April 08, 2005

Comentario:

Los Vigilantes y el Neoliberalismo

Por Humberto Caspa, Ph.D

Los Mimutemen o vigilantes del desierto de Arizona, más que supuestos colaboradores del servicio de migración, son pequeños estorbos del mercado de un proceso de la globalización de la economía que empezó en la década de 1980 (periodo neoliberal).

El problema migratorio, mismo que los vigilantes dicen resolver, no se origina en los países latinoamericanos, sino en Washington. En vez de estar padeciendo de sed en el desierto, sufriendo quemaduras del sol, los vigilantes deberían estar en la Casa Blanca y al frente del Banco de la Reserva Federal, convenciendo al Presidente Bush y Alan Greenspan, respectivamente, que cambien su postura económica ortodoxa de libre mercado (neo-liberalismo).

En este sentido, la disyuntiva de los “indocumentados” hay que verla con una lupa, si es posible con un microscopio, para ver con claridad en donde se gestan estos problemas. De lo contrario, como ocurre tantas veces, estaremos inculpando a las víctimas por una situación que nunca cometieron.

Este problema, como otras cuestiones políticas y sociales, tiene vertientes económicas. Un sabio de la economía clásica dijo, “parte de los humanos somos mercancías vivientes. Nos movemos de acuerdo a donde nuestra fuerza de trabajo es más remunerable.” Esta lógica de la economía tiene más rigor y sentido hoy con el nuevo paradigma de la globalización económica que empezó en la década de 1980s.

En dicho periodo, los países latinoamericanos, por exigencias del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y sobretodo por presión de Estados Unidos, emprendieron una marcha hacia la economía ortodoxa de libre mercado (neoliberalismo).

Los resultados positivos del neoliberalismo a niveles macro económicos fueron los siguientes. Por una parte, el producto interno bruto (PIB) aumentó; y por la otra, las tasas de inflación bajaron notablemente. Se puede decir que desde el inició de las políticas neoliberales, la mayoría de estos países han tenido una estabilidad monetaria aceptable.

Sin embargo, las repercusiones del neo-liberalismo no han sido tan rescatables a niveles micro económicos. Por ejemplo, los índices de pobreza aumentaron considerablemente con relación al periodo estatista (1940-1980); el desempleo también está de picada; el crimen y las organizaciones delictivas se diseminaron por todas partes. Por eso, tanto en México como en otros países de América Latina es frecuente escuchar, a través de los medios de comunicación o del chisme, informaciones de raptos y otras operaciones delictivas.

Con la apertura de mercados, las fuentes de trabajo en esos países también se redujeron. Es decir, a medida que los productos del Occidente y especialmente de Asia (China) lograron insertarse en sus mercados, muchas empresas locales no lograron competir con los precios relativamente bajos de los productos de estas empresas extranjeras.

En consecuencia, muchos empezaron a desaparecer del mercado. Algunas resolvieron entrar en bancarrota u otras simplemente fueron absorbidas por las empresas trans-nacionales. De modo que muchos trabajos, especialmente aquellos dependientes de las empresas para-estatales, empezaron a desvanecerse.

El nuevo sector empresarial del periodo neoliberal, en vez de invertir capital en el sector productivo y crear fuentes de trabajo en los rubros de bajos ingresos, prefirieron hacerlo en el sector financiero, en la bolsa de trabajo, bonos nacionales e internacionales.

En estas circunstancias, en medio del caos que trajo las políticas ortodoxas de mercado, las poblaciones latinoamericanas empezaron a buscar afanosamente otros mercados para suministrarse de empleos.

El mercado estadounidense es el más idóneo para ésta ola de desempleados. Tal vez no el más redituable, pero sí el que ofrece algunas mejores esperanzas de vida.

Las medidas austeras del gobierno de George W. Bush en torno a la inmigración indocumentada evidentemente afecta a las personas que buscan el sueño americano. No son, sin embargo, una barrera invencible para los que están al borde de la desesperación. Muchos continuarán viniendo, haciendo caso omiso a las restricciones legales y a los aparentes vigilantes del desierto.

El trabajo voluntario de este contingente de controladores civiles es, tal vez, natural debido al creciente número de indocumentados que arriban a este país. Sin embargo, su proceder es fortuito, temporal y no resuelve nada. En vez de cumplir una tarea positiva y constructiva, se hacen identificar como elementos intolerantes y racistas. El punto de partida de sus protestas debería centrarse en Washington, o esperar a los procesos electorales y votar por líderes moderados que se opongan al neoliberalismo salvaje.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de Economía Política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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