May 15, 2009

Comentario:

Sierra & Tierra

Una Lección Tóxica

Por Javier Sierra

Al acercarse a cualquiera de las cuatro plantas petroquímicas que rodean la Escuela Secundaria César Chávez, se hace cada vez más claro el tintineo. Y al llegar a cualquiera de ellas, nos damos cuenta que el concierto de campanillas proviene de las cientos de etiquetas de aluminio adjuntas al laberinto de tuberías que forman las instalaciones.

Pero ésta música es lúgubre porque cada etiqueta marca un escape de alguna de las sustancias más tóxicas que se conocen. Además, cuanto más nos aproximamos a las plantas petroquímicas, más insoportable se hace el hedor a huevos podridos causado por las emisiones.

La escuela se encuentra en el barrio de Manchester, el más contaminado de Houston, la ciudad más contaminada de Estados Unidos. Cada año las diez plantas petroquímicas situadas en o cerca de Manchester emiten 1.9 millones de libras de contaminantes atmosféricos, más que en ningún otro lugar de Estados Unidos. Según un informe del Houston Chronicle, allá los niveles de tres reconocidas sustancias cancerígenas —1,3 butadin, benceno y cloroformo— sobrepasan con mucho los niveles máximos permitidos por el gobierno federal.

En la “Capital Mundial de las Fresas”, Watsonville, en la Costa Central de California, existe una escuela elemental predominantemente latina en el fondo de una hondonada prácticamente rodeada de campos de cultivo. Esos campos han fumigado con algunos de los pesticidas más tóxicos que se conocen, como el bromuro metílico, un conocido causante del cáncer. ¿Cómo se llama la escuela? Salsipuedes Elementary School.

Estas y muchas otras escuelas predo-minantemente latinas del país tienen mucho en común —todas se encuentran en lugares peligrosamente tóxicos que comprometen la salud física y mental de sus estudiantes.

Según un estudio del Centro para la Salud, el Medioambiente y la Justicia, en los estados de Massachussets, Michigan, Nueva Jersey y Nueva York hay medio millón de estudiantes en escuelas que están a sólo media milla de basurales tóxicos. Otro estudio en Texas develó que 200,000 estudiantes asisten a escuelas situadas a menos de dos millas de una planta química.

En nuestro país, una escuela puede construirse en cualquier lugar tóxico abandonado, y sólo siete estados prohíben la edificación de centros escolares en lugares tóxicos activos. En otras palabras, hasta hace unas semanas nuestro país parecía no tener remordimiento alguno de mandar a su más valioso recurso, sus niños, a estudiar junto a los desechos tóxicos de nuestra sociedad.

Y digo unas semanas porque fue el 31 de marzo cuando la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), rompiendo con ocho años de total apatía por parte de la administración Bush, finalmente anunció que estudiaría 62 escuelas de 22 estados para medir la toxicidad del aire que respiran sus estudiantes.

“Como madre, comprendo que los padres de familia se merecen recibir esta información tan pronto como sea posible”, dijo la Administradora de la EPA, Lisa Jackson, prometiendo que una vez que se sepan los resultados “se actuará de inmediato para proteger a nuestros hijos y sus escuelas”.

La decisión de la EPA se basó en un informe del diario USA Today publicado en diciembre, el cual develó que el aire que se respiraba en 435 escuelas de todo el país pareció ser más tóxico que el de una escuela de Ohio que se clausuró en 2005 debido a la inaceptable calidad del aire.

En más de la mitad de las escuelas investigadas, los estudiantes están en peligro de contraer cáncer y enfermedades respiratorias debido a la existencia de compuestos tóxicos. En siete de esas escuelas, se detectaron niveles muy superiores a lo que el gobierno federal considera seguro de metales pesados como el manganeso y el cromo, y sustancias cancerígenas como el benceno y el naftaleno.

“No basta con insistir en una mejor educación”, dice Juan Parras, un activista texano que lleva años tratando de relocalizar la escuela César Chávez de Houston. “Tenemos que dejar fuera de la ecuación escolar los venenos a los que están expuestos nuestros hijos”.

Y lo menos que todos les debemos en este mes en el que celebramos el Día de la Tierra, es aprender esta lección tóxica.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Visite www.sierraclub.org/ecocentro

Letters to the Editor Return to the Frontpage