August 3, 2001

La Señora Nada y el Señor Nadie

(Para niños)

Por Sergio Nogues

Dos niños se encuentran conversando y uno le dice al otro: Existen dos palabras que son de gran ayuda en mi vida: "Nada" y "Nadie".

Nada ni Nadie puede quitarme mi gozo, mi alegría, mi lugar.

El número cinco tiene su valor y Nada puede interrumpir que su valor sea cinco. Tampoco Nadie puede quitarle un pedazo, ocupar su lugar, quitarles algo de su valor. De igual forma Nada Ni nadie puede ocupar mi lugar, tomar mi posición, hacerme daño.

El Sol brilla, nos da luz y calor. Si varios niños quisieran apagar o tapar el Sol para que un día no resplandezca, sería imposible. De igual forma yo tengo mi propia luz que me ha dado Dios y Nada ni Nadie me puede interrumpir en mi vida.

Nada ni Nadie puede quitar-me el aire que respiro en cada momento, pero si yo me encierro en una habitación y cierro todas las puertas y ventanas, llega un momento en que no puedo respirar porque no tengo aire, pero eso no quiere decir que el aire no existe y con solo abrir las puertas y ventanas puede disfrutar de un aire puro y abundante. De igual forma Nada ni Nadie me puede separar del amor de Dios. Si alguien se siente alejado de El, solo es necesario abrir nuestro pensamiento al igual que abrimos las puertas y ventanas, y veremos que al igual que el aire, El nunca ha dejado de existir.

Cada número tiene su valor y su lugar. Cada persona tiene un valor y un lugar y Nada ni Nadie puede quitárselo. Si alguna letra quisiera tomar el lugar de un número o quitarle algo a algún número, esto sería completamente imposible. Igualmente Nada ni Nadie me puede quitar algo u ocupar mi lugar.

Al encontrarnos frente a un edificio de varios pisos, cada piso tiene su lugar y Nada ni Nadie puede quitárselo. Si vivimos en el cuarto piso y tomamos el elevador y apretamos el botón número tres y llegamos frente a la puerta de nuestro apartamento y tratamos de abrir la puerta con nuestra llave y vemos que es imposible, eso no quiere decir que alguien nos ha quitado nuestro apartamento. Solo se trata de que no hemos llegado a nuestro apartamento por no haber apretado el botón correcto del elevador.

Hace muchos años el papá de un amigo mío se encontraba viviendo en un edificio de apartamentos y de regreso de su trabajo se encontraba apurado y al subir marcó mal el número del piso del elevador y al pararse frente a la puerta y tratar de introducir la llave, se encontró que no podía y se dió cuenta de que se encontraba en otro piso. En ningún momento su apartamento dejó de existir. Nada ni Nadie movió su apartamento, ni tomó su lugar, ni se lo quitaron. De igual forma nuestra verdadera identidad nunca deja de existir.

Por lo tanto Nada ni Nadie puede impedir que yo deje de ser perfecto, de estar en el lugar correcto, en el momento correcto.

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