August 26, 2005

Comentario:

La Hipocresía de Pat Robertson

Por Humberto Caspa, Ph.D

Los comentarios Pat Robertson, fundador de la Coalición Cristiana de América y ex candidato a la presidencia en 1988, en contra del presidente de Venezuela Hugo Chávez, rectifica su carácter fundado en la hipocresía y el cinismo. Robertson dice predicar la palabra de Dios, la hermandad de la gente y la paz en la tierra, pero en el fondo es capaz de darle una puñalada al mejor de sus amigos.

Para empezar, el problema que propició Robertson no tiene nada que ver con la legitimidad política de Hugo Chávez. En ésta discusión, no está de por medio el tema de siempre: Si uno apoya o no a su régimen seudo socialista. En todo caso, nuestros amigos cubanos en Miami tendrán que poner esa discusión aparte, y encarar el problema del fanatismo religioso de Robertson, su narcisismo acentuado y la obsesión con el poder como una cuestión diferente al régimen castrista y al chavismo.

En el programa de televisión cristiano “Club 700”, Robertson puntualizó que el gobierno norteamericanos debería “matar a Hugo Chávez ya que sería más barato que empezar una guerra”. Luego añadió, “tenemos la capacidad de aniquilarlo (a Hugo Chávez) y es tiempo de utilizar ese recurso. Para que vamos a gastar 200.000 millones de dólares sí es más fácil utilizar el servicio de inteligencia para deshacernos de él”.

Los comentarios controversiales de Robertson no son nuevos, y no van a ser los últimos. Siempre ha buscado la lupa de los medios de comunicación para ensartarse dentro de la vida política del país. Por ejemplo, años atrás encaró fuertemente en contra de las reivindicaciones de la mujer y los grupos étnicos minoritarios, puntualizando que “las mujeres feministas practican brujería, estimulan a la matanza de los niños y se convierten en lesbianas con el tiempo”.

Asimismo, En 1998 recordó a los gays y lesbianas de Miami que sus organizaciones civiles serían castigados por bombas de terroristas y por Dios, a través de terremotos, tornados y otros fenómenos naturales. Incluso anticipó la llegada de un meteoro que los haría volar a pedazos.

Por otra parte, la agenda política de Robertson se caracteriza más por tener elementos segregacionistas que por su espíritu de caridad. Desde que se dedicó a la vida pública, su asociación con grupos supremacistas de raza blanca es histórica. Nunca ha estado de acuerdo con el tren de crecimiento de los Latinos en las zonas metropolitanas, y ha sido uno de los líderes religiosos contrarios a los derechos de los indocumentados.

A la gente islámica tampoco los quiere. Recientemente ha dicho que “los musulmanes norteamericanos no deberían ocupar puestos gubernamentales de jerarquía” porque es una población propensa al terrorismo. Al pedir la muerte de Chávez, Robertson, paradójica-mente, está cometiendo un acto de este tipo.

Así, la personalidad de Robertson es un caldo de prejuicios, cinismo y sobretodo hipocresía. Por medio de su programa de televisión solicita donaciones para ayudar a los necesitados. Una parte de ese dinero es utilizado para fortalecer los lazos de su iglesia con la comunidad. Empero, otro porcentaje va destinado para pagar el salario extravagante de él y algunos líderes cristianos. Su sueldo es difícil de rastrear, pero se sabe que otros líderes evangelistas como él devengan mucho dinero. Por ejemplo, Paul Crouch de Televisión Broadcast Network gana 403,700 dólares anuales y su esposa Jan 361,000. Tienen una mansión en Newport Beach y un avión de la iglesia a disposición.

En pocas palabras, los televangelistas como Pat Robertson están nadando en fajas de dinero. Viven como los reyes aristocráticos de Arabia Saudita. El cielo, que dicen encontrar después de la muerte, ya lo están disfrutando en la tierra.

Los comentarios en contra de Chávez no tienen otra razón más que llamar la atención. Sus palabras, como informó el portavoz del departamento de Estado, Sean McCormack, “no tienen voz ni voto”. Incluso, Hugo Chávez dijo no haber escuchado su nombre cuando le entrevistaron en la Habana recientemente. Sin embargo, para una persona como Robertson obsesionado con el poder, el perfil narcisista de su carácter se impone a la humildad de su religión.

Es probable que Robertson vaya al cielo cuando perdure sus días en la tierra. ¿Pero a cuántos, me pregunto, les gustaría acompañarlo? Por lo menos a mi no, prefiero ir al otro lado. ¿Y que tal a ti?

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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