May 22, 2009

Análisis

Miguel de la Madrid...

Por Dagoberto Márquez

( Primera de Dos Partes )

Estimado lector, Fina lectora, los acontecimientos de la semana pasada obligan a revisar qué pasa exactamente en torno de una situación a todas luces compleja, toda vez que declaraciones o expresiones dichas en voz de un personaje como el ex presidente nos llevan a reflexionar en lo complicado y difícil que es ejercer el poder. La entrevista difundida por la periodista Carmen Aristegui fue objeto de todo tipo de exámenes e incluso de descalificación. Carmen Aristegui entrevistó al ex mandatario un mes atrás y de acuerdo con lo informado, de común acuerdo en el domicilio del ex presidente allá en la Ciudad de México, en Coyoacán, Distrito Federal. La charla se prolongó por hora y media y al margen de que el entrevistado haya dado muestras de cierto cansancio, su voz pareció normal, natural, algo común si nos atenemos a que a pesar de su edad se trata de un hombre de temple, de uno fuerte que condujo los destinos del país en una época particularmente compleja donde la devaluación del peso, la crisis financiera y la corrupción en el gobierno había significado un duro golpe para las finanzas y para la vida nacional.

Miguel de la Madrid Hurtado fue el candidato del PRI a la presidencia de la República cuando finalizaba el sexenio de José López Portillo. Su asunción al poder se dio en diciembre de 1982 para concluir 6 años después. MM había sido secretario de Programación y Presupuesto no obstante su condición de abogado. Era la época del partido hegemónico, donde el partido era “El partido” y todo lo demás era sólo “La oposición”, es decir, la época donde a pesar de que existía Acción Nacional y el PSUM (antes PCM), además de pequeños partidos políticos, “El partido” era “El partido”, es decir, la organización política por excelencia, el único que gobernaba en todos los frentes lo cual hizo por espacio de mucho tiempo, desde concluida la Revolución Mexicana prácticamente para que me entienda usted. Con MM culminó de alguna manera el monopolio del poder visto éste desde la perspectiva del México nacionalista y post revolucionario, iniciándose así la del México moderno y de actualidad donde la apertura se profundizó, abriéndose paso a la disparidad, a la verdadera lucha por el poder, a la que conocemos hoy lo cual tuvo su simiente con la rotura de lanzas encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo, Ignacio Castillo Mena e Ifigenia Martínez quienes tras inspirar y crear la Corriente Democrática del PRI, crearon más tarde el FDN, es decir, el Frente Democrático Nacional, la unión (alianza) de partidos políticos que más tarde y gracias a la generosidad de Heberto Castillo, quien entonces encabezaba de una u otra forma al PMS, dio vida al a veces acertado y justo y a veces errático y confuso PRD.

Miguel de la Madrid fue un presidente serio, un hombre netamente del sistema pero un presidente serio, eso creo en lo personal. Durante su mandato era innegable la existencia de las instituciones y mucha gente lo reconocía como “el jefe” de las mismas por su condición de presidente de la nación. Si recordamos correctamente podremos no negar que durante su sexenio, a pesar de la aguda contracción en materia económica, donde la inflación no contenida hizo añicos al peso, lo cual ya venía realmente desde antes y empeoró después, las instituciones gozaron de un apoyo tal vez sin igual, insertándonos en una era si bien no de bonanza, sí de estabilidad estructural, consolidándose así toda una serie de programas y reforzándose acciones que daban viabilidad y garantía al accionar nacional. De esa manera, secretarías de Estado, organismo públicos descentralizados y empresas federales tuvieron consistencia y presencia como nunca más tal vez. Políticamente hablando y a pesar de la discrepancia mostrada al interior del priísmo, con MM se abrió paso a la tolerancia, a la tolerancia política que de una forma o de otra permitió la diversificación, la diversificación política ahora conocida ideológicamente como pluralidad. Lógicamente esto no fue fácil pues se transitaba de un modelo en esencia nacionalista para pasar a uno más democrático, más amplio, equilibrado y justo que de alguna manera permitió que se abriera el juego de las ideas hasta colocarnos en una situación donde la libre manifestación de las mismas se consumó. Algo que don Jesús Reyes Heroles previó tiempo atrás. El de MM fue un gobierno que se caracterizó por muchas cosas, entre otras por ser en ése el cual donde en la lectura de un informe de gobierno se dio paso a la interpelación, a la interpelación política en la mismísima Cámara lo cual era impensable tiempo atrás.

Pero las cosas no fueron ni sencillas ni en automático, y no lo fueron porque si bien en esa época todavía se alzaban con el triunfo, a MM le tocó gobernar a un país empobrecido, a un país donde vía cierta corrupción se amasaron grandes fortunas merced a cierta indolencia y complicidad, a un país donde el saqueo fue galopante al grado de que su antecesor mostró hasta “coraje” cuando gritó “Ya no nos volverán a saquear”. José López Portillo se refería al acto de saqueo de dinero fuera del país lo cual exprimía las finanzas nacionales lo cual condujo todo a su estatización. Me refiero a la nacionalización de la banca, un elemento de corte político que permitió centralizar decisiones pero a la vez cierta burocratización, algo bueno desde un cierto punto de vista pero algo malo a la vez porque se convirtió a los bancos en extensiones de gobierno y tal cosa daba al traste con las expectativas en materia económica si se veían estas con la óptica de la modernidad mirada ésta desde la lógica del desarrollo capitalista internacional. Para acabarla de amolar, al gobierno de MM le tocó enfrentar los sismos del 85, sí, el terremoto del 19 de septiembre de 1985 y su secuela del día 20, los cuales destrozaron buena parte de la infraestructura en la capital del país y por lo cual a MM se le criticó injustamente dado que la sociedad se organizó en forma rápida, rebasando de alguna manera al gobierno federal en materia de rescate de la población.

Estimado lector, Fina lectora, Miguel de la Madrid, despojado de prepotencia y de ínfulas de poder, algo que no suele verse en el hombre convertido en presidente de la República en éste país, admitió, en su momento, en los días llenos de dificultad que como mandatario le tocó vivir, que, en relación con el terremoto y su réplica en septiembre de 1985, la tragedia ocasionada por las fuerzas de la naturaleza le había rebasado como al jefe de las instituciones que era en ese momento, la cual fue la primera de las declaraciones insólitas en la vida moderna o contractual dichas por voz propia por un gobernante de esa talla en esté país. Esas alusiones, cuestionadas por quienes cuestionan todo pero no aportan nada, o casi nada a este país, fueron pronunciadas por un hombre sincero que se esforzó por llevar adelante a la nación, así lo veo yo aunque tal vez discrepe usted.

Todo esto viene a cuento porque, las palabras de los hombres, las palabras del hombre, del hombre o de la mujer, dichas bien o dichas mal, encuentran significado en función de un contexto y es esto lo que define su grado de perversión, de torpeza o de sinceridad. Todo esto como parte de un malhadado juego donde hay millones de seres humanos que transitan de la pobreza a la posibilidad, a la que en teoría todos tenemos derecho para hacer de nuestra vida algo mejor pero donde gobiernos van y gobiernos vienen y nomás nada, y nomás no, nos guste o no, a usted o a mí. La declaración de MM fue dada a Carmen Aristegui a mediados de abril, aunque por razones técnicas o por lo que fuere se acaba de divulgar.

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