August 20, 2004

¿VENEZUELA ANTE UN FRAUDE COLOSAL?

Por Hernán Maldonado

Analysís

Venezuela — Domingo 17 de agosto del 2004 — A las 17.30 del domingo, cuando se calculaba que el 75 por ciento de los venezolanos depositaron su voto, los muchachos de SUMATE, esa organización civil de talentosos jóvenes venezolanos cotejaron los datos que 8.500 de sus voluntarios les enviaban desde otros tantos centros electorales y sonrieron de satisfacción. La tendencia a boca de urna era 58.5 por ciento por el SI para revocar al presidente Hugo Chávez y 40 por ciento por el NO, es decir, para que continuara en el poder.

Rafael Poleo, que en los 40 años que lo conozco ha sido siempre más periodista que político, se aventuró a decir en una entrevista por televisión que había a esa hora “muchos motivos para sonreir”. Obviamente no podía adelantar nada de lo que ya se sabía porque se lo prohibía el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Nueve horas después, en la soledad de la madrugada y sin haber permitido que los observadores internacionales, ni representantes de la oposición estuvieran en la sala de totalización, y con sólo tres de los rectores oficialistas, el CNE anunció los resultados del referendo invirtiendo las cifras. Había ganado Chávez por los mismos porcentajes que la oposición se atribuía secretamente al atardecer dominical.

¿Qué es lo que pasó?

El mundo empezó a poner sus ojos en los observadores del Centro Carter y la OEA. Los ex-presidentes Jimmy Carter y César Gaviria dijeron que sus resultados, producto de pruebas aleatorias a diversas mesas de votación, coincidían con los del CNE.

Chávez empezó a recibir una catarata de felicitaciones desde todos los confines del mundo. Estaba certificado, oleado y sacramentado su triunfo en el referendo.

Pero en SUMATE los “cráneos” estaban a punto de estallar. No era posible que esos sondeos a boca de urna que han sido infalibles, utilizando cierta metodología, en anteriores procesos electorales, no sólo en Venezuela, sino en el mundo, podían haber fallado.

Carter y Gaviria, que pocas horas antes, habían cotejado sus datos con los de SUMATE (veáse la importancia que a nivel internacional logró ese equipo de jóvenes técnicos venezolanos) se apoyaron en ello para ponerle como testigo del aval que le daban a la “legalidad” del referendo.

Las principales ciudades de Ve-nezuela parecían cementerios. No había celebraciones de esos 5.5 millones de venezolanos que votaron por Chávez, como era lógico esperar. El silencio de calles y plazas era patético. Era un día de luto, no de alegría.

Para la oposición era inconcebible que ni siquiera hubiera logrado reunir los 3.8 millones de votos que logró para pedir el referendo (que luego el oficialista CNE redujo a 2,4 millones), cuando hubo que hacerlo a rostro descubierto. Era sencillamente increíble que la oposición hubiera sacado menos votos ahora que el elector lo hizo de forma secreta.

El lunes en la tarde la gente de SUMATE llegó a una explicación más o menos lógica de lo que había ocurrido. El proceso de votación electrónica tenía dos etapas. En la primera el elector escogía entre el “si” y el “no” y al terminar la máquina registraba su voto y le entregaba una constancia para que viera su voto. El votante debía depositar esa constancia en una urna.

El segundo proceso se produjo al terminar la jornada en la que se apretaba un botón y la máquina producía un acta con los votos por el si y por el no. Ese total se enviaba electrónicamente a la sala de totalización del CNE. Eso fue lo que Carter y Gaviria recibieron y eso es lo que también SUMATE vio y certificó a los observadores. Era solo una cuestión de sumar y a todos les cuadraban las cifras, por el lado que se sumara.

Entonces el gran fraude se habría producido en la primera fase, según sospechan los jóvenes de SUMATE (por anteriores procesos sus tres líderes están siendo enjuiciados por “traición a la patria” por el gobierno de Chávez). Las máquinas habrían sido programadas para que cuando el elector vote sí, quede registrado en la memoria como no, pero que la constancia saliera como si.

Al contrario, el voto por el no podría haber sido registrado por la máquina como si y la constancia salir impresa con el no. Esta es la primera vez en el mundo que se utilizó esas máquinas producidas por una compañía a la que se adjudicó sin licitación alguna el contrato por 90 millones de dólares.

La única manera de probar que el fraude se produjo en la forma antes descrita es contabilizar las constancias. Antes del referendo la oposición pidió al CNE hacer esa contabilidad al término de la jornada en cada mesa, para cotejarlo con lo que totalizara la máquina. El CNE se opuso terminantemente.

Las cajas conteniendo las constancias fueron llevadas a Fuerte Tiuna y están en manos de los militares chavistas. Ahora SUMATE y la oposición han aceptado el reto de Carter y Gaviria a demostrarles que efectivamente hubo fraude.

¿Será posible probarlo?

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