April 11, 2003

Comentario

Por qué aún necesitamos acción afirmativa

Por Andrea Guerrero

Como estudiante de Leyes, estuve en la última clase de los beneficiados por acción afirmativa en la Universidad de California, Berkeley. En 1996, el Estado de California pasó la medida que prevenía la práctica de acción afirmativa en sus universidades. Desde entonces, el número de admisiones de minorías en los recintos universitarios más competitivos se desplomó.

Ahora, que acción afirmativa está siendo retada en otros estados, la misma baja podría ocurrir nacionalmente. La Corte Suprema decidirá en los próximos meses si raza y etnicidad de nuevo serán tomados en cuenta para la admisión de minorías - como yo.

Como estudiante universitaria, en Stanford también fui admitida bajo acción afirmativa. Esto no me previno de aprender duras lecciones sobre la práctica del prejuicio racial en curso. En el primer día, me presenté con mi asignada compañera de habitación, una mujer del Valle de San Fernando, y sus padres. Ellos parecían confundidos por mi apariencia. El producto de una pareja interracial, tengo más rasgos característicos de mi madre y el color de piel claro. Pero después de escuchar mi nombre, preguntaron si yo era mexicana. Al enterarse que lo era, los padres se marcharon de la habitación y yo estando a una distancia de donde podía escuchar anunciaron al personal de la facultad que ellos no pagaban colegiatura en la universidad para que su hija viviera con una “spic” (modismo Norteamericano para referirse despectivamente a los hispanos).

El personal no simpatizó con sus requerimientos de mover a mi compañera de habitación. No terminó ahí. Cuando mi compañera de habitación supo que mis resultados de SAT (Exámen para el ingreso a la Universidad) y preparatoria GPA (Calificación promedio) eran menores que los de su novio que no entró a Stanford, pero fue admitido en Berkeley - ella libremente anunció que la única razón por la que yo estaba en la universidad era por acción afirmativa.

Mi 3.9 GPA de un máximo de 4.0 era ligeramente más bajo que el de su novio 4.0, y mis resultados de SAT, 1250 de 1600, no era tan alto como el de él, más de 1400. Yo había sido una de entre los 10 mejores estudiantes de mi preparatoria. Pero su novio había sido valedictorian. Diferencias marginales para mí.

Discutimos sobre varios temas raciales ese año, extendiéndose desde lo político hasta lo personal. Despacio pero seguro aprendí a proteger mi territorio. Mi compañera de habitación en respuesta, tuvo oportunidad de probar sus asunciones del mundo con alguien de antecedentes étnicos y raciales diferentes a los de ella. Al final, y a pesar de un año áspero, ella expreso gratitud por los intercambios que tuvimos y pareció que genuinamente sentía que había aprendido algo.

En 1996, el año anterior al desmantelamiento de acción afirmativa en California, yo registré mi solicitud en la escuela de leyes que lleva el nombre de Boalt Hall en la Universidad de Berkeley. Y aunque era una estudiante fuerte (con un GPA de estudiante universitaria de 3.25) y había calificado muy bien en el LSAT (en lo alto del 90%), esto por sí solo no era suficiente.

Solo hay 270 espacios disponibles. Con aspirantes en la cifra de más de 5,000, estos fueron distribuídos en cuatro grupos basados en la combinación de resultados de LSAT (Exámen de aptitud para el ingreso a la escuela de leyes) y el GPA de los estudiantes universitarios. El primer grupo fue admitido, los siguientes dos grupos fueron discutidos en el comité, y al ultimo grupo le fue negada la admisión. Fue en este ultimo grupo en el que yo caí, así como casi todas las minorías con una baja representación. Sin embargo, por la política de acción afirmativa entonces aplicada, mi raza y etnicidad de México-Americana fue considerada, y mi expediente fue mandado al comité.

Ahí, el comité de admisiones se enteró que yo había obtenido una maestría en política pública en la Universidad de Texas, publiqué un artículo académico, me gradué con casi 4.0 GPA y trabajé por dos años como especialista en política pública en la frontera para el Estado de Texas. También se enteraron de mis antecedentes binacionales: Yo nací en México de un padre Mexicano y una madre Norteamericana, criada casi toda mi vida en los Estados Unidos. Fuí admitida en la escuela de leyes por mis demostradas habilidades. Pero también por mi experiencia y mis antecedentes como México-Americana, lo que la escuela vio como algo valioso para así crear una clase diversa en varias y diferentes formas.

Críticos de acción afirmativa alegan que esto es injusto porque la consideración de raza y etnicidad sirve para negar admisión a mas estudiantes blancos “calificados”. Pero decidir que una persona es más competente que otra basándose en resultados de exámenes estanda-rizados y calificaciones únicamente, no es justo ni apropiado.

Estudios han demostrado una y otra vez que los exámenes de admisión en las universidades son mejores para predecir raza y etnicidad que para predecir el rendimiento de los estudiantes. Un estudio en particular encontró que los estudiantes más destacados dentro de las minorías que atendieron los mismos colegios competitivos, y tenían las mismas altas calificaciones que los estudiantes blancos, deberían haber obtenido las mismas calificaciones en el LSAT, consistentemente obtuvieron grados más bajos- demostrando así defectos y posibles predisposiciones en los exámenes.

El comparar las calificaciones de los estudiantes universitarios, también es problemático, puesto que estas comparaciones no toman en consideración el factor de que los estudiantes necesitan trabajar mientras atienden a la escuela o el tiempo que toma sobrepasar una educación preparatoria inferior. Estos factores afectan a los estudiantes de todas las razas, pero aún más de manera despro-porcionada a las minorías.

Si no fuese por las admisiones con una conciencia racial, yo no hubiese sido aceptada en Stanford o en Boalt Hall de Berkeley. Acción afirmativa me dio la oportunidad de alcanzar mis más altas aspiraciones. Acción afirmativa no me hizo las tareas, tomó mis exámenes o pasó la barra de abogados por mí. Simplemente me dio la oportunidad.

Ahora en la profesión legal, soy una abogada de Inmigración en la región fronteriza, con una clientela predominantemente mexicana y México-Americana. Dentro de esta comunidad, yo proveo servicios pro-bono y educo a la gente acerca de cómo las leyes de este país les afectan. Me identifico cultural y lingüísticamente con mis clientes. Desgraciadamente no hay suficientes abogados como yo.

En lo que la Suprema Corte re-examina acción afirmativa, espero que nosotros como nación asesoremos no únicamente que tan lejos hemos llegado en términos de raza e igualdad étnica, si no también que tan lejos aún tenemos que ir. Si nuestras instituciones de alta educación han de mantener su legitimidad hacia una diversa y creciente población, debemos asegurarnos que las puertas de la oportunidad se mantengan ampliamente abiertas para los estudiantes de todas las razas y antecedentes étnicos.

Ms. Guerrero, was a member of the last class admitted under affirmative action at the Berkeley law school known as Boalt Hal, specializes in immigration law. She can be contacted at andrea@lawguerrero.com

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