August 20, 2004

Comentario:

Conservadores y Liberales

Por Humberto Casap, Ph.D.

Entender a la sociedad Norteamericana, con todos sus prejuicios sociales –positivos y negativos— es un verdadero reto no solamente para el ciudadano común y corriente, sino también para los académicos y especialistas. Tanto sociólogos, politólogos, economistas, incluso la gente común, difieren en su interpretación de esta sociedad por factores netamente ideológicos –lo que no se aprecia pero existe en la mente del ser humano, como la cultura, religión, creencias, etc.

En medio de una coyuntura de las elecciones presidenciales, al ciudadano norteamericano se le exige optar por uno de los dos partidos políticos, Demócratas o Republicanos, muchas veces sin tener conocimientos fundamentales de sus bases ideológicas. No obstante que el partido demócrata no es enteramente izquierdista, en el sentido latinoamericano o europeo, a continuación se mencionan algunos de los postulados más importantes. ¡Eh aquí pues! Por qué las poblaciones latinas apoyan a menudo a los demócratas y no a los republicanos.

Para los conservadores, la sociedad norteamericana se presenta como una entidad funcional y efectiva. Es decir, funciona bien y no existe necesidad para cambiarla; hay que “conservarla” tal como está. En este sentido, los diversos grupos étnicos, de género, raza o nacionales que cohabitan en las esferas laborales y otros rubros sociales tienen una labor funcional positiva en el sistema. Todos desempeñan una tarea específica para el beneficio de la sociedad.

El conocido adagio “zapatero a su zapato”, o el dicho deportivo en el soccer, “cada uno juega su posición para el bien del equipo”, ejemplifica la interpretación conservadora. En este sentido, las minorías étnicas, raciales o nacionales (negros, latinos), quienes por condicionantes educativos, migratorios o económicos, mantienen trabajos en rubros laborales de bajos ingresos, lo hacen por beneficios propios y por la funcionalidad del sistema. Lo mismo que los grupos mayoritarios (anglo-sajones); ellos, a diferencia de los minoritarios, adquieren puestos laborales de jerarquía, como los gerenciales o ejecutivos, debido a que sus aparentes aptitudes están condicionadas a esos rubros. La reciente película, “Si no hubiera mexicanos”, estrenada hace unas semanas atrás, paradójicamente hace alusión al funcionalismo conservador.

Por otra parte, para los liberales, la sociedad norteamericana se presenta enfrascada dentro de una estructura heterogénea, unos arriba y otros abajo por cuestiones económicas. A diferencia de los conservadores, esa desigualdad en los lugares de trabajo, donde los grupos minoritarios obtienen los peores puestos, es consecuencia de una estructura insidiosa que beneficia ostensiblemente a los miembros de los grupos mayoritarios. Esto, según ellos, explica por qué las ciudades son tan distorsionadas étnica y racialmente, unos viven en Beverlly Hills, otros en East Los Angeles, o en South Central Los Angeles. No es una elección individual sino una imposición del sistema.

Asimismo, el cambio a los conservadores les importa poco. Los movimientos de Martín Luther King o de Cesar Chávez, por ejemplo, no son bienvenidos dado a que incitan la transformación radical de la sociedad. Se cree que estos movimientos desequilibran la funcionalidad del sistema, conllevándola al caos y a la desorganización.

Por el contrario, para los liberales la cultura del cambio y los movimientos sociales son la principal característica de su sesgo ideológico. En vez de desestabilizar, hacen justicia a las poblaciones minoritarias en una estructura que condona la jeraquización de trabajados de acuerdo, irónicamente, a la raza, color, y etnia.

En el plano de la práctica política, tanto conservadores como liberales ofrecen diversos programas de gobierno y planes económicos, sociales y militares. Usualmente los conservadores proponen medidas austeras, menos gasto público, reducción de la burocracia, crecimiento económico basado en el sector privado; y en cuestiones de diplomacia, no al internacionalismo político. Los liberales, por el contrario, favorecen medidas de bienestar social, un gobierno interventor en la economía, y la participación relevante de las Naciones Unidas en los problemas mundiales, entre otros.

Por lo explicado anteriormente, uno se da cuenta por qué la mayoría de los grupos minoritarios (negros, latinos, asiáticos, etc.) se suscriben dentro de la agenda liberal y no en la conservadora. No obstante que la situación de muchos de ellos no es tan precaria como en la de sus países de origen, las minorías –inmigrante o no— todavía continúan luchando contra un sistema que todavía le pone trabas estructurales.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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