May 29, 2009

Comentario:

Sin mala intención

Por José R. Uzal

Yo nunca he conocido a nadie que no quisiera poder hablar inglés. Es un idioma breve y eficiente. El mundo entero es o quiere ser bilingüe en inglés. Los niveles de competencia varían pero la habilidad del mundo en comunicarse en inglés está vigente y en aumento. El hablar inglés en ciertas sociedades es una carrera, como lo es ser hombre, ser blanco o ser nativo. La ausencia de cualquiera de estas cuatro características asegura una vida de lucha derribando barreras para sobrevivir.

Ahora bien, el único lugar del mundo donde el idioma inglés está en peligro de desaparecer, según algunos nativos, es Estados Unidos. Aquí no solo demandan que hablemos inglés, pero quieren que las empresas que buscan nuestro patrocinio no usen otro idioma para comunicarse con nosotros. Demandar el uso del inglés se ha convertido en un arma política contra los extranjeros. El propósito no es defender el idioma nacional. El propósito es eliminar cualquier otro idioma que ellos no entiendan.

El problema con los idiomas es que no se enseñan, como se enseñan un par de piernas firmes, o una cara bonita. No, los idiomas hay que aprenderlos, como se aprende un poema o una canción y ahí está el problema. El aprender depende de la habilidad, edad y destreza de cada uno. Muchos entienden el inglés pero al tener que abrir la boca para expresar una idea, la mente, como un televisor antiguo, pierde la señal y se queda en blanco. Otros son personas mayores con limitadas habilidades cognitivas. Algunos son turistas que vienen a gastar dinero.

Todos los que aprendimos inglés a palos, hemos sufrido el pánico producido por no saber como pedir algo en un establecimiento o no poder leer las etiquetas en el supermercado. Nuestros hijos no pasarán por eso. Los que demandan que hablemos inglés, sin importarles la razón por qué no lo hablamos, deben saber el terrible secreto que todos los extranjeros pierden, poco a poco, el uso de su idioma y comienzan a usar anglicismos.

Aquellos que demandan que hablemos inglés sin tomar en consideración lo antes expuesto, son generalmente mono-lingüistas ineptos, ya que si hablaran algún otro idioma correctamente, comprenderían lo difícil que es dominar otro idioma. Después de llegar a hablar el nuevo lenguaje nos queda el acento. El acento producido por la inhabilidad de la lengua de posarse en el lugar correcto a menos que se preste atención. El acento asegura que aunque nuestro vocabulario en inglés sea extenso, nuestra procedencia sea evidente.

Nadie ha definido con certeza cuando una persona habla un idioma. Los turistas lo hablan con un diccionario en mano, los hombres de negocio lo hablan cuando tienen la motivación pecuniaria y los filósofos lo hablan a un nivel idiomático más alto. La tabula rasa más cercana para medir la competencia en un idioma es cuando se comprende su humor. Si nos reímos de los chascarrillos en inglés, es evidencia de que en realidad somos bilingües.

Todos queremos y debemos hablar inglés. Todos los americanos quieren que hablemos inglés pero primero son ellos los tienen que decidir cuáles son los parámetros que definen lo que debemos aprender y en que momento y a que nivel se nos tildara de ser angloparlantes. Si hay millones de nativos que hablan un inglés atroz, no es justo que se nos culpe de no hablar el idioma perfectamente.

Nosotros los Hispanos estamos consientes de que tenemos que hablar inglés pero también sabemos que no tenemos que dejar de ser bilingües. En esta nación para inmigrantes el ser bilingüe es considerado una traición y el ser políglota un delito mayor.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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