August 13, 2004

Comentario

El Determinismo de la Economía en las Elecciones

Por Humberto Caspa, Ph.D.

La coyuntura política en nuestro país está “no apta para cardiacos”. A pesar del aparente resultado exitoso de la convención demócrata, los sondeos electorales continuaban mante-niendo un empate técnico entre los dos candidatos a la presidencia, con una leve ventaja de John Kerry sobre el Presidente George W. Bush. Cuando este último tenía todo para destruir las pretensiones de la candidatura de los demócratas en la próxima convención republicana, el Departamento del Trabajo dio un balance negativo del acontecer económico. En consecuencia, nuevamente hicieron languidecer sus aspiraciones de otros cuatro años en la Casa Blanca.

De momento no existe un tema determinante que defina la posición del electorado nacional a tres meses de las elecciones presidenciales. En otras oportunidades similares, empero, fue la situación económica la que finalmente definió el camino del vencedor.

En las elecciones de 1980, la crisis de los rehenes en Irán estimuló a la candidatura de Ronald Reagan. Pero fue el estancamiento económico, y las altas tasas de inflación las que empujaron al electorado a terminar con la presidencia de Jimmy Carter. Por otra parte, durante las elecciones de 1988, el problema económico también desbarató la reelección del Presidente George Bush (padre). En medio de una coyuntura con tasas de interés por las nubes que desestimularon la inversión interna y un déficit presupuestal que multiplicó la deuda, el ex Presidente culpó a Alan Greenspan, presidente de la FED, por los problemas económicos. “No baja las tasas de interés”, dijo el ex Presidente. La economía nunca le deparó buenas noticias a Bush. Por eso el multimillonario Ross Perot, aunque sin convencer, hizo su aparición efímera en el escenario político. Sin embargo, fue Bill Clinton quien aniquiló las pretensiones de reelección de Bush. Con una base política sólida y una leyenda, “La economía, estúpido”, Clinton cerró un ciclo de doce años consecutivos de gobierno conservador.

Actualmente, la Guerra en Irak, el combate al terrorismo y la economía aparecen como temas relevantes en la agenda de los dos candidatos a la presidencia. Con relación a la guerra en Irak, John Kerry mantiene una ventaja sobre el Presidente. Una mayoría de los votantes siente que la contienda bélica no está encontrando los resultados esperados, y cree que la guerra produjo, por el contrario, simpatías hacia los terroristas en los países islámicos.

Concerniente al terrorismo, la popularidad del George W. Bush continúa con altos márgenes. La percepción resoluta del carácter del Presidente todavía se mantiene intacta, a pesar del desfalco en Irak. Además, muchos votantes consideran a John Kerry como un individuo inconsistente en sus decisiones. La convención demócrata trató, en algo, de enderezar esta imagen irresoluta de su candidato con resultados encontrados. Todo parece indicar que la estrategia de Bush en la próxima convención republicana es precisamente atacar esta debilidad del candidato demócrata.

Finalmente, en el tema de la economía, John Kerry tiene una ventaja conspicua sobre el Presidente. George W. Bush se perfila, al igual que Hebert Hoover, que no supo atenuar la Gran Depresión de 1929, como el presidente en cuya administración se perdieron más trabajos que los que se crearon. Desde que Bush llegó a la presidencia se perdieron 1.1 millones de trabajos. Asimismo, en el reporte de Julio de la Secretaría de Trabajo, las tasas de empleo se dilataron. Sólo se crearon 32.000 de los 250.000 que inicialmente se previeron. El desempleo incrementó a 5.6% a pesar de que el producto interno bruto creció a un promedio de 3% en el último trimestre. Esto hace suponer que el quintil más alto (los más ricos) de la población económica activa, se está apropiando de los beneficios del crecimiento económico.

Por consiguiente, en los tres temas de importancia, John Kerry apunta una victoria parcial de 2 a 1 sobre el Presidente Bush. Si la condición política se mantienen como está –no se suscita algún evento determinante en Irak o con respecto a Al-Kaeda— la situación económica puede, una vez más, dilucidar las elecciones de noviembre. Como estrategia, al Presidente no le queda más que continuar estigmatizando el carácter indeciso de su contrincante. Y para el equipo de Kerry, el deterioro de la economía se convierte ahora en un arma letal que puede ayudarle a conquistar la Casa Blanca.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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