February 13, 2009

Comentario:

Sólo una hipótesis

Jorge A. Bustamante Fernández

Con la salida de la senadora Hillary Rodham Clinton para convertirse en la nueva secretaria de Estado de Estados Unidos, por nombramiento del presidente Barack Obama, los trabajadores migratorios salieron perdiendo.

La semana pasada, el actual gobernador del estado de Nueva York, David A. Paterson, nombró a la congresista Kirsten E. Gillibrand como substituta de la senadora Clinton en el Senado. En Estados Unidos es una prerrogativa de los gobernadores nombrar a quien deba llenar las vacantes en el Senado dejadas por uno de los dos senadores del Estado, que hubiera recibido un nombramiento para asumir un puesto en el gabinete presidencial.

Resulta que la nueva senadora es conocida como una de las legisladoras más antiin-migrantes del Partido Demócrata. No es que la senadora Clinton se hubiera distinguido por ser amiga de los inmigrantes, pero nunca llegó a los extremos de apoyo a las propuestas más antiinmigrantes que hiciera desde la Cámara de Representantes la señora Gillibrand. Como congresista, la señora Gillibrand representaba a uno de los distritos de Nueva York, pre-dominantemente rural y más intensamente “republicano”, por lo que podía ser todo lo antiinmigrante que quisiera, apoyando la línea antiinmigrante de la plataforma del Partido Republicano que estaba en el poder. Si bien eso le provocó muchas críticas de sus colegas del Partido Demócrata, particularmente cuando votó en contra de la propuesta del anterior gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, de otorgar licencias de automovilista a inmigrantes indocumentados. La señora Gillibrand pudo defenderse de esas críticas porque no era la única antiinmigrante de su partido. El hecho de que ahora esté en un Senado dominado por el Partido Demócrata hará más difícil que mantenga sus alianzas ideológicas con el Partido Republicano en materias de inmigración, por lo que algunos esperan que “suavice” sus posiciones antiinmigrantes del pasado, pero otros opinan que no lo hará y que los proinmigrantes tendrán a una fuerte opositora en el Senado, que junto con la Cámara de Representantes decide en última instancia la política de inmigración de Estados Unidos. Con este simple dato, el gobierno de México podría presionar a la nueva senadora con oponerse a la importación a México de productos agrícolas u otros producidos en el estado de Nueva York, si ella mantiene sus posturas antiinmigrantes. Esto podría ser más efectivo que sus ofertas de apoyar al presidente Obama, cuyo papel en la decisión de la política migratoria de su país es sólo secundario.

Una reciente especulación en materia migratoria está ligada al hecho poco conocido de que una tía del presidente Obama, de nombre Zeituni Onyango -hermanastra de su difunto padre-, es una inmigrante indocumentada que vive en Cleveland. La especulación consiste en que ese hecho está ligado a una promesa reciente de la Casa Blanca (véase la nota de Ted Bridis y Eileen Sullivan de Associated Press del 26 de enero) de reconsiderar una nueva norma que requiere de la aprobación al más alto nivel, antes de que los agentes federales de inmigración puedan detener a un fugitivo, que podría ser el caso de la tía del Presidente, promesa que podría favorecer a muchos indocumentados. Esa nota aclara que no hay evidencias de que el presidente Obama o alguien de su equipo haya intervenido de manera alguna en favor de la tía.

Por ahora, el hecho más concreto que está afectando a los migrantes y a sus familias es el de la tendencia creciente de una reducción de las remesas. De acuerdo con datos del Banco de México, citados en una nota de Ernesto Sarabia publicada por este diario el 30 de enero, el envío de dinero de los mexicanos desde Estados Unidos tuvo una caída del 3.6 por ciento al pasar de 26 mil 76 millones de dólares en 2007, a 25 mil 145 millones en 2008. En esta nota se destaca que los receptores de remesas de residencia urbana, o sea los mas pobres del Distrito Federal, son los más afectados por esa tendencia a la reducción de las remesas. Si es cierto que las remesas están asociadas con la paz social en México, su disminución podría hacer probable el efecto opuesto, lo que daría pie a la hipótesis de que el aceleramiento de la tendencia a la baja de las remesas que afecta principalmente a sus receptores en el Distrito Federal podría provocar disturbios de la paz social, este año de elecciones, entre los más pobres del Distrito Federal, que es donde se ubica el voto duro del PRD. Es sólo una hipótesis.

* El autor es relator especial de la Organización de las Naciones Unidas para los derechos humanos de los migrantes e investigador distinguido de El Colegio de la Frontera Norte

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