April 22, 2005

Acompañando a los pobres

Por Pablo Jaime Sainz

Cuando Dorothy Granada llegó a Nicaragua hace 18 años, el país, estaba destruido debido a la Guerra Civil y al reciente desastre causado por un huracán.

Aunque ella había planeado quedarse en el país centroamericano por sólo dos años para ayudar a construir una clínica de salud, ella se estableció en la pequeña comunidad rural de Mulukuku hasta este día, donde es directora de la Clínica Maria Luisa Ortiz, la cual es parte de una cooperativa de mujeres que provee servicios sociales y de salud para los pobres.

Granada, de 74 años de edad, estuvo en San Diego el pasado miércoles 13 de abril, en un evento llamado “Esperanza e Inspiración: Las Mujeres Hacen una Diferencia en Nicaragua”.

Ahí, ella describió su labor en Mulukuku.

“La comunidad es rural, muy pobre, sufriendo las secuelas de una guerra prolongada,” indicó Granada, quien es una Chicana/Filipina nacida en Los Angeles. “La clínica es parte de la Cooperativa Femenina Maria Luisa Ortiz. La Cooperativa es un esfuerzo de campesinas organizadas que no tenían nada excepto un sueño de sobrevivir con una vida digna al identificar y tratar de responder a las necesidades de otras campesinas pobres como ellas. Todo el trabajo es hecho posible gracias a la solidaridad y amigos que ayudan”.

En sus 18 años en Mulukuku, Granada ha visto la devastación que la guerra causó en Nicaragua, especialmente entre los pobres, las mujeres y los niños. Ella narró la historia de cómo la labor de la clínica ha cambiado las vidas de muchos de los residentes de la región.

“La guerra Contra/Sandinista terminó en 1990, pero en nuestra remota región, la guerra continuó con grupos de ex-contras aterrorizando al campo y amenazando y matando Sandinistas”, afirmó Granada, quien recibió su licenciatura en enfermería de Los Angeles State College. “Nuestra Cooperativa es Sandinista y nosotros éramos el único servicio de salud sirviendo a los pobres. Las fuerzas de la derecha querían destruir todos los rastros de la Revolución y continuamente amenazaban nuestra Cooperativa.

“Un día, hace varios años, un hombre llegó a nuestra puerta. Los pacientes que esperaban comenzaron a huir porque reconocieron al hombre como a un líder contra que era especialmente violento y los pacientes pensaban que estábamos siendo atacados. Yo consulté al hombre. Tenía una bala sandinista en su cabeza y tenía dolor constantemente.

“Le dije que él tendría que ir a ver a un neurólogo en Matagalpa (una ciudad a ocho horas de distancia) para una evaluación. Me dijo que tenía miedo de dejar la comunidad por miedo a ser arrestado o asesinado.

“Miembros del personal y yo lo llevamos por varias visitas al neurólogo. Él comenzó a confiar en nosotros y trajo a su familia para cuidado de salud.

“Unos años después, en 1998, había un rumor que una banda de ex-contras venía a matar a varios líderes sandinistas y a mí.

“Nuestro paciente ex-contra escuchó el plan, encontró el campamento y le dijo al grupo que no deberían matarnos porque ‘Estas son las únicas personas que están cuidando de nuestras familias’”.

Aunque la Clínica Maria Luisa Ortiz ahora ofrece diferentes servicios de salud, como salud reproductiva, servicios mentales y pediatría, los inicios de la cooperativa fueron difíciles, según Granada.

La clínica ha crecido gracias a la ayuda recibida de brigadas de doctores, enfermeras y estudiantes de medicina de Estados Unidos.

“El programa más grande de la cooperativa es la clínica que sirve a las mujeres y los niños y algunos hombres; tres oficinas legales para asistir en la protección de mujeres y niños en contra de la violencia y obtener justicia; muchos talleres acerca de la sensibilidad de los sexos, derechos humanos, legales y civiles, organización y la no-violencia”, afirmó.

La propia experiencia de Granada al crecer la hicieron darse cuenta que había muchas personas que necesitaban ayuda.

“Como Chicana/Filipina creciendo en Los Angeles en una comunidad pobre, siempre supe del racismo y del clasismo”, recuerda Granada, cuyo padre es filipino y madre es segunda generación mexicoamericana. “Trabajé muy duro para recibir una educación y ser aceptada en la cultura anglosajona dominante. Una vez que lo logré, en vez de estar contenta de que ‘había llegado’, me di cuenta de que había dejado atrás a mi gente. Fue entonces que comencé a tomar decisiones de resistirme al racismo, a la dominación y a la violencia”.

Después de sobrevivir a la guerra, inundaciones debido al huracán y represión política, los residentes de Mulukuku han reconstruido sus hogares, establecido escuelas, una fabrica de muebles, una oficina legal, un centro comunitario/cultural, una clínica –y continúan construyendo.

Hay muchas maneras en las que las personas pueden ayudar a la Cooperativa Maria Luisa Ortiz, indicó Granada.

“Dando dinero para continuar con el servicio, organizando un equipo de salud o equipo de trabajo y venir”, dijo.

Para más información acerca de la clínica y la cooperativa, puede visitar www.peacehost.net/Dorothy. Para contactar a Dorothy Granada, puede enviarle un correo electrónico: mlowomen@ibw.com.ni.

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