April 15, 2005

Comentario:

La Incertidumbre de los Precios de la Gasolina

Por Humberto Caspa, Ph.D

La avalancha histórica de los precios de la gasolina, que se han disparado recientemente desde $2.30 dólares por galón a principios del mes pasado hasta $2.60 –está proyectada en $3.00 dólares para el fin de año— ha generado un descontento en la sociedad. Todos señalan con el dedo al acusado, nadie asume responsabilidad de una problemática que tiene repercusiones negativas en la economía, especialmente en el bolsillo del consumidor.

Hoy, los precios elevados de la gasolina se han convertido en un problema serio para el mercado, dado que altera las tasas inflacionarias de los artículos de consumo y los bienes de servicio, ya que muchos dependen de sus derivados. Para reducir el panorama endeble de este problema, se requiere de un liderazgo sólido de parte del gobierno federal, la asistencia de los gobiernos estatales, así como también la solidaridad de las empresas petrolíferas y la colaboración de la ciudadanía en general, que finalmente son los beneficiarios directos de los derivados del “oro” negro.

La utilidad global de hidrocarburos en los últimos años se ha incrementado a medida que los usos de éste energético han crecido proporcionalmente con el desarrollo económico. La vertiginosa industrialización de los países en desarrollo ha contribuído notablemente al incremento de la demanda de los derivados del petróleo debido a la proliferación de las plantas productivas. El caso de la Republica Popular de China, que creció en promedio de 8% en la década de los 1990, es el más conocido; lo mismo que la India y los países de Europa Oriental, como Polonia y Rusia, entre otros. Los recientes datos económicos demuestran que la utilidad global de petróleo crudo es actualmente 29,000 millones de barril al año, un incremento masivo con relación a la década anterior. A la fecha, el precio del crudo está a más de $50 dólares por barril.

Así, parte del problema del incremento del precio de los hidrocarburos está completamente relacionado al proceso global de la economía, donde el individuo común, el consumidor, por mucho que quiera, está fuera de la solución del problema. Esta es una cuestión del Estado; por lo tanto, es tarea de los dirigentes políticos ponerse de acuerdo.

Asimismo, en nuestro país 40% de energía que utilizamos diariamente proviene de los derivados del petróleo; de ese total, 90% absorbe la industria de automóviles y sus consumidores. Mientras la ciudadanía continua prefiriendo SUVs y “trocas” grandotas de ocho cilindros, en vez de autos que desgastan menor energía, la demanda de gasolina también irá en aumento. Como las leyes de mercado juegan un papel importante, aunque no decisivos, en la valoración de la gasolina, sus precios, dado la presente situación, estarán en subida.

Los consumidores raras veces han con-templado los precios elevados de la gasolina como un problema serio a su estabilidad económica. Durante la década de los 1980 y 1990, como se indicó anteriormente, el precio del crudo por barril se mantuvo estable. Lo anterior indudablemente influyó para que la gasolina, dependiendo del estado, lugar y empresa distribuidora, estuviera entre $1.10 y $1.60 dólares por galón. Está claro, entonces, que los ciudadanos pueden en un acto consciente y solidario participar de la reducción del precio de la gasolina. Por una parte, haciendo utilidad de otras fuentes de energía que no dependan de los hidrocarburos; y por la otra, tal vez la más simple, procurando adquirir automóviles livianos y de poca utilidad de gasolina.

Asimismo, la guerra en Irak tiene sus consecuencias en la oferta del mercado. A pesar de que el presidente George W. Bush en muchas ocasiones descartó de que la guerra esté afectando las tasas de altas de los precios del gas, sin un debido flujo del “oro negro” desde las fuentes de Irak, los otros países miembros de la Organización Países Exportadores de Petróleo (OPEC, en inglés), especialmente Arabia Saudita, no están en condiciones de aumentar sus tasas de barriles. Además, uno de sus países miembros, Venezuela, con-cretamente su actual presidente Hugo Chávez, ha sido muy explícito en seguir las cláusulas de la OPEC. Es decir, abastecer con el flujo necesario de los barriles en el mercado mundial para mantener constantes los precios por barril. Sin embargo, las cuotas de la OPEC no hacen más que restringir el mercado y elevar los precios debido a la exorbitante demanda.

La crisis actual de la gasolina proviene de una combinación de factores. No existe una “varita mágica” para la solución del incremento de sus precios, requiere de una respuesta colectiva, sobre todo de los dirigentes políticos; ya que el problema se configura a partir de una lógica del Estado y del mercado.

Dr. Humberto Caspa, Profesor en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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