April 12, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

Evitando el Abuso Infantil

El espanto ante el escandalo que desató las denuncias de abuso sexual de adolescentes perpetrados por párrocos se sintió en todos los rincones del mundo y continúa siendo un buen tema para charlar, discutir y chismear: poner en tela de juicio la castidad de los párrocos y los dogmas de la iglesia, y una vez más cegarse ante la cruda realidad que el verdadero problema es el abuso sexual de menores en sí y que éste se puede dar en cualquier lugar, bajo cualquier techo y lamentablemente, dentro del propio hogar.

Entre el 7 y el 17% de los adolescentes y adultos jóvenes en Estados Unidos informan haber tenido relaciones sexuales involuntarias, según los Archivos de Pediatría y Medicina de la Adolescencia. Más del 20% de los hombres estadounidenses sufrió abuso sexual en su niñez. Las estadísticas asombran pero es más sorprendente aun que la mayoría de las víctimas no suelen reportar los abusos; ese es el silencio que aterra, y el que inconscientemente apoya, ya sea por costumbre, por que “de esas cosas no se hablan”, o simplemente por vergüenza o porque se ignora cómo lidiar con esa situación, a que los abusos se prolonguen o se oculten.

Las creencias erróneas son las que generalmente alimentan a ese monstruo que arrebata la inocencia de los más pequeñitos. La primera de ellas es pensar que cada suceso que de vez en cuando aparece en las noticias se limite a la tele o a la radio, como la emergencia de víctimas de los párrocos, o inclusive la telenovela que se ha creado alrededor del caso Trevi/Andrade, y las varias jóvenes mamás que denunciaron al perpetrador, después de varios años.

Otras noticias han dado luz a casos igualmente espeluznantes: el dentista que dopaba a sus pacientes jóvenes para violarlas; el pediatra que ocupaba la mitad de su prestigioso tiempo escribiendo ensayos educativos sobre el desarrollo sexual de los niños, mientras que ocupaba la otra mitad sedando a sus pacientes niños y adolescentes para violarlos; los maestros que violaban a sus estudiantes; el tráfico de niñas para la prostitución infantil; las páginas cibernéticas para diseminar pornografía infantil.  Estos son sólo algunos casos que han salido a la luz pública. Pero ¿cuántos son aquellos de los que nunca sabemos nada?

No importa en qué punto cardinal del mundo nos encontremos, cuánto ganemos, en qué barrio vivamos, cuánto estudio acumulado tengamos, ninguna comunidad es inmune a este mal.  Y según se intenta descifrar, los perpetradores de abusos pueden también ser otros niños. ¿Cómo se comporta un niño que ha sido abusado sexualmente?

Puede ser virtualmente imposible en un país desarrollado el cuidar y supervisar a los niños las 24 horas del día, seguir sus pasos, ver cuáles son sus juegos en el parque, en la escuela, inclusive en el hogar. Ese sería, no cabe duda, el sueño de cualquier padre o madre que despide a sus hijos cada mañana antes de ir al trabajo.

La solución que dan la mayoría de los expertos es muy lógica. La comunicación es lo único que romperá el silencio. Por las mismas razones, por miedo y vergüenza, muchos padres y madres omiten y excluyen de toda conversación el tema de la sexualidad.

Como indican los expertos y como cada uno de nosotros como seres humanos puede probar, la sexualidad es una forma de expresión integral de cada uno de nosotros, y nos permite establecer una comunicación plena con nuestro mundo externo.

El abuso sexual tiene consecuencias devastadoras en las víctimas que pueden inclusive ser mortales. Mientras más temprano se detecte que algo ha ocurrido, será más fácil lidiar con la situación.

“Monstruoso”, “inaceptable”, e “imperdonable”, son sólo algunos de los adjetivos que describen al abuso sexual de niños, pero es mucho más lo que se puede hacer para evitar que ese monstruo destruya la vida de un niño y de todo un hogar.

¿Sabes cuáles son los indicadores del abuso sexual? ¿Sabes cómo hablar con tus hijos de la sexualidad? Infórmate ahora llamando gratis a la línea de recursos, el 1-800-473-3003.

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