August 5, 2005

Comentario:

Pesadilla en el Barrio Latino

Por Humberto Caspa, Ph.D

El “gigante latino” ha despertado suena mejor para un anuncio amarillista que para una tesis analítica y rigurosa. El hecho de que la población de descendencia latina crezca en términos cuantitativos, no significa que las instituciones de poder, tanto en el gobierno federal, el estado y los gobiernos locales, estén teniendo una reconversión política significativa en los últimos años.

Por el contrario, pareciera más bien que los latinos estamos viviendo un “periodo de pesadillas” a manos de grupos ultra-conservadores, muchos de ellos racistas, que han logrado penetrar en los estratos de poder gracias a una retórica anti-inmigrante que está de moda.

A medida que los Latinos colman gradualmente las metrópolis estadounidenses, desplazando a las mayorías étnicas anglo-sajonas, políticos con tendencias ideológicas socio-Darwinistas están utilizando la ignorancia y desesperación de los más afectados de este grupo.

Reportes periodísticos hacen notar que el abuso en contra de los latinos por parte de grupos racistas se ha propagado desde las ciudades fronterizas hasta el sur y el centro (Mid West) del país. Algunos datos poblacionales indican que desde el año 2000 los latinos crecieron aproximadamente en un 337% en Arkansas, 300% en Georgia, 278% en Tennessee y 211% en el South Carolina .

Según éstas mismas fuentes, este repunte poblacional también incidió en el aumento de tensiones raciales por parte de grupos xenófobos en contra de los latinos. Recientemente miembros de los Ku Klux Klan en Cincinnati, Ohio, vestidos en sus trajes tradicionales –con la capucha y la sotana blanca—, distribuyeron personalmente panfletos de odio. Se cree que estos mismos individuos quemaron un edificio donde vivían familias hispanas. Por otra parte, el periódico de los Ángeles La Opinión recientemente publicó que un integrante del Klan, Daniel Schertz, residente de South Pittsburg en Tennessee, fabricó bombas caseras para acabar con los latinos. Lo anterior, son ejemplos de una lista interminable de hechos racistas por parte de individuos y grupos organizados.

Sin embargo, lo novedoso en torno a tensiones raciales entre anglosajones y los grupos minoritarios no se ubican en la sociedad civil, o sea en las comunidades, sino en las esferas del gobierno. Este fenómeno es más patente en los gobiernos locales, donde individuos xenófobos y racistas han logrado infiltrarse gracias al apoyo mayoritario de una población reaccionaria al flujo migratorio. Debido al creciente número de gobernantes con estas tendencias, los actos delictivos en contra de los latinos están siendo institucionalizados, se están convirtiendo en parte del acerbo legal y de las costumbres comunitarias. Así de simple.

Por ejemplo, en la ciudad de Costa Mesa, California, donde más del 50% es de origen latino, está prohibido jugar fútbol (soccer) en los espacios de recreación. Los concejales de esta ciudad, que por cierto todos son anglo-sajones –dos de ellos con tendencias xenófobas—, recientemente ordenaron la conclusión de una organización comunitaria destinada a vincular el gobierno con los grupos minoritarios. En este mismo distrito, el diputado federal Chris Cox fue nombrado por el Presidente Bush como jefe del Security Exchange Commission, y su puesto tiene que ser llenado a través de unas elecciones internas. El candidato Robert Dorman, a quién la diputado latina Loretta Sánchez venció dos veces, ya accedió al apoyo de una facción racista, y su campaña política será enteramente anti-inmigrante.

El auge de los grupos ultra-conservadores en el espectro político de muchos gobiernos locales, se debe esencialmente a la debilidad de representación política de los latinos en las diferentes instituciones de poder. Aquí concuerdo con John E. Farley, destacado sociólogo norteamericano que sostiene en su obra seminal, Majority-Minority Relations, que las relaciones de poder entre grupos étnicos o de nacionalidades no deben ser analizados en términos cuantitativos (como vienen haciendo algunos reporteros de televisión) sino en su contexto cualitativo.

Por cierto, no podemos negar los recientes logros de algunos líderes latinos en el proceso democrático de las ciudades. Lo acontecido en Los Ángeles con Antonio Villarraigosa demuestra simplemente que “sí se puede”, y que se puede llegar al poder a través de una campaña electoral coherente.

Sin embargo, el caso Villarraigosa, a pesar de la importancia para los latinos, no es un parámetro cabal de la reconfiguración de actores políticos en las instituciones de poder. La institucionalización de leyes anti-inmigrantes y contra los grupos étnicos minoritarios si los son.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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