadas la pobreza, las enfermedades, entre ellas el SIDA, y el deterioro del planeta sólo se han pronunciado y peligrosamente.

Aunque todavía hay escépticos que opinan que el calentamiento global, el medio grado que se ha calentado el planeta en el último siglo, no es real, ni tiene los efectos drásticos que opinan los defensores del cambio climático, sin necesidad de haber vivido todo un siglo podemos sentir que la tierra, en efecto, está algo perturbada.   Las sequías, las inundaciones, y algunos efectos neuróticos como los del Niño, lo comprueban y la comunidad científica está de acuerdo que el clima está cambiando y que ese cambio está efectivamente provocado por la actividad humana, o mejor, por la actividad del mundo desarrollado.

Son las naciones desarrolladas las que explotan con más ahínco las despensas naturales del planeta, los que necesitan más combustibles para funcionar, pero contradictoriamente, son los que ni siquiera tienen un techo o un suelo firme, los que respiran el aire más impuro.

Pero el aire puro es sólo un elemento que se necesita para sobrevivir.  El agua potable, la buena salud, la electricidad, la educación, y otros, son en pleno siglo XXI, esplendores ilusorios  para gran parte de la humanidad.

Bien entiende quien ha nacido en el mundo “en desarrollo”, donde una docena se alimentan con lo que merienda un niño en este país, en Estados Unidos; pero entiende mejor quien ha tenido que dejar su tierra natal por los beneficios del mundo desarrollado, por una mejor educación, por el porvenir que solo se encuentra en los países que conocemos por “ricos”.   Seducidos por el confort del primer mundo tendemos a ignorar que en parte es esa comodidad  lo que contribuye a nuestra inmigración y al destierro cotidiano de millones y millones de  personas que emprenden viaje en busca de algo mejor, escapando, con mucha nostalgia, de las regiones vilmente apodadas como el tercer mundo.  

Precisamente por conformar el vicioso círculo que divide al mundo entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, es que no podemos darnos el lujo de ser indiferentes. En Johannesburgo, claro está, se llegarán a nuevos acuerdos para eliminar la brecha que separa a los ricos de los pobres;  que se cumplan, es otra historia, y una con pésimos precedentes.

El cambio verdadero sólo llega a través de la información. ¿Sabes en qué consiste el cambio climático? Infórmate llamando gratis a la línea de recursos al 1-800-473-3003.

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