April 9, 2004

Nicole Kidman encadenada en Dogville

Cineasta pone a prueba seriamente la paciencia de la audiencia

Por Jose Daniel Bort

No se puede tener medias tintas con las películas del cineasta Danes Lars Von Trier. O se aman o se odian. Punto. Su penúltima cinta, Dancer in the Dark es sin duda una de las mejores del 2000. Es una corrosiva y dolorosa mirada al mundo a traves de los ojos de una mujer sin privilegios, magistralmente actuada por la cantante pop Bjork. Es una obra maestra.

Después de muchas consideraciones (y de tortura, sentado tres horas en frente de la cinta), he decidido que odio a Dogville con la misma pasión con que amé Dancer in the dark. Este nuevo trabajo es lo más arrogante, condescendiente, megalomaníaco, pesado e insufrible que he visto en mucho tiempo en el cine.

Nótese que en ningún momento rebajo las cualidades del director de por sí. Von Trier es un genio. Son las decisiones con respecto a su cinta lo que me incita a aborrecer su trabajo. Con pasión ilimitada.

Dogville utiliza el artificio como arma, deliberadamente distanciándose del cine de Hollywood para contar una historia anti-americana. Más allá de su antiamericanismo, es una elegía en contra de cualquier bondad humana, su posición geográfica es escogida con miras al escándalo, pero ella no cambia la verdadera naturaleza del ataque humanista orquestrado por Von Trier.

Filmada en su totalidad dentro de un estudio, el pueblo de Dogville está pintado en tiza en el suelo de la misma forma como se ensayaría una obra de teatro. No existen puertas o paredes, pero los actores hacen como si existieran. La simulación de espacios físicos ha sido utilizada en el cine anteriormente por maestros como Bergman o Peter Brook en ese clásico de la esquizofrenia de 1967, “Maratsade”.

El problema de la película no es el artificio, es el de-sarrollo de las acciones y como Von Trier expone su nihilismo. La capacidad de poner al espectador a prueba con interminables disertaciones sobre poder y la manipulación al conseguirlo raya en el insulto. Peor aún, es horriblemente aburrido.

Kidman es Grace, una mujer sola en la mitad de Colorado que corre de la mafia. Necesita refugio y aboga al bachiller diletante del pueblo Tom Edison (Paul Bettany) para que se esconda en el pueblo. Después de considerarlo con el resto del pueblo en la iglesia local, el pueblo accede a brindarle consuelo a cambio de que Grace trabaje para sus habitantes, con una rígida diaria faena.

La humanidad del pueblo se pone de manifiesto cuando el local “sheriff” coarta al pueblo para entregar a la fugitiva a riesgo de ir a la cárcel también. Para compensar la difícil situación en que Grace ha puesto a estos simples habi-tantes, ellos se sienten en la libertad de abusar a su refugiada. El abuso va desde la vejación sexual hasta el encadenado a una piedra por casi la tercera parte de la película.

Kidman soporta el castigo con la audacia de sus últimas interpretaciones. Su energía pasivoagresiva prevee el final, el cual es esperado y resulta casi tan artificial como la puesta en escena. El resto del elenco es de primera línea, todos profesionales y astutos en los ajustes necesarios para adaptar su estilo hollywoodense. Destaca como siempre Patricia Clarkson, contemplativa pero fiel a la noción de las mujeres de Von Trier, todas a punto de estallar. Los hombres son pusilánimes, ignorantes o crueles, desdibujados a propósito sin la necesidad de explicarse más allá. Paul Bettany es un actor cerebral que goza del diálogo con pasión ilimitada. Su contrastante interpretación aquí reverbera su talento, a pesar de que el resultado sea tan insensato.

Varios coincidirán en que esta es una obra maestra. La mente que la contruyó podrá serlo, pero su visión como entretenimiento de primera línea es tan dolorosa como el castigo que Gibson le dió a Cristo en su Pasión.

Dogville
Con: Nicole Kidman, Paul Bettany
Dirigida por: Lars Von Trier
Clasificacion: R
Chiles: 0 de 5

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