April 4, 2003

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Diego Alvarez

Los costos de la guerra

Hoy, cuando el mundo entero se encuentra sumido y perplejo en una guerra frenética y sangrienta, en la que los medios de comunicación de cada bando se preocupan porque la opinión pública se convenza de cuál es la verdadera “realidad”; los costos de la guerra siguen remontándose a cifras astronómicas, en las que necesariamente debe incluirse el daño en la sociedad civil iraquí.

Las guerras son duras, son salvajes e impredecibles. Esta, una guerra que comenzó a pesar de las negociaciones que se llevaban a cabo en las Naciones Unidas, es una guerra que aún no ha cobrado ni la mitad de las víctimas.

Hemos visto en diferentes medios el rostro cruel y despiadado de la guerra; hemos visto soldados muertos en combate, soldados que luchan una guerra en la que se trata por la fuerza de imponer libertad y democracia.

Pero mientras en el congreso de los Estados Unidos se debate la aprobación de más dinero para la guerra, muchos soldados siguen entregando sus vidas.

Pero, ¿qué pasa con el otro bando? ¿Acaso no importan los cientos de vidas sacrificadas de hombres, mujeres y niños inocentes, de lo cual poco se informa en los medios regulares?

El sentido patriótico, el amor por la bandera y por los valores nacionales, son los mismos valores que hay que observar para que la otra cara de la moneda no sea ignorada. No podemos simplemente ignorar que muchas muertes ocurren dentro de la sociedad iraquí. Muertes causadas por armas de la coalición, y no por ello deben ser vistas sólo como marcadores para decidir quién va ganando, como si se tratara de un juego infantil en el que quien mas bajas tenga, mas puntos gana.

Los costos de la guerra también se traducen en muerte y destrucción, en niños huérfanos, mutilados; en personas agonizantes, desplazadas; en gente que lo ha perdido todo.

No en vano hemos visto en los medios de comunicación, que la presencia de la coalición en Irak no ha sido recibida con pañuelos y gritos de júbilo. Nada de eso se ha visto. Algo contrario a lo esperado y anunciado por el Secretario de Estado, Colin Powell.

Y el mundo entero responde, ante la posibilidad de que la guerra continúe por más tiempo del que se esperaba, y siga cobrando víctimas en una carrera desenfrenada.

Una carrera contra el terrorismo que desvió de repente su objetivo inicial: La persecución en Afganistán de Osama bin Laden y su grupo Al Qaeda. Desvío producido por la “manipulación de nuestros miedos” según un diario de San Francisco.

El costo de la guerra es alto. Según expertos economistas, dentro de los 75 billones que el presidente Bush solicitó al gobierno, no se tuvieron en cuenta los cientos de millones de dólares que costará la reconstrucción de Irak. Algo que afectará el bolsillo de todos.

El mismo Kofi Anan, presidente de Naciones Unidas pidió a los miembros del consejo de seguridad realizar esfuerzos de común acuerdo para otorgar a la población iraquí, la ayuda necesaria para suplir las necesidades básicas.

Un reporte de ese organismo calculaba que medio millón de personas podrían requerir de atención médica, decía el periódico Brithish Daily Guar-dian hace unas semanas. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud estimaba que 100.000 civiles podrían resultar heridos; mientras que otros 400.000 podrían enfermar debido a situaciones sanitarias post-guerra, y falta de alimento. Según Naciones Unidas, 16 millones de iraquíes dependen de programas mensuales de distribución de la canasta básica que provee el gobierno, misma que sería interrumpida durante la guerra.

Las guerras son crueles, y no podemos deshumanizarnos simplemente contando el marcador de cadáveres, sin hacer caso al sufrimiento humano. Los soldados que caen en el frente de batalla y los civiles que mueren debido a la guerra son el costo más elevado que ninguna nación debería estar dispuesta a pagar.

Envíe sus comentarios a columnavertebral@hrn.org.

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