April 25, 2003

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Simplemente Humanos

Aisam-ul-Haq Qureshi tiene 22 años, y desde jovencito se ha dedicado al tenis. Muchos dicen que es el mejor jugador de tenis de Paquistán, y también es muy reconocido a nivel internacional. Hace algunos años Qureshi necesitaba un compañero para jugar dobles. Y en forma inesperada conoció a Amir Hadad, un jugador de 24 años tan talentoso como él, y juntos vencieron a un gran número de rivales. Cuando la gente los ve jugar juntos dice que se mueven con una coordinación increíble, y en cierto modo juegan mejor juntos que separados. Fuera de la cancha entablaron una amistad muy linda, basada en el respeto mutuo y en intereses comunes.

Uno supondría que ahí se acabó la historia, pero no es así. Qureshi es musulmán de Pakistán, y Hadad es judío de Israel. Recordemos que Pakistán no reconoce al estado de Israel, y que ambas naciones no tienen relaciones diplomáticas.

Por un tiempo ambos jugadores pudieron mantener su amistad calladamente pero, en la última competencia de Wimbledon en Inglaterra, el tema estalló en controversia muy desagradable. Funcionarios del gobierno de Pakistán insistieron en que la amistad terminara inmediatamente. Pero los jugadores se negaron. Qureshi dijo, “nos respetamos mutuamente. Nos hemos respetado los dos años que ya hace que jugamos. Nunca pensé que iba a ser tanto problema. No estamos aquí para cambiar la idea de nadie. Eso lo hacen los políticos y los gobiernos”. Y Hadad compartió esa opinión: “Somos muy buenos amigos, y pensamos seguir jugando juntos. El tenis y nuestra amistad es lo único que nos interesa”.

Pero el vice presidente de la Federación de Tenis de Pakistán sugirió que la carrera deportiva de Qureshi podía estar en peligro si seguía jugando con Hadad. Dijo el funcionario, “creo que se le puede perdonar, pero no debe hacerlo otra vez. Debe darse cuenta de que para los musulmanes de Pakistán, Israel es un tema muy sensible y controversial. No se trata simplemente de jugar al tenis”.

Pero quizás lo es, o debería serlo. Lo que hemos visto en esta controversia inspira y a la vez preocupa. He aquí dos jóvenes que, por sus orígenes tienen toda la razón para verse como enemigos. Pero no lo han hecho. Decidieron, en cambio, disimular sus diferencias y disfrutar de lo que tenían en común - como un buen partido de tenis.

El interminable conflicto en el Medio Oriente es, sí, una catástrofe que ha costado tantas vidas. Ha destruído la paz de muchas familias inocentes. Ha dejado a mucha gente herida, física y psicológicamente. Y cada vez que uno oye noticias de una nueva ola de violencia, se pregunta cuándo va a terminar todo esto.

Mientras veamos a gente de otros orígenes sólo en términos de las diferencias, se pierde toda esperanza. Pero cuando empezamos a examinar nuestras semejanzas como habitante del mismo planeta, esas diferencias pueden desvanecerse. Los brillantes jugadores de tenis Aisam-ul-Haq Qureshi y Amir Hadad nos dan un ejemplo de las posi-bilidades. Podrían odiarse, y sin embargo encontraron un mundo en común. Enfocaron sus ojos en la familia grande que somos. Rezo para que Aisam y Amir sigan jugando juntos—por el bien de ellos mismos, y por el bien de la humanidad.

Para obtener copia gratis de ECOS S-222 “Tolerancia”, escriba a The Christophers, 12 E. 48th Street, New York, NY 10017 spansh-dept.@christophers.org.

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