August 9 2002

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Los Escándalos: ¿De Aquí Hacia Dónde Vamos?

Mucho se escribe sobre los escándalos de la iglesia, pero quisiera observar el tema más de cerca, y sugerir algunos pasos hacia la esperanza en medio del dolor.

Hay quienes creen que la causa de estos pecados del clero católico es el celibato, y que acabando con el celibato se acaba con la crisis. Pero los datos científicos no confirman esta teoría. Precisamente, no hay prueba de que los hombres célibes se inclinen a la pedofilia más que los que no lo son. Lamentablemente, el abuso de niños ocurre en todas las religiones y también entre quienes no profesan ninguna religión en particular. Ocurre entre quienes son casados o solteros, célibes o no. Quizás el futuro del celibato sacerdotal pueda ser tema de discusión, en cuanto a la disminución de vocaciones sacerdotales, pero no con respecto a la pedofilia.

La mayoría de la gente entiende que mientras la iglesia es una comunidad de seres humanos, las personas dentro de la iglesia no construyen o destruyen la fe. El sacerdote siempre encuentra a gente que le dice que ya no van más a la iglesia. Y cuando pregunta por qué, le mencionan alguna mala experiencia con un sacerdote o una hermana religiosa. La verdad es que todos tenemos alguna historia de alguien religioso que nos decepcionó. ¿Pero acaso podemos no permitirles que sean humanos y cometan errores? ¿Acaso no es nuestra relación con Dios lo que cuenta? Afortunadamente, la mayoría de la gente puede distinguir lo bueno de lo malo. Saben que la fe va más allá de los pecados de cualquier sacerdote, o ser humano en general.

Lamentables como son, los escándalos que vemos en la actualidad pueden también enseñarnos una importante lección. Pienso que ahora más que nunca apreciamos el valor enorme de nuestros niños, y de que su bienestar no es algo que podemos dar por seguro. Es responsabilidad de todos, como sociedad, el protegerlos. Y debemos estar muy seguros de quienes los cuidan. Sin obsesionarnos y sin pánico, debemos saber dónde están y con quién.

De estos escándalos también podemos extraer un enfoque nuevo y positivo sobre la sexualidad humana. Comúnmente al sexo se le ve como algo malo—algo que la gente quizás hace, pero nunca comenta. Sin embargo hablando, especialmente con los hijos, podemos ayudarlos a que se acepten y se respeten a sí mismos y a su sexualidad. A través de la conversación abierta y honesta, los jóvenes pueden ver su sexualidad como un regalo de Dios. Pueden llegar a apreciar lo bueno y lo malo de vivir como seres con sexualidad. El silencio, en cambio sugiere que “las personas buenas” no hablan de sexo. Y es así que cuando alguien se acerca y trata de aprovecharse de su sexualidad, creen que deben quedarse callados. Qué bueno sería que estos escándalos rompieran el silencio y fomentaran la comunicación.

Aunque debo confesar que resultó algo incómodo, hace poco me reuní con un sacerdote que admitió haberse aprovechado de un menor. El hombre está destrozado, con una culpa profunda y odio por sí mismo, sintiéndose totalmente desahuciado. Quizás no merezca nuestra pena, pero quizás merezca nuestras oraciones.

El abuso sexual de menores es una herida que duele profundamente. Pero de la oscuridad terrible puede surgir la luz, y los pasos hacia una mejor protección de los niños. De cada experiencia dolorosa surge nueva vida. El dolor de Viernes Santo nos lleva, con la gracia de Dios, a la fuerza de la Resurrección. Que así sea con nuestros niños.

Para obtener copia gratis de ECOS S-195 “Por nuestros niños”, escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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