February 13, 2009

Comentario:

Dinero

Por José R Uzal

En los últimos días de su administración George Bush comenzó el proceso de nacionalizar los bancos en Estados Unidos. El Congreso, por ser la entidad que de acuerdo a la Constitución, que controla el dinero aceptó los planes presentados por el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal para salvar a los prestamistas y a los compradores internacionales de hipotecas sub-estándar.

El plan era básicamente proveer liquidez a los bancos para que estos a su vez comenzaran a prestar. El plan fue aprobado sin salvaguardas. Se le otorgó al Departamento del Tesoro el derecho de hacer con los fondos lo que creyera conveniente para salvar la economía. El plan que aprobó y defendió Bush era de 700,000 millones para comenzar. Los fondos serían emitidos en dos partes de 350,000 millones. Para financiar estas cifras astronómicas el Congreso autorizó un aumento en el monto de la deuda nacional a 1.1 trillones de dólares.

Las entidades quasi gubernamentales que controlaban el negocio hipotecario, Fannie Mae y Freddy Mac fueron nacionalizadas y ahora son propiedad del gobierno federal. El Departamento del Tesoro obligó a los bancos aceptar los fondos federales a cambio de acciones. Básicamente, los bancos y las empresas aseguradoras que recibieron dinero del Tesoro están ahora bajo control estatal. Los bancos que emitieron las hipotecas y se las vendieron a Fanny y Freddy, los inversionistas internacionales que las compraron y la compañía de seguros que aseguró las operaciones y los propietarios de las viviendas continúan esperando que el gobierno se haga cargo de todas las hipotecas toxicas.

El plan Bush no fue suficiente. Ahora la nueva administración de Estados Unidos tiene que endeudar a la nación más de lo que está para resolver el problema que crearon los que ganaron sumas fabulosas vendiendo hipotecas fraccionadas y acciones sobre ellas. Llegar al primer trillón en deudas le tomó a Estados Unidos 232 años, al segundo trillón se llegara en solo unos meses.

Es obvio que la solución a la presente crisis no era sacarles las castañas del fuego a los prestamistas. La solución hubiera sido salvar a los compradores ayudándolos para que no perdieran sus hogares, fomentando un mercado viable de bienes raíces y ayudando a preservar la plusvalía en las propiedades.

A estas alturas del juego la crisis se ha agudizado al extremo que lo más importante es la creación de empleos y la supervisión de las tarjetas de crédito. El consumismo ha recibido un golpe mortal. Ya no necesitamos tarjetas de crédito para mantener un estándar de vida mayor del que podíamos afrontar. El gobierno tiene que controlar las tasas de intereses y los recargos que imponen las empresas de credito.

También es hora de encauzar a los que abusaron del sistema y responsabilizar a todas la entidades federales que tenían a su cargo supervisar a los bancos, la bolsa de valores y el negocio hipotecario. Como siempre están culpando a las víctimas por hacer todo lo posible para tener un hogar propio y una vida mejor en lugar de responsabilizar a los criminales de ¨cuellos blancos¨.

Los hispanos, en comparación a los blancos, tienen el doble de la probabilidad de haber financiado la compra de su vivienda usando hipotecas caras y sub-éstandar. Por lo tanto un alto porcentaje de esta crisis afecta a hispanos.

El Presidente Bush estableció una meta en el 2002 de 5.5 millones de propietarios minoritarios. Si el Presidente en realidad hubiera querido llegar a su meta debió haber ordenado una moratoria en las ejecuciones hipotecarias hasta que se le hubiera encontrado una solución equitativa al problema. Desafortunadamente Bush decidió esconder el problema bajo una tonelada de deuda que tendrán que pagar nuestros nietos.

Bush pasará a la historia como el Presidente conservador que comenzó el proceso de nacionalizar los bancos y despilfarró el erario público, poniendo en peligro la posición de Estados Unidos como super potencia.

Bush terminó su mandato. Pase lo que pase, nosotros los contribuyentes vamos a terminar pagando por los platos que rompió. Por lo tanto tenemos derecho de pedirle al Congreso y a la nueva administración que la ayuda le sea dada a las víctimas y no a los victimarios.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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