April 26, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

El Color de la Globalización

La capital volvió a ser sede esta semana del evento que pone en relieve la mayor paradoja de nuestros tiempos, la preocupación de los ricos por erradicar la pobreza mundial.

Mientras decenas de policías descendían de autobuses enormes en la madrugada, para primero sonreír ante una cámara desechable (el retrato conmemorativo, en grupo) y luego armarse por el bien del orden público; otro grupo más colorido, menos uniformado, no obstante homogéneo, también se preparaba para llevar a cabo su misión: gritarle al mundo que los pobres están cada vez más pobres.

“Le llamamos la globalización corporativa”, remarcaba David Levy, portavoz de Global Exchange, una de las mayores organizaciones que se encargaron de congregar a miles de manifestantes en la capital durante las reuniones de medio periodo del Fondo Monetario Internacional, refiriéndose a que el objetivo de la demostración pacífica era poner en relieve aspectos de organismos como el Fondo, que según ellos, no son beneficiosos para el aletargado avance del mundo en desarrollo.

Salvo unos cuantos altercados, una que otra apaleada o lagrimeada, las protestas transcurrieron relativamente pacíficas. Sin embargo, algunos días después, Washington todavía transpira el humor de la euforia proveniente de un espíritu joven e idealista.

Importa poco si algunos de los jóvenes que marchaban en contra de las grandes corporaciones, en contra de alguna fábrica de zapatos tal vez, calzaban un par de los mismos; como importa muy poco si los protestantes escampaban de la lluvia en ponchos de plástico, tal vez no biodegradable; tampoco fue un gran detalle ver los carteles descansando boca abajo mientras el protestante consumía una hamburguesa, unas papas fritas, o tal vez una Coca-Cola en el McDonalds más cercano.

Los cabellos rojos, verdes o multicolores, los tatuajes, las perforaciones y otros aretes en particulares regiones del cuerpo, las vestimentas nativas de nuestros pueblos latinoamericanos o africanos, fueron elementos que también se pudieron distinguir entre los protestantes, tampoco algo crucial.

Dicen que lo importante es el mensaje y no el mensajero, y no obstante el mundo entero, nuestro mundo globalizado, se está beneficiando de la moda de nuestros jóvenes; el abrir los ojos de la población a la realidad de los menos privilegiados.

¿Por qué nos concierne esa realidad? Obviamente por qué la mayoría de los que hemos inmigrado a este país proviene de alguno de esos países que hoy en día se apoya en organismos como el Fondo Monetario y en el buen proceder de sus gobiernos, entre otros, para hacerle frente al agigantado paso del desarrollo.

La globalización está unificando al mundo más que nunca; el avance en las comunicaciones es un gran ejemplo. Cada vez conocemos más de afuera, cada vez es más difícil no querer pertenecer a la aldea global. Pero otra realidad es que la brecha entre pobres y ricos es cada vez mayor. Puede atribuirse esa brecha a un sin fin de elementos que nacen de los intereses del banco y crecen en la corrupción de los sistemas que han caracterizado al nuevo mundo desde su colonización. Es hasta emocionante sentir el efervescente rubor en las mejillas de pálidos y pecosos rostros casi infantiles por cambiar el mundo; como lo es saber que aunque la obesidad es un serio problema de la juventud y de la niñez estadounidense, hay un sector que se preocupa por el hambre de otros millones de niños en todas partes del mundo. No es menos alentador pensar que estas protestas, estas “reuniones de periodo”, nos recuerdan de donde vinimos, que podíamos ser uno de los millones de niños que tienen que despertar cada día a un mundo miserable que no promete nada.

Gradualmente van desapareciendo los jóvenes protestantes, volverán a sus aulas de universidad, del colegio, tomar el baño caliente y perfumado que les devuelva a la realidad que a la mayoría de los protestantes les ha tocado vivir.

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