August 3, 2001

Comentario

El Idiota de Clodoberto

Por Pablo Padula

Apenas regresé de República Dominicana en donde hice un reportaje sobre la libertad de prensa, tuve la oportunidad de sentarme con el idiota, imbécil, cabeza de piedra, retrasado mental de mi amigo Clodoberto para discutir el tema de mi viaje. Ups… perdón, ¿qué acabo de hacer? ¿Qué derecho tengo yo como periodista de publicar mi opinión personal sobre Clodoberto? De eso, precisamente, estabamos hablando él y yo. De hasta donde llega la libertad de prensa y cuando se transforma en libertinaje.

Clodo me decía que los periodistas tienen derecho a decir lo que quieren, dar su opinion sobre los temas de actualidad, hablar mal de quien no les gusta, decir quien es inepto y quien debe dedicarse a otra cosa porque su vida es un fracaso institucional. Yo estaba furioso, y le respondí que el periodista que hace eso debe dedicarse a la jardinería en una isla desierta de la Polinesia.

La tarea de un verdadero profesional de la comunicación es llevarle la noticia al público lo más pura y entendible que se pueda, explicar lo sucedido para que la audiencia llegue a sus propias conclusiones. Aunque le reconocí a Clodo que todo periodista, aunque trate de evitarlo, siempre le da una tendencia a sus reportajes. Por ejemplo, si yo estoy más a favor del consumidor que fue estafado que del "supuesto" (esta palabra es muy importante) estafador, entonces voy a hacer un poquito mas de hincapié en la duda que me plantea el primero que en la defensa del segundo. Si existe suficiente evidencia a favor de uno u otro, ignorarla sería, simplemente, mal periodismo.

La libertad de prensa debe existir, de eso no me cabe la menor duda. Los periodistas somos los termometros de la sociedad, los que mantienen el oído cerca de la espalda de los políticos, los famosos y los criminales, quienes tienen la obligación de traer a la luz los dramas que afectan a la sociedad. Pero deberíamos poder hacer nuestro trabajo sin el temor de que alguien vaya a atentar contra nuestras vidas o la de nuestras familias como sucede en muchos países del mundo. Para eso está la justicia. Es un error pensar que el periodista debe ser inmune a todo, que tiene derecho a decir lo que se le pase por la mente simplemente porque, en su opinion personal, ese político no le cae bien o tal artista le parece que canta como una cacatúa.

Allí es donde comienza el libertinaje. Y es también donde comienza el derecho de los afectados de ir a la justicia para demandarlos, y decidir, en una corte, quien es el que rie último.

Pero el periodista no debe temer por su vida cuando dice lo que piensa, aunque esté equivocado. Eso es libertad de prensa.

Clodoberto es un personaje imaginario que inventé para este artículo, jamás hablaría así de mis amigos. Pero si existiera Clodo tendría todo el derecho del mundo de demandarme por difamación, de hacerme pagar por el crimen cometido.

Estoy convencido de que nadie, ni el mejor periodista del mundo tiene derecho a insultar a otra persona en un foro público. Si fue encontrado culpable, entonces es culpable pero hasta entonces, todos somos inocentes. Un periodista no es juez ni jurado, es el que cuenta lo que hacen ambos. Difamar, inclusive sacar conclusiones apuradas, puede hacerle un daño irreversible a alguien que no puede defenderse de la misma manera, es condenar a alguien a vivir en la duda popular y eso puede ser catastrófico.

A no ser que el difamado se llame Clodoberto y sea producto de la fantasía del periodista.

En ese caso se puede, pero ya no sería periodismo.

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