April 3, 2009

Análisis

Colosio...

Por Dagoberto Márquez

El 23 de los corrientes se cumplieron quince años de su asesinato, de su supresión física. Sí, quince largos años de ocurrida aquella tragedia. Fue la tarde del miércoles 23 de marzo de 1994 en Tijuana, BC cuando al asistir a un mitin, en un enclave de colonias populares, fue directo a una emboscada. Fue en la colonia “Lomas Taurinas” para ser exactos. Sin que él lo supiera, el asesino y sus cómplices lo esperaban. Bastó que el nutrido mitin concluyera para que en la vorágine y tras gritos de advertencia, el dispositivo de seguridad denominado diamante al mando del militar de carrera Domiro García, no pudiera evitar que la gente con actuar extraño se acercara y lo rodeara para dar paso al golpe, el cual se llevó a cabo con una vieja Taurus calibre 38 de fabricación brasileña, asestándosele un balazo en la cabeza. La bala disparada con la pistola rozándole el cráneo le entró por la sien derecha. Luis Donaldo Colosio cayó fulminado aunque en el ínter recibió otro impacto, en la región abdominal para ser claros. La magia terrible a veces del video nos permitió ver la dantesca escena. Si usted recuerda, se tocaba música a todo volumen, música popular, música ruidosa, La Culebra para ser precisos. LDC fue declarado muerto un poco más tarde aunque la información confusa entonces hablaba de “una agresión” solamente. Fue antes de la medianoche cuando vía una transmisión apoyada por Talina Fernández, Liébano Sáenz se dirigió a los medios y a mucha gente para decir que Luis Donaldo Colosio había muerto. A partir de ese momento todo fue confusión, desolación, caos, llanto y sufrimiento.

Estimado lector, Fina lectora, estoy escribiendo de memoria, sin apoyarme en nada que no sean mis propios recuerdos, por lo menos en lo que respecta a esa fecha. Lo hago con respeto porque a pesar de que LDC no era mi candidato propiamente dicho, no tengo por qué ser ni soez, ni burdo ni mal intencionado. Luis Donaldo no fue un gran hombre probablemente pero sí uno bueno pues a pesar de que era hombre del sistema, no se le conocieron cosas por las cuales podría realmente afrentarse. Su muerte, prematura como suelen ser muchas en mucha gente, no ayudó en nada en apariencia pero aunque usted no lo crea, sí lo hizo realmente. Luis Donaldo fue sonorense, amigo cercano de algunos años de Carlos Salinas de Gortari y economista. Donaldo, como con cariño le llamaba Manuel Camacho, fue egresado del Tecnológico de Monterrey, una institución de indudable prestigio. Fue servidor público y asimismo un hombre político, hijo de don Luis Colosio Fernández, un servidor público de carrera que al igual que mucha gente, lloró mucho por la tragedia. Además de trabajar vía el círculo cercano a CSG bajo las órdenes de Camacho Solís en la SEDUE en tiempos de Miguel de la Madrid Hurtado, Colosio fue ungido presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, la otrora organización política más grande y poderosa de México. Con Luis Donaldo al frente, el PRI tuvo sus primeras y más visibles derrotas como lo fue la gubernatura de Baja California Norte donde el PAN ganó su primer contienda de tal naturaleza.

Estimado lector, Fina lectora, lo he dicho otras veces, no conviene engañarnos, no es sano practicar el engaño de no ser sólo por piedad, cuando se trata de algo mucho más que importante para uno donde pudiera estar en juego la vida misma de alguien. En este caso no conviene hacerlo porque el engaño no contribuye a nada realmente. Se dice esto porque leyendo y de alguna forma revisando notas y opiniones, uno encuentra cada postura que para qué le digo. ¿Precaución al respecto, hipocresía?. Quien sabe, lo que sí parece es más que nada un poco de ignorancia, estulticia, ganas de confundir tal vez. Digo esto porque da la apariencia de que cuando esas cosas suceden, hay más miedo por desentrañar la verdad, sea esta cual sea, que ganas por descubrir la misma tope en lo que tope. De esa forma, lejos de contribuir y revelar algo, se encubre, propiciando y abonando a la impunidad así como a la injusticia, torciéndose los caminos que de otra manera nos permitirían la satisfacción de la aplicación de la justicia como tal.

