April 29, 2005

Comentario:

La Creación de un Mito

Por Alejandro Alvarado Bremer

 

En los años que llevo observando la política mexicana pocas veces había visto semejante incapacidad política. Es como si los partidos PRI y PAN, también conocidos como PRIAN por su creciente similitud, no tuvieran memoria histórica y repiten los errores que en el pasado han cometido otros líderes o agrupaciones políticas, cuando al enemigo lo hacen víctima, mártir y mito. Esa es la historia de algunos de los íconos de la izquierda, de Fidel Castro a Hugo Chávez y ahora Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien ha demostrado mucho mayor talento que sus adversarios.

La carrera reciente de López Obrador ha girado en torno a enormes escándalos de corrupción, muy bien publicitados gracias a grabaciones que captaron los momentos en que ex subordinados del Jefe de Gobierno del Distrito Federal literalmente se llenaban los bolsillos con sobornos de un empresario mal habido. Ningún vínculo se le pudo probar a López Obrador, quien por la forma como se manejaron las investigaciones del ilícito, denunció un complot en su contra, orquestado, según él, por el propio presidente de la República, Vicente Fox, y el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Al mismo tiempo, ya se le acusaba al político originario del sureño estado de Tabasco de desoír una orden judicial para que detuviera la construcción de una calle sobre el terreno de un particular que había ganado un amparo para evitar la realización del proyecto. La obra nunca se concluyó. Aun así, con el afán de quitárselo de encima, el PRIAN decidió buscar el desafuero del López Obrador para que fuera arrestado y juzgado como cualquier mortal, por desacato, al tiempo que perdía sus derechos políticos y la opción de contender por la presidencia de la República. Desde un principio ALMO denunció, con razón, dolo en el proceder de las autoridades.

En el colmo de la estupidez, legisladores del PRIAN fueron a pagar la fianza con la intención de evitar, según ellos, que AMLO fuera a convertirse en mártir al ser apresado. Días antes, el gobierno de Vicente Fox había insinuado la posibilidad de llegar a un acuerdo político con su adversario. No está claro qué buscarían negociar. ¿Acaso la cancelación de sus intenciones a contender por la presidencia de México? ¿Qué otra cosa podían pedirle? Ya para entonces el político de izquierda era percibido por muchos como víctima de las circunstancias.

Ante estas francas muestras de debilidad e insolvencia política López Obrador decidió regresar a trabajar el lunes 25 pasado como Jefe de Gobierno, en un claro desafío al presidente, que hasta ahora no ha sabido manejar una relación equilibrada con el segundo gobernante más poderoso de México después de él y quién encabeza claramente las encuestas de preferencia electoral en todo el país.

En una bien orquestada convocatoria a la resistencia civil (su partido controla el Distrito Federal), ha ido creciendo el descontento social y la solidaridad con el líder que fue elegido cuatro años atrás, al grado que el domingo 24, mas de un millón de personas se concentraron para apoyarlo en el centro de la Ciudad de México, según cifras oficiales.

Ahora, al parecer sólo un milagro o una tragedia podrán evitar que López Obrador se convierta en el próximo presidente de México, poniendo punto final a la experiencia neoliberal mexicana, con un saldo hasta ahora incontenible de desempleo, empobrecimiento y emigración a Estados Unidos. El que pueda o no revertir esos problemas es parte de otra historia. Por lo pronto, AMLO se encarama, convertido en mito, hacia la silla presidencial.

Alejandro Alvarado Bremer alalbre@excite.com

 

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