August 16 2002

El nuevo papel de los padres en la escuela pública: ¡Su hijo necesita que usted participe en las actividades de su escuela!

Por Bob Chase
Presidente de la Asociación Nacional de Educación

Yo sinceramente creo que no existe hoy día en Estados Unidos una afiliación social que ofrezca más, y signifique más, que ser padre de un niño que asiste a una escuela pública.

Ser padre de un niño que va a una escuela pública es como ser miembro de un gran grupo. Todos los miembros son iguales. Todos queremos más o menos lo mismo para nuestros hijos, no importa cuál sea el tipo de trabajo que hagamos, nuestra posición social o lo bien o mal que nos fue en nuestros propios días escolares.

Igual que cuando uno se hace miembro de un club, usted conocerá a personas en situaciones similares a la suya, padres que están viviendo las mismas circunstancias emocionales que usted. Algunos llegarán a ser sus amigos, otros no. Pero tendrá algo en común con todos ellos.

Compartirá información y anécdotas con personas que antes no conocía pero que ahora son más como colegas. Empezará a trabajar y dar una mano junto a vecinos y también junto a personas que vienen del otro lado de la ciudad. Se divertirá con los cuentos y novedades y participará en discusiones acaloradas —discusiones, quiero añadir, con algunas ramificaciones muy importantes para nuestro bienestar nacional.

Si quiere quedarse a un lado, usted está libre de tomar esa decisión. Si quiere participar plenamente, se encontrará en buena compañía.

Yo predico el compromiso de los padres porque está garantizado —como pocas otras cosas lo hacen— que produce resultados positivos. Y lo predico con vehemencia porque desearía haber participado más en la educación de mis hijas.

Sí, yo era uno de esos padres que estaban muy, muy ocupados. Debido a que mi trabajo era en el campo de la enseñanza, podía convencerme (a mi mismo) de que de alguna forma vaga que mi trabajo constituía mi compromiso. Podía argumentar conmigo mismo que mi trabajo sufriría si yo disminuía mis obligaciones y pasaba más tiempo en las escuelas de mis hijas. No cuestionaba que mi participación era necesaria, tanto para mis hijas como para su escuela; simplemente argumentaba conmigo mismo que mi tiempo estaba mejor usado en mi trabajo.

Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, lo haría de forma distinta, y espero que usted no tenga que recordar este período de su vida con el mismo pesar.

He aprendido que el sentimiento de culpabilidad es una forma poco eficiente de motivar a alguien para que haga algo. Y si usted es como la mayoría de los padres, ya se echa bastantes culpas. Para comprometerse, usted tiene que querer participar. Y la única manera en que esto ocurrirá es si usted tiene incentivos personales convin-centes y significativos para hacerlo.

Y hay montones de ellos a su alrededor.

Comience con el incentivo más básico de todos: mostrar a su hijo o hija con acciones, no sólo con palabras, que usted está realmente interesado en su educación. No puedo destacar lo suficiente el valor que tiene para su hijo ver que su compromiso con su educación se extienda más allá de llevarlo a la escuela a tiempo.

También hay algo que yo llamaría una razón preventiva por la cual usted debe participar. Cuanto más conozca cómo funciona la escuela, y cuanto más la escuela lo conozca a usted, mejor estará su hijo.Como dice una madre: “Antes o después va a tener que tratar con la escuela en representación de su hijo. Está en una posición mucho mejor si esa no es la primera vez que lo ven por allí”.

Además, las escuelas dependen de su apoyo. Hay numerosas tareas importantes en las que los padres voluntarios son de una importancia crítica. En este caso, se puede aplicar el viejo refrán: si uno no es parte de la solución, es parte del problema.

Finalmente, el compromiso es una oportunidad fantástica —¡y que sólo se presenta una vez!— para que usted aprenda lecciones inapreciables sobre su hijo y, francamente, sobre usted mismo.

Todas estas son razones muy buenas en mi opinión. Como dice el Dr. Seuss en El Gato con el Sombrero: “Hay trabajo por hacer”.

Cuando viajo por el país y visito escuelas, me impresiona ver cómo la mayoría de la gente habla, sin realmente sentirlo, del compromiso de los padres y de la familia pero son pocos los que se dedican seriamente a esa tarea, ¿Por qué es esto?

Se han logrado tantos avances en años recientes en otras áreas de la reforma escolar: reducción del tamaño de las clases, establecimiento de estándares académicos más altos, aumento de programas de lectura y matemáticas para después de clases. ¿Por qué no en el compromiso de los padres y de la familia?

La evidencia obtenida a través de las investigaciones es indiscutible. Cuando las escuelas trabajan junto con las familias para apoyar a la enseñanza, suceden cosas muy buenas: hay una mejora en la actitud, asistencia, tareas y calificaciones de los alumnos.

Un estudio publicado recien-temente por el Departamento de Educación de Estados Unidos mostró que la puntuación en lectura y matemáticas de estudiantes con bajo rendimiento subió entre el 40 y el 50 por ciento entre los grados tercero y quinto cuando los maestros se pusieron en contacto con las familias de manera regular y no solamente cuando había problemas.

El compromiso de los padres optimiza la meta final: el aprendizaje de su hijo. Es así de simple.

He llegado a la conclusión de que la participación familiar en algún nivel, en cualquier nivel, en muchos niveles, no puede ser una reflexión tardía. Las escuelas deben tomar la iniciativa en este tema. Debemos desarrollar maneras innovadoras de ponernos en contacto con los padres e incluirlos en la educación de sus hijos. Las escuelas deberían considerar la creación de una nueva posición: la de especialista en asociación para la enseñanza, a fin de ayudar de manera directa a los maestros y al personal de apoyo profesional a trabajar con las familias.

No puede decirle cómo participar, cuándo o hasta qué punto. Esas decisiones dependen en gran parte de cada individuo.

Lo que sí puedo señalar es que las escuelas son una demostración clásica de cómo los intereses individuales coinciden invariablemente con los intereses de sus vecinos y de la comunidad que lo rodea. Es cierto que hay algunos sectores de nuestra sociedad donde es posible alcanzar triunfos personales sin que ocurra una mejoría apreciable en el entorno (pienso en el vitoreado campeón del jonrón cuyo equipo pierde invariablemente). Pero las escuelas no son uno de ellos.

Tampoco queremos que las escuelas lo sean. Queremos que las escuelas muestren valores nacionales a la vez que los enseñan. Uno de esos valores es, incidentalmente, contribuir con nuestro tiempo y esfuerzo en un propósito común bueno. Un valor fundamental.

La puerta de la escuela por la que entra su hijo le abrirá las puertas a un mundo asombroso que a veces puede marcar un retorno evocativo, casi surrealista, a sus propios días escolares. Las filas de pupitres y sillas. Los pasillos que bullen con vida. Las pizarras manchadas, cubiertas de palabras y cálculos, respuestas nuevas a preguntas olvidadas. Hay mucho que no ha cambiado.

¡Aquí estás otra vez! En el aula. Mordiendo tu lápiz. Impaciente, inquieto, listo... casi.

Si, es un viaje extraordinario. Pero usted es mucho más que un visitante o un turista. Y a pesar de toda la retórica sobre este tema, usted es mucho más que un simple consumidor o cliente. Su trabajo es importante, su influencia potencialmente valiosa. ¿Hay un calificativo que lo defina?

Sí, lo hay. ¡Usted es el nuevo padre en la escuela pública?

Extraído de “The New Public School Parent: How to Get the Best Education for Your Child” por Bob Chase.

Return to the Frontpage