En ese sentido, mucho se especuló lo cual no contribuyó al esclarecimiento. Todo eso dejó la justicia que se exigía, al margen de la aplicación verdadera, lo cual hizo que el mal logrado candidato no tuviera lo que en teoría debería tener todo ser suprimido injusta y arteramente. En esa lógica, los analistas y bisoños tuvieron siempre en las palabras casi finales de Luis Donaldo, la teoría más asequible cuando nos decían que Colosio había marcado un deslinde en relación con Salinas, con el hombre que lo hizo candidato porque en esa época las cosas se hicieron así, nos guste o no nos guste. Luis Donaldo había dicho “Veo un México con hambre, con hambre y sed de justicia...”. Luis Donaldo estaba siendo crítico con dicho mensaje pero Luis Donaldo era parte del propio sistema, Luis Donaldo era el beneficiario mismo del sistema porque ese sistema lo había hecho candidato. Lógico, por la decisión de Salinas. Fue por eso que analistas y bisoños creyeron que Salinas había entrado en disgusto y que tal cosa lo hacía sospechoso en relación al homicidio. Estimado lector, Fina lectora, honestamente hablando ¿Cree usted que por esas expresiones pudieron haber mandado matar a Colosio?. Este opinante no tiene ninguna duda, NO. Imposible. A Luis Donaldo lo mandaron suprimir por algo más grave, por algo mucho más complejo.

La lucha por el poder tiende a ser a veces inhumana, encarnizada. Si uno revisa parte de la historia uno encuentra que en la lucha por el poder y en el accionar político las ambiciones y las pasiones se desatan. Esto es lógico porque resulta que en cargos de gobierno y en muchas actividades políticas se gana no sólo prestigio sino dinero, mucho dinero. En tal vertiente y toda vez que los Salinas le arrebataron el poder (del partido y del gobierno) a los herederos de la revolución, los herederos jamás vieron con buenos ojos a Salinas el cual sea honesto decir, es un tipo muy inteligente. Si usted recuerda (o por si no lo supo), Salinas desplazó a dos muy importantes personajes de la época, de aspiraciones que nos guste o no, eran legítimas. Se trató de Francisco Labastida y de Alfredo del Mazo, dos tipos por demás importantes que muy a su pesar tuvieron que replegarse ante la intromisión animosa y dura del propio Salinas. Todo esto desquició las cosas, haciendo que la actividad política se recrudeciera, haciéndose un esfuerzo para aparentarse hermandad, fraternidad y unidad política. En términos de la realidad las fuerzas priístas caminaban ya por senderos distintos, contrarios incluso, unos guiados por el priísmo histórico y otros de la mano del neo priísmo y de Salinas.

¿Que qué tiene que ver (todo esto) con la muerte de Luis Donaldo?. Mucho, mucho realmente porque la muerte de Colosio no se da en abstracto como muchos quieren que pensemos. Sí señor, a LDC no lo mandó asesinar Carlos Salinas. ¿Cómo iba a hacerlo si Colosio era su candidato, el hombre que podía garantizarle cierta tersura y una continuidad política para su propio proyecto?. No señor, a LDC no lo asesinó Salinas porque simple y sencillamente Luis Donaldo era, para hablar coloquialmente, su “gallo”. A Colosio lo mandó suprimir una parte de la vieja nomenclatura priísta. Lo hicieron porque de esa forma cortaban de tajo una inercia para ellos indeseable pues esa gente odiaba a Carlos Salinas y al matar a su “gallo” le infringían un mucho muy duro golpe al propio Carlos. En otras palabras, fue un error de Luis Donaldo haber luchado por esa candidatura, congraciándose por ello con el propio Salinas. De no haberlo hecho estaría vivo, sin duda. Todo lo que vino después, Zedillo, la presidencia, la huelga de hambre y el exilio del propio Salinas así como la indagatoria y la puesta en prisión del ingeniero (Raúl Salinas) es otra historia, un asunto aparte.

Pero sí, de algo y de mucho sirvió la muerte de Luis Donaldo pues con su supresión física y su propio sacrificio el PRI empezó a ser un partido democrático, uno donde las diferencias afloran y uno donde las cosas ya no se resuelven verticalmente, por lo menos, no como en los viejos tiempos. Por eso y sin desgarramiento de nada, vaya así un pequeño homenaje a la memoria de aquél hombre que, creyendo tener claro un buen propósito político, pensó equivocadamente que podía ser presidente. Para terminar hay que decir que, al margen de que en la estela de violencia propiciada por ese crimen murió más gente, y que incluso hay todavía personas por ello en la cárcel, los autores intelectuales del asesinato de Colosio están muertos. Su deceso, el de ellos, enigmático o no, fue sensible si nos atenemos a los convencionalismos y a los cánones dialécticos de la más fina hipocresía política.

En fin, descanse en paz Luis Donaldo Colosio, el hombre que con su supresión física entró por la puerta grande al terreno de la propia historia...

Es todo.

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