March 6, 2009

Comentario:

¿Y dónde está el piloto?

Por Humberto Caspa

Los republicanos tienen un problema serio de identidad y liderazgo. A estas alturas no saben si seguir a su máximo jefe, Michael Steele, o unirse al grupo de ultra-conservadores liderados por el controversial locutor de radio Rush Limbaugh.

Si nos permitimos hacer una analogía entre la política y la música, Steele sería así como el director de baladas. En este tipo de danzas los bailarines sincronizan los pasos de una manera sofisticada, suave y siempre siguen las indicaciones de su director, aunque el estilo y la música resultan ser aburridos para la mayoría.

Mientras tanto, Rush Limbaugh se parece más al director de un grupo que baila rock pesado. El ruido ensordecedor de este género hace bailar a la gente de acuerdo a sus posibilidades de movimiento, sin un ritmo coordinado, se empujan unos a otros y cada uno hace lo que les da la gana.

Paradójicamente, en la vida real el Partido Republicano (GOP) presenta un panorama similar. Se encuentra en crisis y nadie sabe cómo sacarlo. El problema que le agobia tiene dos elementos importantes.

Por una parte existe una crisis de identidad. Después de la derrota en las elecciones de noviembre 2008, el GOP ha decidido mantener una línea moderada para mostrarse más “comerciable”. La elección del afro americano Michael Steele a principios de este año fue precisamente para motivar a los grupos minoritarios, particularmente a los negros y latinos, a que vean al GOP como un partido que produce alternativas de cambio.

Por otra parte, el problema también se suscita a nivel del liderazgo. A pesar de que Steele ha demostrado ser una persona amable e inteligente, le ha faltado carácter para someter a los grupos más retrógrados de su partido.

En este sentido, la base ultra-conservadora del los republicanos ha preferido seguir el liderazgo de Rush Limbaugh. Debido al espacio que le brindan los medios de comunicación, este locutor de radio ha vertido comentarios muy críticos contra la dirigencia de su partido por apoyar una agenda, según él, socializadora del gobierno de Obama. El proyecto socialista del Presidente afectará “el capitalismo y las libertades individuales del país”, dijo.

En un programa de televisión de CNN, Steele criticó la postura de Limbaugh, a quien consideró que se presta al amarillísmo político. “Limbaugh es simplemente un tipo intransigente, pertenece a los círculos del entretenimiento”, subrayó.

Los comentarios de Steele transformaron la dirigencia del GOP en un blanco perfecto para los ataques del locutor. Al final, Steele se disculpó. Empero al hacerlo dejó en entredicho su capacidad de liderazgo e implícitamente dejó la batuta de su partido en manos de uno de los personajes más radicales.

Mientras tanto, el gobierno de Obama mira feliz el desenlace cirquense que se gesta dentro de las filas republicanas. Al presidente le conviene que Limbaugh tenga mayor solidez, especialmente porque la mayoría de la población, particularmente el electorado nacional, tiene una posición política moderada y no se deja llevar por los comentarios baratos y radicales de algún politiquero como Limbaugh.

Mientras él continúe haciendo uso de su micrófono y siga teniendo influencia en su partido, Obama no tiene más que cruzar los brazos y mirar la gresca republicana. Una victoria sin hacer nada no le cae mal a nadie, ¿o no?

Dr. Humberto Caspa es profesor universitario. E-mail: hcletters@yahoo.com

Letters to the Editor Return to the Frontpage