August 4, 2000


Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney,
Director de The Christophers

Egoismo y Gentileza en el Asiento 21-B

Las pequeñas lecciones de la vida nos llegan en las formas más inesperadas. Como por ejemplo en un avión repleto de neoyorquinos ansiosos por salir de West Palm Beach, en la Florida, y por llegar a Nueva York.

Todo el mundo hablaba al mismo tiempo sobre la demora. Hacía 15 minutos que estábamos en nuestros asientos y con los cinturones de seguridad puestos, pero el avión no se movía. De pronto una señora sentada al otro lado del pasillo provocó un aplauso cuando exclamó a voz en cuello: "¿Qué diablos pasa? ¿Nos pueden decir por qué estamos parados?

Y luego comenzó el drama. La voz de una azafata anunció por el altoparlante: "El pasajero Herbert Brown, del asiento 21B, por favor que recoja sus pertenencias y venga a la puerta de salida". Y todos nos dimos vuelta a mirar. El señor Brown (por supuesto, su nombre es otro), en sus cuarenta y pico de años y bien vestido, no se movía.

Una de las azafatas, seguida por una pasajera en avanzado estado de embarazo, vino por el pasillo y enfrentó a Brown en voz alta. "¿Ve esta señora?" Dijo en forma cortante. "Pues ella tiene un pasaje para este asiento. A usted se le dió una tarjeta de embarque sólo para lista de espera. Tenga el bien de dejar este asiento inmediatamente o la situación se puede tornar muy desagradable para usted".

Pero el pasajero se negó rotundamente. "Tengo el pasaje para este asiento y lo pienso usar".

Mientras tanto la futura mamá aguardaba en silencio, en medio de abucheos del resto de los pasajeros. "No diga que no le advertí", afirmó la azafata, "porque la próxima persona con quien tendrá que tratar es el guardia de seguridad". Y sin poder creerlo, vimos cuando la azafata acompañaba de vuelta a la pasajera sin asiento mientras Brown, totalmente indiferente, se disponía a leer una revista del avión. Para entonces los minutos se habían convertido en una media hora que claramente había enfurecido a todos. "¡Vamos, idiota! ¡Nos estás haciendo pagar a todos por tu grosería".

Hasta que por fin la ley hizo su entrada —un oficial de seguridad uniformado, como salido de una película de policías. "Señor, va a tener que levantarse y salir de este avión. ¡Ahora mismo!" Y en un segundo Brown estaba caminando por el pasillo con su equipaje de mano. Gritando en su recorrido, "¡Trecientos dólares a quien me dé su asiento!" Y la respuesta fue ensordecedora: "¡Sinvergüenza! ¡Vas a tener que irte a nado, idiota!" Y hasta le arrojaron algunas de las pequeñas almohadas.

Pero la historia no acabó allí. Inmediatamente después que Brown desapareció, vemos a otro hombre apresurarse hacia el asiento 21B y todos nos preguntamos dónde estaba la pasajera embarazada.

Y cuando el avión carreteaba hacia la autopista, listo para partir, la azafata anunció por el altoparlante: "Se estarán preguntando sobre éste nuevo pasajero en el asiento 21B. Bueno, me complace anunciarles que mientras todos estábamos concentrados en el célebre señor Brown, este caballero ofreció su asiento de primera clase a la señora embarazada".

Sin anuncios ni fanfarria. Simplemente hizo lo obvio, lo que debía hacer: levantarse y dar el asiento a una mujer. Mientras los demás protestábamos, él ofreció una solución.

Si lo intentamos, podemos encontrar alguna forma de convertir una mala situación en algo mejor. Si lo intentamos.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-198 "Una cuestión de conciencia", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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