August 10, 2001

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Lo Que en Realidad Valemos

Para la mayoría de la gente el seminario religioso es un misterio. Se sabe que es donde uno va a prepararse para el sacerdocio, pero en general se le desconoce. Pero en realidad no es tan enigmático. Para trabajar en el mundo de la religión se necesitan conocimientos, se estudia teología y filosofía. Y también el seminario es un lugar de oración, pues es esencial profundizar la relación personal con Dios. Pero que uno llegue a ser ordenado sacerdote, o no, depende del grupo de consejeros y profesores que evalúan a los seminaristas. Y hoy quiero contarles una anécdota de cuando yo era seminarista. Y hoy quiero contarles una anécdota de cuando yo era seminarista.

En aquella época se entregaba a cada estudiante una síntesis escrita de la opinión de los profesores. Demás estar decir que dicha nota causaba enorme ansiedad. Uno de los mejores estudiantes —brillante, dedicado a su trabajo y a su vida de oración— era mi amigo Joe. Pero, como el resto de los demás, Joe no se sentía tan seguro de sus cualidades y temía que no lo recomendaran para el sacerdocio.

Y Tony, uno de los semina-ristas, se aprovechó de la inseguridad de Joe. Consiguió una tarjeta de evaluación en blanco y escribió una evaluación de Joe en broma. Las evaluaciones se entregaban en cada habitación a la hora de la cena, y yo estaba con Joe cuando trajeron su evaluación. Joe la recibió y se fue solo a leerla. Y quince minutos después volvió profundamente desconsolado. "Todo se ha acabado para mí", dijo mi amigo. "Quieren que me vaya". Realmente la evaluación no daba lugar a dudas. Criticaba a Joe en todo. Realmente era una evaluación terrible.

Conociendo bien a Joe, mi reacción fue, "¡Se han equivocado por completo! Esta evaluación no te representa. Joe, tienes que quejarte". Pero mi amigo hizo oídos sordos a mis comentarios. Para él, si los profesores tenían un concepto tan bajo de él, pues solamente le quedaba irse. Ví en su rostro que todas las esperanzas se habían desvanecido.

Pero a los cinco minutos, Tony entró a la habitación, tomó la tarjeta de evaluación de las manos temblorosas de Joe y la rompió. Joe gritó, "¿qué haces?" Y Tony, riéndose y sin darse cuenta de la angustia que su broma había causado, le dijo, "esta evaluación no es auténtica, la escribí yo. Quería ver cómo reaccionabas". Joe se sintió aliviado al ver que no lo iban a echar del seminario, pero estaba muy herido por la crueldad de su amigo.

Pienso que la mayoría de nosotros reaccionamos como Joe, mucho más de lo que deberíamos. Joe era precisamente lo opuesto de todo lo negativo que indicaba la evaluación. Era trabajador, bondadoso, inteligente, muy espiritual y dedicado a la oración. Joe era un gran candidato para el sacerdocio. Pero, como le pasa a la mayoría de los seres humanos, dependía demasiado de la opinión de los demás para formarse su propia opinión de si mismo. Si la gente decía que era débil o le faltaban condiciones, pues lo creía. Después de todo, si alguien lo había dicho tenía que ser verdad. Pero no es así. Nuestro reloj interior, nuestro sentido de si mismos y de nuestro propio valor, no deben depender de la impresión parcial o arbitraria que puedan tener los demás. Nosotros somos valiosos porque nos hizo el Creador, porque compartimos la dignidad humana. Cada uno de nosotros es importante. Y ninguna evaluación o juicio arbitrario pueden determinar nuestro propio sentido de valor.

Cuando leyó esa evaluación, me hubiera gustado que Joe se hubiese mirado en el espejo, y hubiera dicho, "se han equivocado. No me conocen. Les demostraré mis verdaderas cualidades". Pero en cambio, creyó en la opinión de los demás. Nuestra voz interior debe ser la que determine nuestro propio valor. La voz que nos recuerda que somos hijos de un Dios que no comete errores. Un creador que nos ama a todos por igual.

Para obtener una copia gratis de ECOS S-201 "Para usted respetuosamente", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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