April 12, 2002

Las democracias de América Latina

Por: Manuel R. Villacorta O.

La finalización del conflicto Este-Oeste tuvo profundas repercusiones en América Latina. Básicamente los movimientos armados e insurgentes prosoviéticos, perdieron el respaldo material y político necesario para subsistir. Incluso, la izquierda política representada legalmente, en particular la Social Democracia, tuvo que replantear sus esquemas ideológicos y programáticos. El mundo ya no era el mismo. El triunfo del capitalismo como sistema parecía desde entonces irreversible. Para el ideólogo liberal F. Fukuyama, la historia llegaba a su fin. Planteamiento éste que con el tiempo, generaría las más apasionadas contradicciones.

Una de las primeras medidas que se implementaron en la región, fue el retorno de los militares a los cuarteles, es decir, la desarticulación formal de los gobiernos militares autoritarios.Ya no eran necesarios. Por el contrario, el libre mercado necesitaba de gobiernos civiles, democráticamente electos, vigentes en el contexto de plenas libertades. La Organización de Estados Americanos desarrolló una función relevante en ese objetivo. Así, lenta pero exitosamente, en toda la región se fueron realizando elecciones más o menos libres, en donde los civiles se instalaron en el poder. Se pensó que con este tránsito del autoritarismo hacia la democracia, problemas profundos como la pobreza, la desigualdad social y en términos generales, el subdesarrollo, iban a ser superado a mediano plazo.

Sin embargo no todo ocurrió como se esperaba. Los gobiernos militares aceptaron un repliegue político relativo, pero negociando a cambio la manutención de una fuerte presencia en las decisiones de poder. Los empresarios locales no desaprovecharon la oportunidad para crear y apoyar partidos políticos totalmente dispuestos a servirle a sus intereses. Y los políticos en su gran mayoría, incapaces de defender la oportunidad para crear un nuevo modelo político en la región, optaron por negociar con las fuerzas fácticas de poder internas, sometiéndose a sus dictados. El resultado: la sociedad civil latinoamericana quedó excluida del proceso, fue utilizada para certificar un rito electoral cada cierto tiempo, pero nada más. El gobierno de hecho, quedo redistribuido en las tradicionales fracciones de poder.

Las entonces grandes demandas sociales potenciadas de las sociedades latinoamericanas, quedaron sin ser atendidas. Por el contrario, el crecimiento de la población en la región es uno de los más altos del mundo, lo que implica cada vez mayor demanda de empleos, vivienda, atención a la salud, educación y construcción de infraestructura y servicios. Anexo a esto, los modelos económicos en la región a excepción de la relativa industrialización de países como México, Brasil y en menor escala Argentina, siguieron girando en torno a la economía primaria: la producción agropecuaria y la recepción de ingresos externos a través de la exportación. Modelos éstos que no podían preservarse por mucho tiempo, ante un mundo que impulsa el avance tecnológico sin precedentes en la historia humana.

El resultado entonces no pudo ser el esperado. Los gobiernos dirigidos por políticos civiles y sus socios incorporados (básicamente militares y empresarios locales), se desgastaron en una disputa inescrupulosa por el poder y los beneficios que de éste provienen. Simultáneamente, los modelos económicos de la región perdían cada vez más su escasa eficiencia, mientras las grandes masas latinoamericanas se hundían en un foso profundo de pobreza y exclusión. La crisis institucional se hizo cada vez mayor hasta abarcar todas las instituciones.

Muchos presidentes latinoamericanos tardaron más en alcanzar el poder que en perder el prestigio. De la Rúa en Argentina fracasó. Chávez en Venezuela ha hecho más escándalo político que acción certera, el resultado es que sus compatriotas le rechazan cada vez con más vigor. Toledo en Perú a escasos seis meses de haberse instalado en el poder, empieza a reproducir los vicios de su predecesor, básicamente limitando el derecho a la expresión. Portillo en Guatemala representa al gobierno más corrupto en la historia de este pequeño y sufrido país. Caso similar ocurrió con Alemán en Nicaragua. La lista es larga y tediosa.

La gran interrogante que ronda en la intelectualidad latinoamericana ahora es: ¿Qué gobierno vendrá entonces después?. Es evidente que los gobiernos autoritarios causaron un daño irreparable en toda la región. Y las frágiles democracias civiles no han sido en la mayoría de los casos, sino esperanzas profundas, rápidamente dilapidadas. La propuesta de un nuevo modelo es nuestro gran déficit.Y lo peor, mientras tanto, las crisis en la región siguen potenciándose. Hoy con crudeza lo vemos en la desarticulada Argentina, mañana podrá ser cualquier otro país. Lo trágico es que, de no tener alternativas, el retorno al autoritarismo será el inminente desenlace. Repetir un ciclo que ingenuamente creíamos superado, pero que en todas sus expresiones solo anuncia más violencia e inestabilidad en la región.

Villacorta (manuelvillacorta@yahoo.com) es un Doctor en Sociología Política. Residente en Texas.

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