August 20, 2004

En la intemperie, bajo el agua

Open Water busca rescatar la experiencia

Por Jose Daniel Bort

Con un presupuesto de apenas ciento cincuenta mil dólares, Open Water es vista dentro de la industria este año como “la pequeña película que pudo” (entrar al sistema de distribución nacional). El problema es que no es lo que los del departamento de mercado de Lions Gate films venden en el trailer promocional, con la consabida frustración que esto conlleva.

Lo mismo le paso a “The Village”, la película de M. Night Shyamalan, de Disney. Vendida como si fuera una película de suspenso estilo “Sexto sentido” o “Signs”, los anteriores éxitos del cineasta, la película si comparte varias de las claves cinematográficas de sus predecesoras pero ésta es más bien una pieza de atmósferas, no de momentos grandilocuentes y grandes sustos.

The Village no es una mala película, al contrario, pero su taquilla descendió casi un setenta por ciento, record para un film que termine de primero en la lista de más vendidos, ya que la audiencia esperaba lo que la promoción prometía. Lo mismo pasa con Open Water, con su afiche de una aleta gigantesca de tiburón acechando a un par de indefensos submarinistas.

Open Water es desarmadamente simple. Dos jóvenes parejas estresados por el trabajo deciden tomarse unas vacaciones en una isla del caribe. Cuando deciden ir a recorrer el arrecife de coral, se dan cuenta que los han dejado atrás. En la in-temperie, ambos enfrentan sus problemas personales y la horda de tiburones que les acecha, después de largas horas.

La película está diseñada como una experiencia más que un film con estructura escalonada que termine en un clímax. Con una simpleza de recursos (cámara fija en un cuadro con los dos submarinistas en el agua hablando es un cuadro recurrente) que no se sabe si sugiere una estética o una necesidad de bajo presupuesto, Su escritor y director Chris Kentis deja que la situación suceda en vez de manipularla. Su re-sultado podría sugerir que los giros inesperados en la trama, muchas veces tildados de manipuladores, con-tribuyen a mejorar el drama.

Los actores de Nueva York desconocidos Blanchard Ryan y Daniel Travis resuelven sus partes con naturalidad y presencia, pero los que se roban el show son los tiburones blancos usados en la película. Kentis trata de no mostrarlos por más de medio segundo, pero una vez que ya se han visto tres aletas, la cuarta, quinta y sexta pierden eficacia. Los actores hacen un interesante desmenuzándose en pedazos ante condiciones extremas, pero una vez que el diálogo dejó afuera los chistes de estrés, el resto es repetitivo e insatisfactorio.

Si los hambrientos tiburones de los departamentos de mercado de las distribuidoras de cine no tuvieran tanta hambre por el dólar fácil y exhibieran publicidad fidedigna, quizás Open Water seria más apetecible al apetito de la audiencia, motivada por experiencia más que género. El público tiene la última palabra.

Open Water
Con: Blanchard Ryan y Daniel Travis
Dirigida por: Chris Kentis
Clasificación: R
Chiles: 2 de 5

Yu-Gi-Oh: ¡Los infomer- ciales finalmente han llegado a las salas de cine! Este es el veredicto final de esta producción japonesa, basada en un juego de cartas que desencadenó un video juego un boom publicitario, etc. etc. etc.

Por supuesto la película no faltaría en la propuesta de mercado de la marca, pero la atracción de Yu-Gi-Oh es que la necesidad de pro-moción y mercadeo es tal que la diferencia de las dos no existe. Esta no es “el actor conversando se toma una coca cola como el que no quiere la cosa y muestra en primer plano la botella del producto” tipo de película, ésta es “pagas para que te mostremos como es el juego así que cuando salgas del cine te metas en la tienda y lo compres” tipo de película. Yo prefiero el arte.

Sleepover: protagonizada por Alexa Vega de los Spy Kids, Sleepover es un intento de atrapar la imaginación de las treceañeras con una trama semi pueril y condescendiente. Tomando donde otra película para adolescentes llego hasta los confines de lo inhóspito (la irreverente Mean Girls), la historia narra las presiones de un grupo de jovencitas en el último año del Júnior High sienten cuando se juntan entre ellas y no con las demás. Los personajes son sumamente estereotipados y la situación cliché, especialmente cuando el jovencito guapo de la partida (Sam Hungtington) entra en el juego. Esperen a que “Mean Girls” salga en video, o renten cualquier película de John Hughes (“Sixteen Candles”, “Breakfast club”).

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