August 27, 2004

Comentario

Retribución

Por Andrés Lozano

El que la hace la paga. Hoy en día John F. Kerry debe rumiar sobre el significado de este viejo adagio. La campaña de Kerry está empantanada bajo el peso de sus dichos y hechos pasados. Queda claro que JFK fue convertido en héroe durante tres décadas sobradas sobre hechos endebles, falsos o al menos muy inflados. Por ello, los cuatro meses de heróico servicio en Viet Nam y las medallas surtidas que obtuvo son, en el mejor de los casos, un cuento o de plano las medallas son balines. Este es un mal presagio para su campaña. Peor aún es el hecho que su testimonio en el Congreso en aquella época lo muestra como embustero o criminal de guerra, perjuro en potencia en ambas instancias.

Subalternos y colegas de la época niegan jamás haber participado en los crímenes que Kerry denunció bajo juramento haber perpetrado él mismo ante el Congreso en abril 22 de 1971 y achacado a sus compañeros. Esto pone a JFK ante la situación imposible de ser decretado impostor y necesita demostrar haber cometido tales crímenes nefandos. Si no tiene sentido para usted, para mí tampoco. Ahora bien, si en efecto cometió las felonías y confesó bajo juramento, entonces es criminal de guerra cuyo sitio es tras las rejas no despachando desde 1600 Pennsylvania Ave. Las fuerzas armadas tienen protocolos de trato a civiles en guerra muy estrictos. Los americanos uniformados siempre han conocido los castigos que enfrentan si cometen atrocidades. Nada más preguntarle a Linndie England y secuaces, notorios por el caso Abu-Ghraib, por, aparentemente, haber cometido abusos a prisioneros, abusos de broma comparados con las atrocidades que JFK confesó, bajo juramento, haber cometido en su breve servicio.

Kerry y secuaces enloquecieron al ser desafiados por John O’Neill y coautores del éxito editorial “Inepto para el mando”. No sólo calificaron de mentiras la versión de los hechos de más de 250 veteranos de los botes ligeros que sirvieron en Viet Nam al mismo tiempo y varios junto a Kerry. También, en reto de la primera enmienda, solicitan prohibición y censura de tal publicación. Esto, desde luego, es arrogante y estúpido por sí solo. Por lo pronto JFK es culpable de mentiras o crímenes de guerra. Si es lo primero, su candidatura está perdida, si es lo segundo debe ser sometido a juicio. ¿Cómo se las arregló este aspirante a la presidencia para arrinconarse él solo?

Kerry y los operadores de su campaña, incluso el Partido Demócrata, pueden y deben demandar a los autores y editores del éxito editorial, si en su opinión el contenido es difamante. Es su derecho hacerlo, también un salvavidas político. Lo que ni Kerry ni sus operadores pueden hacer es infringir los derechos de los veteranos de los botes ligeros para contar su versión de los hechos, porque no les agrada. Por su propio bien, Kerry debe solicitar la revelación completa de su expediente de servicio a la Armada para precisar las acciones concretas ocurridas. La Armada cuenta con estos datos y puede revelarlos bajo solicitud de la parte interesada y la de los acusadores, bajo emplazamiento judicial.

Este es un tema que no se va a evaporar. Atascará a Kerry durante el resto de la campaña, porque está en la esencia de su carácter y consistencia. Más aún, su candidatura presidencial está apuntalada en torno a su servicio en combate y, en sus propias palabras, esto lo hace un comandante en jefe viable. Por ello, es crucial para él y sus manejadores aclarar a la perfección los cargos en contra suya, no intentar evadirlos. El asunto ya se volvió primicia y se mantendrá en los encabezados hasta que se disponga de refutaciones creíbles e imparciales. Si no se aclara, en cuanto se renueve la campaña, después del día del trabajo, se convertirá en el tema prioritario de campaña, no si JFK puede fungir como presidente, sino si es candidato idóneo. Para JFK, pues, es cosa de vida o muerte.

Por ello, JFK precisa del apoyo del sistema judicial, no de desplegados, para cobrar estatura como candidato legítimo. El proceso judicial puede exonerarlo. Por lo pronto está entre la espada y la pared. Si decide desmitificar su hoja de servicio, los electores desdeñarán a un mitómano en noviembre. Si se mantiene en lo dicho y apoyado por su hoja de servicio demuestra haber cometido las atrocidades que confesó bajo juramento, entonces es cuestión de consejo de guerra.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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