January 30, 2009

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Primer Chaquetazo, Primero

Me recomiendan mis compañeros que me quieren bien, que deje de hablar mal de un tal Barack Obama, porque dicen que tiene un tremendo apoyo popular, y por su potencial de cambiar la situación que viven los Estados Unidos y p’al caso el resto del planeta. Pero mi terquedad se impone, mi irreverencia se mantiene, y la realidad real del tal Barack me hace continuar mi peligrosa tendencia.

Reconozco, es cierto, que Obama tiene un tremendo apoyo, que se vio en números alrededor y específicamente el 4 de noviembre del 2008. Olvídese de los votos, los números más importantes fueron las miles de personas que se movilizaron por todo el país y especialmente en los estados donde la competencia con McCain estaba más canija, y en los dineros.

Y ambos dos números, el de voluntarios y la lana, vinieron en su mayoría de los sindicatos gringos.

Los sindicatos en Estados Unidos, conocidos por todo el mundo como “uniones” porque acá el “sindicato” es más un término relacionado con la mafia italiana, “syndacate”, están más débiles que nunca. Organizaciones como el Sindicato de Automovilístas, que alguna vez representó a los millones de trabajadores de la Ford, General Motors y demás, tiene hoy menos miembros que los que tenía en 1934. Actualmente, se calcula que los sindicatos no tienen más de un 8 por ciento del total de trabajadores del país.

Aún así, son una fuerza considerable. Ocho por ciento de 154 millones es mucha gente organizada. Y tienen lana. Entre comités de acción política, campañas entre sus miembros y demás, las centrales sindicales y las secciones de cada uno le metieron cerca de 45 millones de dólares a la campaña 2008.

Pero la lana no era de gratis. Como todo grupo de interés, los sindicatos querían algo a cambio, y ese algo se llama “Employee Free Choice Act” (Ley de Libre Opción del Trabajador, EFCA), una propuesta de ley que han estado cabildeando desde hace años y que todavía no se les hace.

“No hay trabajadores para sindicalizar…”

La Free Employee Choice Act sería un cambio radical, en favor para los sindicatos. Obligaría a los patrones a aceptar la existencia de un sindicato si se le presentan la mitad o más de las firmas de los trabajadores de una compañía, en vez del sistema actual en que hay que esperar meses para una elección sindical que los sindicatos pierden por las presiones del patrón a los chambeadotes.

Hace un año la Casa de Representantes ya votó a favor de EFCA, pero nunca llegó hasta el senado por la presión de los patrones. Por eso los sindicatos le metieron toda su lana a las últimas elecciones, para hacerla realidad.

Pero hace unos días Obama se les echó pa’ atrás. De hecho, su Jefe de Gabinete

Rahm Emmanuel abrió las puertas a la duda en una entrevista desde diciembre al periódico Las Vegas Sun, donde explicó que EFCA no sería una prioridad para Obama, sino que la prioridad era “entenderse con el otro lado del pasillo (los Republicanos), para crear trabajos a través de un paquete de estímulo económico”

Luego vino Hilda Solís, quien luego de ser aceptada como nueva Secretaria del Trabajo, declaró al Finantial Times que “dada la actual recesión, EFCA no era una prioridad inmediata para la administración”.

Y remató Obama, en entrevista al Washington Post hace 10 días. “Quiero levantar el peso (que puso la administración de Bush sobre los sindicatos). Hay pasos que podemos tomar en vez de la EFCA que van a hacer una diferencia”, dijo. “Estoy de acuerdo con los principios generales de EFCA, pero voy a escuchar a todas las partes, sindicatos y patrones, que consideran EFCA una creación diabólica… para ver si hay forma de unirlos y restaurar el balance”.

Y siguió: “…si los patrones argumentan que EFCA es que va a facilitar que los trabajadores se sindicalicen, no van a ir muy lejos conmigo. (Pero) si su argumento es que `hay formas más elegantes de hacerlo’ o `aquí hay modificaciones al concepto general’, entonces queremos verlos… Esa es la forma en la que estoy interesado en tomar. Pero en términos de tiempo, si estamos perdiendo medio millón de trabajos al mes, entonces no hay trabajadores para sindicalizar”.

Más clara ni el agua embotellada. El presidente “progresista”, del “cambio”, del “si se puede” y demás, no está “de nuestro lado”. Está del lado de todos, los de izquierda, derecha, centro y demás. Está dispuesto a traicionar un fuerte aliado para aliarse con el otro lado.

Y su argumento es ridículo. Si se perdieran medio millón de trabajos al mes, para el 2012 todavía quedarían 149 millones de trabajadores, y para 2016 quedarían 143 millones que se podrían sindicalizar.

La realidad no es de números. Es de disposición a hacer las cosas y punto.

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