April 6, 2001

Comentario

El Sueño de Timothy Mc Veigh

Por Pablo Padula

El próximo 16 de Mayo Timothy Mc Veigh va a cumplir su sueño dorado, y el más perverso de todos: transformarse en un martir de su causa. Ese es, sin duda, el máximo galardón que se le puede entregar a un asesino fanático como él.

La masacre del 19 de Abril de 1995 en el edificio federal de Oklahoma City no se diferencia en nada con los ataques suicidas perpetrados por fanáticos religiosos en Israel. Estos mártires que ofrecen su vida como un tributo a su causa son considerados santos por quienes comparten sus macabras ideas y son puestos en un lugar casi celestial para recordarlos como héroes de la causa.

Mc Veigh es esa clase de persona. El dice que actuó solo cuando le quitó la vida a 168 personas en el peor ataque terrorista de la historia de los Estados Unidos. Yo creo que esa es una gran mentira. Así como los terroristas islámicos aplauden y dan gritos de victoria cada vez que un loco suicida se "sacrifica" en un mercado o autobús en Israel, miles de norteamericanos festejaron con gozo el día que ese camión lleno de explosivos le quito la vida a 19 inocentes criaturas. Se me eriza la piel cuando pienso que Mc Veigh dijo que lo único que lamenta es que no destruyó el edificio por completo.

Es altamente improbable que un hombre solo, con la ayuda de un amigo, pueda haber causado tanta destrucción. Ya nadie duda que en los Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, existen células terroristas que comparten las ideas de este asesino. Ellos fueron quienes ayudaron, al menos ideológicamente, a perpetrar el atentado.

Y si ejecutan a Mc Veigh solo lograrán elevarlo al nivel más alto dentro del movimiento anti-gubernamental, el de martir por la causa.

Por eso el gobierno no debería ejecutarlo el 16 de Mayo próximo. Yo tengo una idea mejor que les contaré más adelante.

El dice en un libro publicado hace pocos días que su intención era provocar una guerra interna dentro del país. ¿Quién pelearía en esa guerra? ¿Será que Mc Veigh imaginaba que las milicias iban a interpretar la explosión como una señal de que era el momento para tomar las armas? ¿Cómo? ¿Aprovecharán la confusión y el humo para atacar la Casa Blanca?

Lo cierto es que nada pasó luego del 19 de Abril, solamente que el mundo tuvo la opor-tunidad de verle la cara al peor asesino que haya nacido en este suelo. Un asesino de niños, a quienes consideró un "daño colateral".

La bomba que explotó en el edificio federal Edward Murrow fue una cobarde venganza en el aniversario de lo ocurrido en Waco y en Ruby Ridge. No fue para comenzar una guerra.

Los conspiradores sabían perfectamente que allí había niños, a pesar de que Mc Veigh dice en el libro que si lo hubiera sabido quizás hubiese elegido otro lugar para realizar el ataque. Esa es sólo una pequeña muestra de arrepentimiento de un monstruo enjaulado. En Waco murieron niños y en Ruby Ridge también. ¿Les parece una casualidad?

¿Cuál es el castigo que se merece Mc Veigh? Permitan que las familias de las 168 víctimas lo visiten, que le muestren fotos con los rostros de sus víctimas para que sufra la tortura de los sentimientos.

Dénle una hora a cada uno para que le cuenten como cambiaron sus vidas a partir de ese horroroso día. Que vayan los hijos, las viudas, los padres, las madres, los amigos a visitarlo y que cada uno le cuente con lujo de detalles que clase de monstruosidad cometió.

Y luego déjenlo vivir con ese recuerdo por el resto de sus días. Ese es el mismo calvario que deben soportar los familiares de sus víctimas.

¿Por qué permiten que Timothy Mc Veigh se salga con la suya utilizando una inyección letal que ni siquiera es dolorosa? ¿Qué clase de justicia es esa? Si a él no le importó la muerte de tantas personas, incluyendo 19 inocentes criaturas, ¿por qué le va importar la suya?

No es casualidad que él quiera que lo ejecuten lo antes posible. Así podrá escapar cobardemente sin pedirle disculpas a nadie. Y como si eso fuera poco, habrá miles de personas que celebrarán su muerte como si se tratara de un héroe de guerra.

En lugar de ponerle veneno en sus venas, deberían clavarle 168 lágrimas con forma de puñales en su helado corazón y dejarlo sangrando por el resto de su vida.

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