April 2, 1999


Doblan Las Campanas — Para Los Serbios, La Historia Se Repite Mientras Nuevos Enemigos Desafían Su Existencia

Editor's Note: Seis siglos atrás, el Imperio Turco conquistaba el imperio serbio. Algunos serbios se fueron hacia el Islam, otros al Catolicismo Romano, pero muchos-en su mayoría monjes y pastores-se mantuvieron fieles a sus creencias en la iglesia ortodoxa y a las memorias del imperio serbio. Para estos serbios, el bombardeo de las fuerzas de EE.UU y la OTAN es simplemente el más reciente de una serie de esfuerzos por privarlos de su herencia.

Por Franz Schurmann
PACIFIC NEWS SERVICE

Todos los serbios conocen la historia de la Batalla de Kosovo Polje, el "campo de los mirlos". En junio de 1389, las fuerzas de dos imperios -el serbio y el turco-se enfrentaron en una batalla feroz. La flor de la juventud serbia y turca perecía. En su desesperación, el príncipe serbio Lazar fingió pasarse a las filas turcas. Una vez en la tienda del sultán Murad, lo acribilló hasta su muerte. Lazar fue rápidamente asesinado.

A pesar de las inmensas pérdidas, los turcos ganaron; crecieron incesantemente hasta llegar a la cumbre de su imperio, mientras el imperio serbio se desmoronaba poco a poco. Los serbios huyeron hacia las colinas, donde, en los cuatro siglos siguientes, cuidaron rebaños de ovejas. Sus ciudades y pueblos se llenaron de toda clase de extranjeros y los esbeltos alminares del Islam crecieron en miles.

Muchos serbios se convirtieron al Islam. En Bosnia especialmente, grandes familias musulmanas prosperaron. Más hacia el norte y el oeste se hicieron católicos, donde disfrutaban de la protección del creciente imperio austríaco. Sus descendientes, ahora llamados bosnios y croatas, no tienen reivindicaciones tan antiguas.

Los serbios sí.

Bien arriba en las montañas, especialmente en la región de Kosovo, quedaron hermosos monasterios cristsano-ortodoxos. En menos de un siglo, parecía que todo lo que había quedado del orgulloso imperio eran monjes y pastores -y la memoria de los días gloriosos de Stefan Dushan.

Algunas décadas antes de Kosovo Polje, Stefan se había autoproclamado César: Zar, en las lenguas eslavas. Intervino, porque lo que quedaba del imperio romano en Constantinopla se había degenerado hasta convertirse en un enclave en ruinas. Stefan prometió proteger la cristiandad ortodoxa, no sólo de los turcos paganos, sino también del intrigante papado. Después de Kosovo Polje, los monjes mantuvieron vivo ese recuerdo.

Pero cuando las fuerzas se encontraron en Kosovo Polje, había guerreros cristianos aliados con los guerreros del sultán y guerreros musulmanes aliados con Lazar. La pura lucha entre los reinos divino y terrenal estaba mancillada por la política. Lo que le dio la victoria a los turcos en aquel tiempo fue una política mejor que la de los serbios.

Los pastores de la montaña, organizados en clanes, mantuvieron viva una promesa de venganza y la transmitieron a lo largo de generaciones, a tal punto que un observador europeo afirma que "la venganza por Kosovo Polje ha sido el objetivo principal de la política serbia de este siglo". A principios de los años 1800, los nobles serbios y sus guerreros chetnik consiguieron finalmente su estado. La victoria en la Primera Guerra Mundial les devolvió su imperio bajo la forma de la nueva Yugoslavia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Tito gobernó Yugoslavia como Zar, al igual que Stalin en Rusia.

Slobodan Milosevic, quien tomó el poder a fines de los años '80, fue un astuto operario comunista. No le fue difícil adquirir una nueva ideología. Revivió la religión de los monjes, la cristiandad ortodoxa, y no encontró dificultad alguna en injertarle un nacionalismo en busca de venganza. Pero esta vez -al contrario de la situación en ambas guerras mundiales-Serbia no ha logrado apoyo alguno desde fuera; ni siquiera, en realidad, de Rusia, que ha estado empantanada en sus propios problemas.

Tras espantosos crímenes, los serbios perdieron en Bosnia y vieron instalarse un nuevo imperio. Este nuevo imperio no tiene nombre, pero es estadounidense, y sus fuerzas combatientes son la OTAN, con un mando que viene del norte y otro que viene del sur. Para muchos serbios, este nuevo enemigo se parece a un híbrido de los imperios turco y austríaco.

Mientras los misiles y aviones de la OTAN descargan sus bombas sobre blancos "militares" serbios, muchos serbios deben estar preguntándose si esto va a convertirse en otro Kosovo Polje.

Franz Schurmann, profesor emérito de Historia y Sociología en la Universidad de California, Berkeley, es autor de numerosos libros sobre asuntos internacionales.

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