April 08, 2005

Vienen Por Lana, Terminan Trasquilados

Por Eduardo Stanley,
Pacific News Service


FRESNO, CA—En el año 2000, el reporte titulado “Sufriendo en los Campos de la Abundancia: Experiencias de los Trabajadores Ovejeros en el Valle Central de California”, generó amplias discusio-nes. El documento, producido por la agencia Servicios Legales de California Central, dió a conocer las condiciones laborales y de vida de los trabajadores temporales que cuidan ovejas.

“Trabajan aislados de otras personas, carecen de transporte, baño, agua potable, calefacción, electricidad o refrigeradores”, dijo el abogado Chris Schneider, director del proyecto, resumiendo los hallazgos del reporte del 2000. “Durante los tres años del contrato viven en una casita rodante dila-pidada”.

Los ovejeros están dedicados a su trabajo las 24 horas del día, siete días a la semana durante todo el año. Entonces, la totalidad de los ovejeros entrevistados declararon que no asistían a reuniones, cine o ninguna otra actividad colectiva. Sus patrones les alcanzan comida y agua una vez a la semana. Debido a las altas temperatures del verano californiano, el agua almacenada en contenedores expuestos a la intemperie, se pudre rápidamente.

Debido al impacto del reporte y a las presiones subsiguientes, la legislatura estatal aprobó una ley en 2001 destinada a mejorar esas condiciones laborales. Primeramente, se estableció un ajuste salarial: de $900 aumentó a $1,200 mensuales en forma escalonada, y se estableció que los ovejeros que desempeñen otras labores tendrían que recibir pago extra. Se buscó equiparar las condiciones de trabajo en relación al código laboral. Pero sus características hacen difícil cualquier control.

Los ovejeros se mueven de un lugar a otro, siguiendo al rebaño. Y con ellos van las casitas rodantes. Pero las empresas parecen no comprender cómo, de igual manera, puede trasladarse un baño portátil. Ni cómo hacerle llegar inmediatamente al trabajador su correspondencia o proveerle algún medio de comunicación para casos de emergencia—como accidentes.

Porque éstos y otros ele-mentos fueron detallados en un nuevo estudio, a manera de seguimiento, realizado por la misma agencia. El nuevo documento, “Actualización de la Experiencia de los Trabajadores Ovejeros en el Valle Central de California”, fué presentado el pasado 30 de Marzo en Fresno. “Empezamos el estudio en 2004 para saber si se estaba cumpliendo la ley”, comentó Schneider.

Los resultados demuestran que no: el 91 por ciento de los ovejeros carecen de baños, el 68 por ciento no tiene forma de comunicarse, 41 por ciento carece de movilización, un nueve por ciento no tiene electricidad, y así sucesivamente. Los empleadores continúan con sus viejas mañas. “En diciembre pasado, el patron me llevó a cuidar las vacas pero me caí y una vaca me pisó, lastimándome”, dijo Tito Macha, un ovejero peruano de 39 años y residente en Bakersfield. Su empleador lo llevó a una clínica pero le insistió en que no dijera cómo se lastimó, “díles que te caiste del caballo”.

La razón para mentir, según Schneider, es que la ley del 2001 establece que si los ovejeros realizan otras labores, se les debe pagar extra. Y en éste caso, el patrón también podría ser multado. Casi el 80 por ciento de los ovejeros de California son de Perú—el resto son de Chile y México. Todos vienen con visa H-2A y contrato de tres años, renovables.

Una agencia localizada en Lima, Perú, se encarga del reclutamiento de pastores en ese país, “Pero no nos dicen cuáles son las condiciones, lo presentan diferente”, dice Macha. Cada pastor cuida entre 1,000 y 2,000 ovejas. Durante los meses del parto, trabajan unas 16 horas diarias. Los problemas de salud son constantes. “Tuve problemas del estómago y bronquitis, pero nunca me llevaron al doctor”, asegura Macha.

Debido a las características del trabajo, los ovejeros dependen casi totalmente de sus empleadores. “En el año 1977 me enfermé de Fiebre del Valle y el patrón quería cancelarme el contrato”, dijo Heraclio Astete, dirigente del Sindicato de Ovejeros de California, que representa a los casi 1,000 ovejeros residentes en el estado. “Tuve que entablar una demanda para recibir atención médica”. Ambos ovejeros afirmaron que la renovación de los contratos depende casi exclusivamente de la recomendación del empleador, quien casi siempre se molesta cuando el trabajador exige alguna mejora o realiza alguna queja.

“Lamentablemente, ésta es solo una muestra de la larga historia de abusos a los trabajadores huéspedes”, dice Schneider. “Como ejemplo tenemos el caso conocido de los Braceros” (Trabajadores rurales que vinieron de México por contrato entre 1946 y 1964 y a quienes aún se les adeuda el 10 por ciento de sus salarios, retenido como condición contractual para asegurar su regreso a México).

Actualmente, la administración Bush busca implementar una propuesta migratoria basada en un programa similar. “Este programa se llama de Trabajadores Huéspedes”, finalizó ironicamente Schneider.

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