May 1, 2009

México del Norte
Jorge Mújica Murias

Otro Premio al Idiotismo

Desde principios de año comenzamos a conceder Premios al Idiotismo a algunos personajes en Estados Unidos que no podrían apuntarle a la luna llena estando acostados de noche en una pradera, tan lejos están de la realidad.

La ganadora de esta ocasión es una legisladora del norte de Texas, Representante Estatal del Partido Republicano, y de nombre le pondremos, matarile rilerón, Beatriz Café.

No, en realidad no se llama así, sino que se llama Betty Brown, pero la traducción es precisamente el punto que le vale su Premio al Idiotismo.

Érase que se era una reunión del Comité Electoral de la Asamblea de Representantes en Texas, en la que Ramey Ko, representante de la Organización de los Chino-Americanos, presentó un testimonio en el cual se quejaba de que los chinos, japoneses y coreanos enfrentan un sin fin de problemas al tratar de votar y al presentar su identificación ante los funcionarios electorales, porque con mucha frecuencia sus nombres han sido distorsionados, tienen errores y diferencias de tipografía y en no pocas ocasiones se les pone el apellido como nombre y el nombre como apellido y demás.

La susodicha Beatriz Café, en su turno al responder a las inquietudes de Ko, resolvió la cuestión de golpe: “los asiáticos debían cambiarse los nombres y adoptar apelativos que los estadounidenses puedan entender”. Así de fácil.

Bueno, ni tan fácil, porque la legisladora se aventó todo un chorizo de explicaciones y razonamientos para su propuesta. “En vez de que todos tengan que aprender chino, lenguaje que entiendo que es muy difícil”, dijo, “¿no cree que les convendría a usted y a sus ciudadanos adoptar un nombre con el que nosotros podamos lidiar con mayor facilidad?”

Y le siguió: “¿No se dan cuenta de que sería mucho más simple para su gente y para los funcionarios de casilla que ustedes adopten nombres para identificarlos con los que los Americanos se sientan más confortables?

Por eso la cosa de Beatriz Café.

Los Little Brown Ones

No se que piense el lector, pero a mí se me hace que aquí hay varias broncas.

Por un lado, están los señalamientos de “su gente”, “sus ciudadanos” por un lado y “los Americanos” por el otro. A mí eso me suena a puro y simple racismo. No sabe la Beatriz que en Estados Unidos hay ciudadanos de una sola clase, y las ciudadanías no tienen apellidos. Quienes son ciudadanos, nacido en donde sea, aquí o en otro lugar del planeta y luego nacionalizados, son simplemente ciudadanos y puntos. En ningún lado hay “ciudadanos Americanos” diferentes de los “ciudadanos Chino-Americanos” o “ciudadanos Hispano-Americanos”.

Luego sigue la bronca real, la política, la de impedirle a los ciudadanos el acceso a las elecciones por los errores de una bola de gueyes que nunca han entendido los nombres de quienes usamos más de un idioma, Por ejemplo, como ellos no tienen, nunca han entendido que nosotros si tenemos mamá y también usamos su apellido.

Y luego viene la cuestión de la “dificultad” de los otros idiomas.

Parece pensar Beatriz que en este país solamente hay un idioma y que todos los apellidos “fáciles” son en ese idioma, síndrome del conquistador trasnochado que piensa que dominar un lugar cambia la cultura de todos los habitantes y todo debe ser traducido.

Brown viene del inglés antiguo brun, y quiere decir “tono de color entre el rojo y el amarillo”. Betty, pues, podría ser Beatriz Roja Opaca, o Beatríz Amarilla Oscuro. A la mejor en la próxima campaña electoral debía presentarse así para que sus electores chinos, japoneses y coreanos no la vayan a reconocer y le pongan la tunda que se merece.

Pero a la mejor no lo hace, porque particularmente en Estados Unidos esto del “brown” tiene otra connotación, bastante fregada, por cierto, y por lo menos una anécdota presidencial: siendo vicepresidente, en 1988, a George Bush padre se le ocurrió presentarle al presidente Ronald Reagan enfrente de los medios de comunicación, a sus tres nietos, hijos de Jeb Bush y una mexicana, como los “little brown ones (los cafecitos)” de la familia.

Esto dio lugar a que los activistas en contra de la discriminación, hiciéramos miles de botones que decían “this ´little brown one´ says NO to Bush (este ´cafecito´ le dice NO a Bush)”.

Así que Beatriz está amolada. No debía presentarse ni como Brown ni como Café a las próximas elecciones. Los electores simplemente no debían permitírselo, como parte de la lucha en contra del racismo en este país.

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