February 20, 2009

Comentario:

El referéndum

Por Jose Uzal

Mientras Castro languidece en su lecho de muerte, Hugo Chávez, el presidente de Venezuela y dictador en entrenamiento, trabaja activamente para conseguir el objetivo de su mentor: destruir a Estados Unidos. El peligro más grande que presenta el hispano Chávez, es que parece ser un mequetrefe. Nada más lejos de la verdad. El incipiente dictador es un formidable adversario, con dinero, con poderosos aliados y con acceso a la economía norteamericana. Esto lo sitúa en una perfecta posición para ser una quinta columna y destruirnos desde dentro pervirtiendo nuestro sistema electoral.

El gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela, como la bautizó Chávez, es propietario de la empresa petrolera CITGO, una de la más importante de EE.UU., tiene un sistema vertical de distribución de petróleo desde la refinería hasta el consumidor, generando petrodólares para Chávez a cada paso. Venezuela nos abastece del 75% del combustible consumido en la costa este de Estados Unidos.

Lo que no es muy conocido es el hecho de que una empresa venezolana compró uno de los principales manufactureros de máquinas electrónicas táctiles de votación. Cuando la empresa inglesa De La Rue PLC, famosa por imprimir el dinero que se usa en cientos de países, decidió vender a una de sus sucursales, Sequoia Voting Systems, la compradora fue la empresa Smartmatic.

Smartmatic, con base en Boca Raton, Florida, es originalmente una empresa venezolana que subsecuentemente fue incorporada en el Estado de Florida en el año 2000. Smartmatic era una pequeña empresa en Caracas que le prestaba servicios de computación a los bancos. A pesar de no tener ninguna experiencia en sistemas de votación electrónica el Consejo Nacional Electoral de Venezuela le otorgó a la empresa un contrato de $100 millones de dólares para que reemplazara las máquinas electrónicas táctiles de votación que se usaron en el Referendo contra Chávez. El vicepresidente de la empresa es a su vez el presidente de Bizta Corp., la cual le provee a Smartmatic los programas de computación que dicha empresa usa en las máquinas electrónicas táctiles de votación El gobierno venezolano es propietario del 28% de Bizta. El vicepresidente venezolano y el embajador de esa nación en Estados Unidos están emparentados o son amigos íntimos de los gerentes de Smartmatic. Sequoia Voting Systems son los proveedores de las máquinas de votar en el Condado Palm Beach y en muchos otros condados en Florida y el resto de la nación.

Hace dos años la opinión pública americana se opuso totalmente que una empresa árabe comprara de los ingleses el derecho a operar un gran número de puertos importantes en EE.UU. Pero el hecho de que una nación, controlada por un incipiente dictador, abiertamente opuesto a nuestra sistema de vida tenga el control de las máquinas de votación electrónica ha pasado totalmente desa-percibido. Una dependencia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos, conocido por sus siglas en Ingles CFIUS, tiene a su cargo investigar si las adquisiciones por extranjeros pudieran ser un riesgo a la seguridad nacional. Ahora bien CFIUS solo investiga las transacciones cuando los involucrados en estas operaciones se someten voluntariamente a ser analizados. Smartmatic no se ofreció volun-tariamente a este escrutinio.

Quizás, el pueblo americano no piensa que los hispanos tienen la capacidad informática necesaria para programar los resultados de las elecciones, o no saben que el gobierno de Chávez está detrás de esta empresa. La realidad es que el talento informático hispano está a la par de cualquier otro grupo en el mundo y la tecnología que se usa en las máquinas de votar es tan simple como la que se utiliza para producir calculadoras electrónicas.

En la mayoría de los países europeos donde se usan máquinas de votar, los códigos de programación son públicos y pueden ser estudiados por expertos independientes que tienen el conocimiento para detectar programas que puedan alterar los resultados. La Corte Suprema dictó que en los EE.UU. los códigos de programación son propiedad privada de las empresas y por lo tanto no están sujetos a escrutinios independientes. El debate público fue sobre si las máquinas de votar deben producir un comprobante o no al votante. La realidad es que sin tener acceso al código de programación, lo que demuestre el comprobante puede ser diferente a lo que la máquina fue programada para interpretar. Los venezolanos tienen la capacidad de programar los resultados de las elecciones, sin dejar rastro alguno. El referéndum en Venezuela demostrará que Chávez es el primer déspota que obtiene el poder controlando las urnas electrónicamente

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

Letters to the Editor Return to the Frontpage