February 20, 2009

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

¿En Dónde Está la Raya?

Tony Platell, de 37 años, podía haberse jubilado de la Patrulla Fronteriza en una década, después de haber agarrado unos cuantos miles de inmigrantes indocumentados. Pero nomás trabajó 13 años. Le tocó agarrar “mojados” en San Diego, en Arizona y desde hace dos años, en Riverside, Califas.

Ya no trabaja en la Migra porque le entró miedo. No miedo a los inmigrantes, sino miedo a que lo demandaran. En enero agarró a seis indocumentados que, según él (y habrá que creerle porque lo que dice es típico), estaban deshidratados y necesitaban atención médica. “Si uno de ellos se moría, ¿que haría yo?”, se pregunta. “Tengo el seguro de la Patrulla Fronteriza, ¿pero qué pasa si la familia viene y me demanda? Uno es responsable de estos detenidos”.

Su miedo le costó la chamba. Lo despidieron porque sus órdenes eran de quedarse donde estaba con sus detenidos. Lo acusaron de “poner en peligro las operaciones de la Patrulla Fronteriza, y causar `escasez’ de agentes y de haber causado que no hubiera espacio para detener más inmigrantes indocumentados”. Dice que su jefa le dijo que no se podía ir porque su camioneta todavía tenía espacio para otros seis detenidos.

Platell se fue a su sindicato y demandó a la Patrulla Fronteriza. Y abrió la boca.

“En realidad interferí con la cuota y por eso me despidieron”, dijo.

“Teníamos que hacer ocho arrestos al día o nos presionaban para hacer más al otro día. El agente a cargo, Ramón Chávez, nos dijo que tenía órdenes de hacer 150 arrestos al mes en el sector, u 8 arrestos al día, incluyendo dos casos para procesarlos legalmente, y requisar 20 vehículos. Si no cumplíamos la cuota, nos cambiaba de turno. Si no encontramos inmigrantes que arrestar, nos íbamos a Home Depot o las agencias de trabajo temporal. Buscábamos a cualquiera que pareciera “mojado”. Hasta detuvimos a un viejo saliendo de una clínica médica”.

Según Platell, en algún lugar hay que pintar la raya. “Preguntamos si había alguna emergencia, y nos dijeron que no, sino que no producíamos. Pero no se pueden cumplir esas cuotas sin abrir la posibilidad de violar los derechos civiles de la gente”.

¿Cuota o Meta?

Las declaraciones de Platell desataron una tormenta.

Jeffrey Calhoon, jefe del sector El Centro de la migra dice que no sabía de las cuotas. “No podríamos tenerlas porque tenemos que lidiar con el sindicato”.

Pero el sindicato, en voz de su presidente en el área Lombardo Amaya, dice que sí hay cuotas. “Nos dijeron que si no ‘producíamos’ nos iban a quitar los fines de semana”.

Un vocero de la migra en Washington, Lloyd Easterling, de a tiro justificó las cuotas, diciendo que “si las hubiera, no impedirían cumplir con nuestro trabajo, asegurar la frontera y detectar y detener y arrestar a cualquiera que esté envuelto en una actividad ilegal.

A él le contestó el presidente nacional del sindicato de la Patrulla Fronteriza, T.J. Bonner. “Las cuotas obligan a la gente a violar las reglas. Todo agente preferiría detener a un criminal que a un jardinero, pero las cuotas impiden hacer investigaciones serias porque solamente te preocupas de un número. Y por las pláticas con nuestros miembros, parece que ése es el caso”.

Otro portavoz de la Patrulla Fronteriza, Richard Vélez, volvió a rechazar que haya cuotas. “Serían contrarias a nuestra misión. Bajarían la moral y pondrían presión indebida en nuestros agentes”, dice. Pero luego agrega que “lo que tenemos son metas, pero no cuotas numéricas”.

La última declaración del caso es, nuevamente, de Lombardo Amaya, presidente del Local 2554 del sindicato de la Patrulla Fronteriza: “Algunas veces, como en la política, esta agencia se dedica a verse bien”.

Nomás que las “cuotas” de mordelón barato o las “metas” políticas para verse bien producen malos resultados. Según Platell, “hasta ciudadanos de Estados Unidos hemos detenido e interrogado”. Lo corrobora Emilio Amaya, Director Ejecutivo del Centro de Servicios Comunitarios de San Bernardino: “Soy ciudadano pero me han detenido varias veces”.

Y ahí está la cosa. Detener “mojados” está basado en apariencias. Y la apariencia no tiene que ver con el agua en la ropa. De hecho, en la mitad de la frontera entre Estados Unidos y México ni agua hay. Está basado en apariencias, en estereotipos. Y no se puede sospechar de alguien que cruzó la frontera, porque eso no deja huellas visibles.

Está basado en la apariencia de un grupo étnico, mal identificado por cierto, porque los inmigrantes que cruzan la frontera son de todas las razas y todos los colores, y tienen la mala costumbre de heredarles los colores a sus hijos.

Está basado, ya sea para llenar “cuotas” o lograr “metas”, en agarrar a quienes no sean blancos. Eso se llama perfil racial. Y la práctica de hacerlo se llama racismo y punto.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Return to the Frontpage