April 9, 2004

Comentario

10/11

Por Andrés Lozano

Anteriormente, afirmé que Canadá y México son blancos blandos potenciales para el terrorismo. Colindantes con EUA, más fuera de su territorio, no provocarían reacción militar americana. Aparte, esos intentos ocurrirían en medio de la campaña electoral del 2004, de ahí el título 10/11. Creo la prioridad de Al Qaeda y organizaciones terroristas análogas es dislocarlas. Dislocarlas en el sentido de provocar un vuelco favorable Kerry y derrotar al mayor número de candidatos republicanos. La lógica es impecable: La administración de GWB tiene guerra declarada contra el terrorismo en todas sus formas, lo ha derrotado en forma contundente en Afganistán e Iraq y lo trae a salto de mata. Entre tanto, el enfoque de Kerry se reduce a criticar el esfuerzo antiterrorista del presidente. Cualquier Juan, Pedro o Francisco terrorista encara una opción clara: Cuatro años más de Bush los aplastaría en tanto Kerry una administración de Kerry podría ser menos resoluta.

Acciones terroristas exitosas en el exterior pueden debilitar la determinación de electores indecisos a seguir apoyando la acción presidencial y apoyar el estilo indeciso de Kerry. Después de todo, ¿acaso los conservadores británicos no prefirieron el apaciguamiento de Chamberlain a la determinación de Churchill hacia Hitler? De nueva cuenta, la lógica es impecable. Por ello, desde la óptica de los terroristas, el enfoque correcto es alcanzar este objetivo al menor costo posible y entran Canadá y México en escena.

Canadá cuenta con sustancial población musulmana entre la cual quizá ya hay células pasivas en espera de activación para perpetrar desmanes domésticos. Pruebas de impunidad terrorista en Montreal y Toronto pueden enviar escalofríos al sur de la frontera e inhibir el apoyo presidencial de electores en estados indecisos del norte y el nordeste, una especia de síndrome español repetido. En una elección disputada los votos combinados desde Wisconsin hasta Maine pueden ser claves para una victoria de Kerry. Por ello, la tentación de actuar para los terroristas está cargada de promesas para ellos y los demócratas. Desde luego, un atractivo adicional de este rumbo sería presionar las relaciones Canadá-EUA en un momento cuando la clase política canadiense se encuentra en contradicción y, en las palabras de Churchill: “Alimentando al cocodrilo con otros en espera de ser el último devorado”.

México debe ser el blanco más blando disponible soñado por terroristas. Aparte de la facilidad de acceso y libertad de operación, el gobierno mexicano está en estado amnésico permanente y espera que nada suceda en vez de actuar para evitarlo. La indecisión es la divisa de la política mexicana desde la llegada de Cortés. Por esto, la ciudad de México y Tijuana son objetivos terroristas principales con grandes efectos de reverberación. Exacto lo buscado por terroristas. Ambos objetivos brindan impunidad y carencia de servicios de defensa civil y aseguran el mayor daño al menor costo: ¡Más estruendo por peso invertido! En forma unánime los políticos mexicanos culparían a GWB por los sucesos y los medios mexicanos disfrutarían de un día de campo. Siempre se agradecen oportunidades para desviar, brevemente, la atención del público de la interminable telenovela política. En el caso de Tijuana enviaría temblores inmediatos a través de la frontera y, como en el escenario canadiense, ladearía votos de indecisos timoratos a favor de los demócratas. Ominosamente, un porcentaje elevado de votantes hispanos favorece a Bush, cambiarían sus intenciones de voto en California, Arizona y Nuevo México.

En cuanto a dividendos terroristas, la acción canadiense podría rendir como fruto hasta 170 votos electorales para Kerry y en el escenario mexicano hasta 70. Es decir, 240 de 270 votos electorales necesarios para asegurar la presidencia. ¡Nada mala la cosecha por una jornada de maldad! Por eso, el asunto no es si habrá intentos, sino como frustrarlos.

Idealmente, para erradicar el terrorismo, el mejor enfoque es mediante política bipartidista. Por desgracia, Kerry y los demócratas son tibios en el mejor de los casos cuando no de plano antagonistas de una política antiterrorista sensata con escasos resultados electorales para ellos en el corto plazo. Su indeciso apoyo a la guerra contra el terrorismo erosiona el apoyo a Bush con el desafortunado efecto colateral de poner a EUA en peligro. Mas esta no es su inquietud, al menos de momento. Por ello, la nación encara dos amenazas terroristas simultáneas.

La opción disponible para la administración es una y cargada de riesgos: Alertar en forma pública a los gobiernos de Canadá y México del riesgo existente y lograr lo reconozcan en forma pública también. O al menos establecer que fueron advertidos con anticipación. Evaporado el efecto sorpresa, los terroristas quizá piensen de nuevo su estrategia y no lastimen a canadienses y mexicanos.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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