March 6, 2009

Comentario:

Se acabó la fiesta

Por José R Uzal

El consumismo está en cuidado intensivo y el pronóstico no es alentador. Los sectores públicos y privados están haciendo todo lo posible por salvarlo, pero no está reaccionando al tratamiento. Si el consumismo muere, nuestra sociedad como la conocemos hoy, desaparecería. El cambio sería profundo y el impacto nos afectaría a todos. Pero tenemos que prepararnos para enfrentar lo inevitable.

Imagínense una nueva sociedad sin consumismo, donde solo podríamos comprar lo que podíamos pagar en el momento. Una nueva forma de vida donde sería necesario ahorrar para adquirir lo que deseamos y nos limitamos a comprar lo que necesitamos.

Sin consumismo estamos mirando a un futuro sin crédito, sin la habilidad de consumir hoy lo que queremos sin preocuparnos como vamos a pagar en el futuro. Sería terrible tener que comer lo que estuviera en estación, cocinar lo que vamos a comer y visitar un restaurante en ocasiones muy especiales. La nueva version dantesca del purgatorio sería ver a una familia sentarse a comer juntos la comida que ellos mismo prepararon. La imagen del infierno sería un lugar donde no hubiera restaurantes de servicio rápido. No hay nada más horrible que imaginarse una sociedad donde tuviéramos que bajarnos de nuestros autos para comprar comida preparada.

Ahora bien si el consumismo muere sucederán cosas positivas. No llegarían en el correo ofertas de tarjetas de crédito, préstamos, facilidades de pago para comprar autos, seguros de todas clases a bajo precio y ofertas de financiamiento o líneas de crédito sobre nuestra plusvalía. El único correo que no llegará serán las facturas, las demandas judiciales y las publicaciones a las que no se le han terminado las subscripciones.

El consumismo está en peligro de morir debido a su vida de excesos y libertinaje. Se puede decir que como el SIDA el consumismo es producto de la forma de vida que practicaba. También podemos decir que todos contribuimos a ponerlo es la situación en que se encuentra. El monto de la deuda acumulada por los consumidores es igual al total del producto nacional bruto. En otras palabras debemos una cantidad similar a lo que producimos. Esto solo se vio anteriormente durante la depresión de los años 30.

El consumismo y la prosperidad que experimentábamos se alimentaba de la percibida plusvalía en las propiedades y en la facilidad de obtener una tarjeta de crédito

La fiesta se acabó. No fue solo Wall Street el que apagó la música. El gobierno, los bancos y los consumidores comparten la culpa de haber terminado la fiesta. Como el gobierno no produce nada más que gastos, la responsabilidad de limpiar después de la fiesta caerá en manos de los contribuyentes.

Los contribuyentes son también los consumidores y mientras estén contribuyendo no va a poder gastar, lo cual acelerará la muerte del consumismo.

Lo triste del caso es que la culpa de todo se la van a echar al totí.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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